Sábado 04 de Febrero de 2023
Entrevista

Anabel Aiello y un accidente que hizo que volviera a empezar

La reconocida bailarina y profesora de danzas está cumpliendo 20 años de profesión. Tras un cruento accidente vial que le dejó secuelas de las que aún se está tratando, se recibió de profesora de gimnasia integral y nutrición.


  • Domingo 25 de Diciembre de 2022
Anabel Aiello

Gisela Anabel Aiello (35) nació en Pilar el 26 de mayo de 1987. Desde pequeña tuvo especial inclinación por el baile. “Desde jardín de infantes siempre me gustó participar en cuadros musicales en los actos escolares -recordó a Resumen Anabel-, en mi familia hubo solo dos antecedentes de personas relacionadas con la música: mi abuelo materno Onofre Cardozo que era bailarín de tango y practicaba con mi mamá, y mi abuelo paterno, Domingo Aiello que fue un muy buen acordeonista. Ninguno de los dos, sin embargo, trascendió más allá de fiestas familiares”.

“Sin embargo, hay una prima en la familia, Chantal Aiello, que tiene su escuela de danzas en Luján, ciudad donde nació y se crió mi papá Ernesto. Con Chantal bailamos en el acto “Piropos a la Virgen” en la Basílica de Luján en 2016 y 2018, como agradecimiento a mi pronta y buena recuperación”, contó.

“Cuando tenía 8 años, mi médica pediatra, la doctora Pulvirenti, le aconsejó a mi mamá que me llevara a hacer alguna actividad extra a la escolar, así que sabiendo que me gustaba bailar me inscribió en el gimnasio de Mónica Leiva, donde aprendí varias coreografías infantiles. A los 13 años me entusiasmé con el baile árabe, viendo el video de Shakira del tema “Ojos Así” y quedé fascinada. Le dije a mi mamá Mirta que averiguara donde daban clases en Pilar. Corría el año 1998 y muy a mi pesar no había ningún lugar donde hacerlo. Recién en 2000 me enteré que una profesora: Roxana Firpo, daba una clase abierta en el Teatro Municipal y no dudé en concurrir”, rememoró.

“Roxana después pasó a dar clases en “La Palmera” dentro de la Ciudad Deportiva y me anoté. Estuve con ella un año y medio y al poco tiempo fui su asistente con los principiantes, con apenas 15 años recién cumplidos. Cuando la profesora dejó de dar clases en Pilar, me anoté en una academia del barrio de Floresta en Capital Federal, tomando clases particulares. Acompañada por mí mamá, que siempre apoyó mi carrera, tomábamos un colectivo de Pilar a Rodríguez y de allí el tren a Capital. Simultáneamente, seguía mis estudios secundarios en el Tratado del Pilar”, añadió.

“Para pagar mis clases me decido a dar mis primeras clases de baile árabe en el gimnasio que tenía en su casa Laura Bolzan en Escobar los sábados y en el Gimnasio Chechi en Pilar, dos días en la semana. Terminaba a la tarde en el colegio y con la indumentaria de baile en un bolso me iba a dar clases al gimnasio. Llegué a tener unos 40 alumnos ahí. Había nacido lo que me había propuesto como meta: crear una escuela de danzas árabes con mi nombre”, resaltó.

“Más tarde, se incorporó al staff del gimnasio un profesor de aeróbica, Gastón Gómez de Olivera y comienzo a perfeccionarme con él. Otro integrante del plantel fue Juan José, profesor de distintos ritmos musicales, que me contrató para integrar un grupo danzas árabes y comparsa que dirigía, realizando presentaciones en distintos eventos en zona norte, participación que disfruté mucho pero que tuve que dejar porque los shows terminaban muy tarde y mis padres consideraron que era muy chica para viajar sola en horas de la madrugada para volver a Pilar”, aseguró.

“Después me integré a la Escuela Arabian Dance School de Amir Thaleb en el barrio de Balvanera, donde me recibí en 2008, a los 21 años, de profesora de danzas árabes y ritmos latinos. Mientras tanto, seguía dando clases en distintos lugares de Pilar. En 2009, también en el IPEF, me recibí de profesora de Stretching”, continuó. 

Un accidente que le cambió la vida

La vida le sonreía a Anabel, a sus clases de baile para todos los niveles, había incorporado su participación en shows individuales y en grupo, para los que era contratada como bailarina árabe para diversos acontecimientos sociales y empresariales. Hasta que llegó el fatídico mediodía del 30 de marzo de 2015, cuando llegando a su casa, a la altura de El Panchito en Panamericana, su auto –un Ford Fiesta ´99- fue colisionado en la colectora por un camión que la embistió de atrás y a su vez la hizo meterse debajo de otro camión mal estacionado en la misma banquina.

Anabel salió muy mal herida del accidente con múltiples cortes, escoriaciones y fracturas, entre ellas un traumatismo craneoencefálico grave (TEC) que le provocó una hemiparesia, grave lesión que derivó en una parálisis parcial en el lado derecho del cuerpo, afectándole el brazo, la pierna y los músculos faciales.

“Estuve un mes en coma y tres meses internada –relató a Resumen Anabel-. Cuando recuperé la conciencia comprobé con angustia que tenía problemas para expresarme, escribir (la bailarina es zurda) y mover con soltura brazos y piernas. Comencé la lenta recuperación en una clínica de rehabilitación neurológica y con terapistas particulares, además de empezar a concurrir en forma ambulatoria a una clínica especializada de Pilar. Creí que iba a tardar mucho en volver a la actividad, pero para mi sorpresa, en plena recuperación, varias alumnas llegaron a mi casa acompañadas por sus padres para que les diera clases acá. Así que como pude, improvisé el estudio en un espacio donde puse espejos y así arranqué de nuevo con las clases de danzas árabes, sin habérmelo propuesto”.

“Paralelamente empecé a hacer kinesiología neuronal con una de las pocas especialistas en la materia que hay en Pilar: la licenciada Rosario Vacaflor. Todos los profesionales que me atendieron y me siguen ayudando a mi recuperación, se asombran de lo que he avanzado en todos estos años. De hecho en 2017 me recibí en el IPEF de profesora de Gimnasia Integral y Nutrición. También me dedico a realizar entrenamiento modelador y correctivo y soy acompañante de rehabilitación en kinesiología para el tratamiento de lesiones leves musculares, óseas y neuronales, con el complemento de clases de meditación para las personas que los necesiten”, señaló.

“En cuanto a mi salud, continuo con rehabilitación, haciendo natación y fisiatría, en este caso con un especialista que utiliza una terapia curativa china”, añadió.

Tras la obligada pausa impuesta por la Pandemia, Anabel Aiello ha vuelto desde el año pasado a dar clases grupales en los gimnasios de Fernanda Oyhanart, Paris y actualmente en FEIP Fitness, en Villa Morra de Patricia Jarkoswky, donde es profesora y encargada del lugar Noelia Ibarra.

“A Noelia la conocí cuando empecé a organizar eventos de salsa y bachata y la convoqué para que diera clases en mi escuela de danzas en 2011. Después de años nos reencontramos para trabajar nuevamente juntas; tenemos una amistad muy linda y nos respetamos mutuamente”, acotó la bailarina, que además de continuar con sus clases particulares y a domicilio, con su grupo de alumnas de la escuela participará en dos cierres anuales de academias de danzas árabes de colegas: el 8 de diciembre en el Teatro Niní Marshall de Tigre, para el Instituto Loreley de Del Viso de Lorena Zigalini y el 17 del mismo mes en el teatro Mehler de Don Torcuato, colaborando con la profesora Aisha de José C. Paz.

Además, Anabel sigue ofreciendo sus shows individuales y grupales de danzas árabes para todo tipo de acontecimientos y eventos. Por otra parte, la inquieta bailarina, sigue perfeccionándose en su actividad profesional.

“En diciembre termino un perfeccionamiento de historia del Bellydance que estoy haciendo on line en la escuela Sahar, de Marina Barrionuevo de Capital, la escuela más destacada de Argentina, por su formación académica”, acotó.

Anabel antes de finalizar la entrevista quiso dejar un mensaje aleccionador, teniendo en cuenta su trágica experiencia de la que se recuperó casi milagrosamente, dedicando además toda su atención a seguir los tratamientos indicados por los especialistas que la atienden.

“Me encantaría que todo el que lea esta nota sepa desde mi terrible experiencia personal, que el Arte, sana… Me lastimé el cerebro y gracias a Dios no perdí la conciencia, porque pude haber quedado en estado vegetativo. Sin embargo salí adelante y me recuperé casi totalmente. Hice un curso de habilidades que trata del cuidado mental. Conocer nuestras habilidades en los momentos difíciles a los cuales la vida nos enfrenta, puede salvarnos la vida, es algo que vengo haciendo desde hace ocho años con rehabilitación física, pero también trabajando mi salud mental. Después de tanto sufrimiento, de impotencia por no poder moverme, pero sin perder la conciencia, empecé a ver la vida de otra manera, valorando las pequeñas grandes cosas de todos los días, como poder hablar, caminar, comer”, apuntó.

“Por supuesto que tuve mis bajones, debido a no poder entender por qué semejante cambio en mi vida y muchas veces me resistí a aceptar mi situación; hasta que aprendí a aceptarlo y le ‘busqué la vuelta’ para poder hacer lo que más amo: dar clases y danzar la vida. Mi misión es poder trasmitir mi largo pero efectivo camino de rehabilitación y ayudar a cualquier persona que lo necesite, tenga una dificultad motora o no. La salud mental es algo fundamental que debe tener en cuenta todo ser humano y debemos cuidarla, como debemos cuidar también nuestra salud física y espiritual”.

 Oscar Mascareño

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