EDUCACIÓN: Las industrias de la vida

EDUCACIÓN: Las industrias de la vida

Por Máximo PazDecano Ciencias de la Educación y Comunicación SocialUniversidad del Salvador

Casi siempre, el arte se anticipa a los hechos cotidianos. El gran Leonardo (Da Vinci), dibujaba artefactos que volaban, mucho antes que los hermanos Wright alcanzaran la hazaña de imitar a los pájaros. Julio Verne soñaba con viajes a la Luna y exploraciones submarinas; y más tarde Salvador Dalí imaginaba relojes que se derretían.

Por eso muchos años atrás, un profesor sabio nos decía en las aulas de la facultad: cuando les cueste descifrar lo que deben hacer, presten atención a las metáforas de la música o la pintura porque siempre están un paso adelante.  Estas palabras vuelven con fuerza en nuestro mundo pandémico: necesitamos figuras, esquemas que nos ayuden a entender lo que pasó y por supuesto, lo que se asoma en el horizonte.

Así, tal vez la mejor figura que hoy nos retrate es la del laberinto. Porque en el enredo de sus pasillos, a veces podemos ver muy de cerca la salida pero estar muy lejos aún de ella. Y perderse es la única forma de aprender: sólo los que tienen memoria y desafían sus paradigmas son los que podrán alcanzar el objetivo y salir del embrollo de muros.

Repensar(se)

Personas, empresas y organizaciones se debaten en cuarentena, intentando comprender como transitar este tramo de la nueva era. Íntimamente, todos sospechan lo mismo: las viejas recetas ya no van a funcionar. El pensador y economista Jacques Attali hoy nos habla de las “empresas zombis”. Son las resistentes al cambio, las que ya caminan muertas con la falsa expectativa de que están superando la crisis. Para ellas, Attali augura una caída, una meseta y luego una caída mucho mas profunda y tal vez su desaparición.

Pero en los pasillos del laberinto, hay huellas auspiciosas. Porque existen sectores de la economía mundial que tienen un porvenir más luminoso. Son las que Attalí llama “industrias de la vida”: la salud, el mundo digital, los alimentos, la vivienda, la energía, la información, la seguridad. Y la educación. Según el pensador francés, estos mercados gozarán de un crecimiento sostenido en el futuro próximo.

Resulta optimista y esperanzador que la educación esté en el grupo de la vida. Para las sociedades en desarrollo, y también para las que han gozado de buenas democracias capitalistas, parece coherente entender que una sociedad más justa y equilibrada, se sustente en personas con mayor educación.

Pero para los educadores, el camino tampoco es lineal: hay que repensar la forma de enseñar y aprender. Algunos países nórdicos como Finlandia, ya hace años que nos están dando la pauta para implementar modelos más disruptivos. Y la pandemia es la oportunidad ideal: desde el estado y sus políticas públicas, las instituciones educativas, sus directivos y por supuesto los docentes que dan clases en cada aula podemos identificar nuevas fronteras para el ejercicio de la docencia. Y de fondo, como un murmullo sutil, resuenan las palabras del filósofo español Antonio Escohotado: “un país es rico porque tiene educación. Educación es que, aunque puedas robar, no robas. Educación significa que tú vas pasando por la calle, la acera es estrecha y tú te bajas y dices “disculpe”. Cuando un pueblo tiene eso, cuando un pueblo tiene educación, un pueblo es rico. En definitiva, la riqueza es conocimiento”. En síntesis: ¡Viva la vida! ¡Viva la Educación!

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