Ritacco: “La iglesia en Argentina y en el mundo tiene que hacer mucha mea culpa”

Ritacco: “La iglesia en Argentina y en el mundo tiene que hacer mucha mea culpa”

En una charla profunda con Resumen, el párroco de Pilar analizó la tarea de la Iglesia. Además destacó la figura de José Ramón de la Villa y pidió recuperar “la centralidad en lo religioso y la devoción por la Virgen del Pilar” durante las Patronales.

Estos son días de muchas actividades, diversas propuestas que desde el templo parroquial buscan llegar a los fieles de estos pagos para rendirle homenaje a la Santa Patrona.

Después de estar mucho tiempo con las puertas de la iglesia cerradas producto de la pandemia, de trabajar para que la palabra de Dios llegara a los hogares a través de distintos canales, de acercar la imagen de la virgen del Pilar al atrio para que cuidara y acompañara a las pocas personas que por allí pasaban, de haber peregrinado por las calles de Pilar llevando al santísimo durante los días de encierro por el Covid; el Padre Jorge Ritacco, junto toda la comunidad, está viviendo una nueva festividad en honor a Nuestra Señora del Pilar.

En medio de este trajín, y con una fotografía junto al Papa Francisco de fondo, Jorge Ritacco nos recibe para conversar en su oficina, espacio ubicado en el frente de la parroquia y cuyas puertas abiertas invitan a pasar.

¿Cómo se vive hoy el 12 de octubre?

Es una fiesta popular que no debemos perder, poniendo la centralidad en lo religioso y la devoción por la Virgen del Pilar. Nosotros le pusimos un condimento especial, y como dicen los entrenadores que el equipo que gana no se cambia, acá tenemos el carrito con la Virgen y la visita a las comunidades. Y eso es un acontecimiento porque si bien es toda la parroquia, cada lugar tiene su propia devoción. Es maravilloso ver cómo reciben a la virgen. De hecho tuvimos que pedir una réplica lo mejor realizada posible para que sea la virgen misionera, porque a la imagen histórica no la podemos seguir bajando. Es conmovedor ver a la gente acompañando a la virgen, tocando la bocina o cuando pasas por una parada de colectivos y la gente se persigna.

Después de la cuarentena, ¿se está volviendo a la normalidad en la iglesia?

Es una fiesta popular que no debemos perder, poniendo la centralidad en lo religioso y la devoción por la Virgen del Pilar”

Durante la cuarentena sacamos la imagen de la virgen peregrina al atrio y celebramos las misas constantemente que se compartían por las redes. Hay muchos curas que tienen miedo y dicen que la gente se acostumbró, yo no lo comparto. Hay una vuelta a las parroquias, y eso se ve.

Para mí fue muy emocionante en la pandemia, cuando estaba todo cerrado, y salíamos a las calles con el santísimo (era sólo lo que teníamos permitido) y en las casas la gente salía a la puerta y nos esperaba, o se persignaba detrás de las ventanas. Fue muy emocionante ese encuentro con los feligreses.

¿Cuesta llegar a las personas?

Ese es el gran desafío. El papa Pablo VI escribió la encíclica Evangelii Nuntiandi, que es muy querida por el papa Francisco, habla sobre la evangelización en el mundo contemporáneo. Y sobre la alegría de evangelizar escribe el papa Francisco en Evangelii Gaudium. Y en una entrevista le preguntaron: ¿y usted cómo hizo evangelii gaudium? y él respondió: yo agarré evangelii nuntiandi y el Concilio Vaticano y lo amasé un poco, y eso es lo que salió. Y Pablo VI dice que toda evangelización se define en un cara a cara. Y es verdad.

¿Qué aleja a los feligreses de la iglesia?

Santo que guía tu caminar: el cura Brochero
En 1914, el día 26 de enero, falleció el Cura Brochero. El sacerdote católico San José Gabriel del Rosario Brochero, conocido como “El cura gaucho” por su trabajo con los más necesitados y que se convirtió en un “salvador” para muchos creyentes, había nacido el 16 de marzo de 1840 en Córdoba (lugar de donde eran los abuelos del Padre Jorge). Brochero fue declarado venerable por el papa Juan Pablo II en 2004 y canonizado el 16 de octubre de 2016, en una celebración presidida por el propio Francisco.

La iglesia en Argentina y en el mundo tiene que hacer mucha mea culpa. Sin irnos muy lejos podemos recordar que durante la dictadura algunos se pasaron y estuvieron del otro bando,  los casos de pedofilia (en estos días el dolor por lo de Francia, pero antes fue Estados Unidos, y Argentina, nuestra diócesis, Pilar mismo tuvo sus defectos), la incomprensión. El desafío es la conversión de nosotros, la falta de credibilidad que generamos muchas veces los sacerdotes, los religiosos y la vida consagrada, todo esto por un lado; y por el otro se observa una fe muy popular y muy comprometida.

También es cierto que en algunos medios, o ciertos comunicadores, se cansan de hablar de algunos curas. Existe una súper exageración y un desprestigio sobre los temas que se comunican, porque viven diciendo que algunos curas hacen mal las cosas, pero para con los que hacen bien las cosas no se da el mismo trato. Esto también aleja.

Y lo cierto es que, muchas veces, nos sentimos desbordados ante tanta exigencia, aunque tenemos nuestros espacios de reflexión y de encuentro con Dios, pero a veces es tanta la demanda que cuesta encontrar ese momento.

¿Cómo desafía a la iglesia tener un Papa como Francisco?

El Papa Juan Pablo II trabajó mucho en la iglesia ad extra, es decir hacia afuera, hacia el mundo, y hoy no se concibe una figura de un papa que no salga al mundo. Juan Pablo II era fantástico en eso.

Yo creo que el Papa Francisco tiene el desafío de  mirar la iglesia ad intra, hacia dentro. Y lo está haciendo.

Esta es la segunda vez que estás en Pilar, ¿con qué retos o desafíos te encontraste en esta nueva etapa?

Es muy difícil ser el cura al que le toca seguir o continuar la tarea de un grande, y José Ramón (De la Villa) era un grande en la pastoral. Además era un gran estratega, un estadista. Yo me ordené el 27 de diciembre del año 86 y exactamente a los dos años me vine a Pilar y estuve hasta el 92. Y el desafío fue y es seguir a José Ramón.

José Ramón era un adelantado, tenía una visión estratégica y muy clara”

¿Cómo fue trabajar junto a él?

José Ramón me enseñó muchísimo y también me dio mucha libertad para trabajar. Un día me dijo que iba a ir a la capilla de Villa Rosa y que él quería que fuera parroquia. Le respondí que inmediatamente me ponía a trabajar en eso y así fue. Llegué a Villa Rosa y comenzamos a trabajar con el colegio que estaba medio fundido (y Monseñor Espósito nos había comentado la posibilidad de cierre) y lo logramos sacar adelante. En la actualidad, más allá de todo, sigue funcionando. Después soñamos jornada completa, y nos donaron un lote muy grande, y era un campo de deportes que hasta tenía una pileta semi olímpica, cancha de fútbol, sum. Al sacerdote que me continuó no le interesaba el deporte, y como demandaba un gasto de mantenimiento, se robaron las cosas y después de un incidente, entonces entró en desuso y perdieron la donación.

¿En ese momento se realizó la ampliación de Villa Rosa?

Se compraron unos terrenos en el fondo de la parroquia, en eso nos ayudó mucho (Coti) Nosiglia, y empezamos a trabajar mucho con los barrios Luchetti, 9 de julio, los paraguayos. Y también observamos que mucha gente trabajaba los sábados y domingos; entonces empezamos a armar una guardería a media cuadra de la estación de trenes. Y eso fue maravilloso porque les permitía a las mamás trabajar los fines de semana, muchas de ellas en casas de familia en los countries, y a los papás de caddies en el golf. Después la trasladamos a Luchetti y después cuando me fui compraron los terrenos y se hizo el jardín.

Volviendo a la pregunta inicial, el desafío era seguir a José Ramón, sostener lo que él sostuvo y si se observa la estructura – y considerando que las capillas están más independientes y que a futuro habría que crear nuevas parroquias – yo no he modificado nada. Ordené un poco lo que estaba y seguimos para adelante.

Nombraste mucho a José Ramón, si tuvieras que definirlo como líder de la iglesia durante tantos años ¿qué dirías?

Él era… (su voz se corta y sus ojos se colman de lágrimas), él era un león rugiente muy tierno. Era muy osco, fumaba, se metía para adentro, ahora cuando vos lograbas entrar en el ámbito de su confianza aprendías constantemente. Aprendías, una de las cosas más importantes, a sentir con la iglesia. José Ramón era un adelantado, tenía una visión estratégica y muy clara.

¿Cómo y cuándo decidiste ser sacerdote?
“Yo tenía una adolescencia bastante normal. Cuando estudiaba en la secundaria quería ser militar y estaba muy vinculado a los bomberos de Escobar -fui cuatelero y encargado de cuartel- y además iba bastante a la parroquia porque formaba parte de la Acción Católica. En tercer año del colegio tenía la posibilidad de ingresar al Colegio Sargento Cabral de Campo de Mayo, y como el jefe de bomberos -que era una persona encantadora- había sido militar, me dijo que terminara la secundaria y después me presentaba en la escuela militar de la Nación. Y durante todo ese tiempo hice varios retiros con los padres vicentinos hasta que un día descubrí mi vocación.
¿Comenzaste el seminario cuando terminaste el colegio?
No. Yo estaba en cuarto año de la secundaria, fue en el año 78 (lo recuerdo por el Mundial) y comencé todo este camino de discernimiento, lo hablé inclusive con Monseñor Espósito, y descubrí no sólo mi vocación sino mi pasión por la parroquia porque los padres vicentinos se dedicaba más a la misión. Y mientras lo iba pensando, un día realicé ya un retiro más vocacional y cuando lo finalicé dije que iba a entrar, pero no con los vicentinos sino con el clero. Y Monseñor Espósito me dio la posibilidad de entrar en quinto año en la Escuela Normal Eduardo Costa de Campana, que quedaba cerca del seminario donde yo vivía, y hacía las materias de introducción de lo que se llama año propedéutico, y cuando terminé la secundaria ya estaba en el secundario y después comencé con Teología en la Uca. En esa época había al frente del seminario una persona extraordinaria que era Monseñor Espósito, que era Obispo, era padre, era director del seminario.

Mientras estuvo José Ramón el colegio Parroquial y el San José dependían de la Iglesia, ¿cuál es la situación actual?

La realidad es que ninguno de los dos depende directamente de la Parroquia, no hay más colegios parroquiales. Creo que fue una mala decisión de los obispos, pero yo no puedo meterme en eso.

Cuando volví a Pilar siempre pensé que el cura que estuviera conmigo se iba a encargar de los jóvenes, y en parte es así porque el Padre Elías está a cargo de los jóvenes y es el capellán del Parroquial. Todos los colegios son diocesanos. Hay un equipo de personas designadas por el antiguo obispo Monseñor Sarlinga que manejan los colegios junto con los representantes y equipos directivos. Yo creo que lo que se perdió es el contacto más directo con las personas porque hoy en día las cuotas son muy altas y la gente de los barrios no puede responder a eso.

José Ramón tenía muy en claro el valor de la pastoral en la educación, que creo que es la que nos salva. En la actualidad tenemos tres colegios parroquiales o diocesanos, y eso se lo debemos a dos, tres, grandes: José Ramón, la Madre Josefa y Marta Aón.

Para finalizar te llevo a una situación hipotética: si tuvieras la posibilidad de tomar unos mates con el Santo Padre y pudieses plantear tres temas para el encuentro ¿cuáles serían?

Yo fui muy afortunado porque pude charlar con él dos minutos en la Plaza San Pedro sobre algunas cosas muy ocurrentes que nos pasó. Yo conocí al Papa y él me presentó a mí un rabino.

Y recuerda: un día volvía de una convivencia con los jóvenes en Baradero y como a eso de las 3 o 4 de la tarde suena el teléfono. Atiendo y me habla y dice: Hola padre, buenas tardes. Le habla el Cardenal Bergoglio. Y yo le digo: claroooo, y yo tengo una hermana que junta peras en Tingotui, pensando que me estaban cargando los chicos.  Yo no sabía dónde meterme.  A los 15 días voy a dar una charla en un encuentro interreligioso y cuando estaba con el Rabino Bergman llegó Bergoglio y le contó lo vivido unos días atrás. Yo conocí al Papa y él me presentó a mí un Rabino.

Por un instante pensé en recordarle la pregunta que le había formulado, pero la anécdota del Padre Jorge y el Papa Francisco ameritaba ser disfrutada nuevamente.

Clarisa Bartolacci

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