Pabla Villalba: “Soy una agradecida de la vida”

Pabla Villalba: “Soy una agradecida de la vida”

Es vecina de Del Viso y forma parte de la Red de Costureras Solidarias, creada en marzo ante la necesidad de dotar de tapabocas a las entidades y personas que lo requieren. Reconocimiento nacional por su trabajo solidario.

Pabla Marcelina Villalba es de esas personas que transmiten algo especial en sus palabras. Solo nos bastó minutos para saber que nos habíamos encontrado con una mujer con un corazón más grande que el taller en el cual confecciona barbijos para donar a quienes más lo necesiten.

Su marido desde hace casi 40 años, sus ocho hijos y el fruto de 11 nietos, es contar solo una parte de su familia. Pabla es la mamá de todos. La abuela que se ocupa de que en invierno estés abrigado y la que trabaja día y noche para que más de 100 chicos de un merendero de Del Viso, puedan tener su merienda cada semana.

Es integrante de la Red de Costureras Solidarias, un grupo de instituciones pilarenses, coordinado por Pilar Emprende y Comprometidas Asociación Civil, que se creó en el mes de marzo ante la necesidad de dotar de tapabocas a las entidades y personas que lo requieren.

Desde el anonimato, el trabajo solidario de Pabla llegó hasta el Premio Abanderados, reconocimiento que se entrega cada año a argentinos, líderes comunitarios, que se destacan por su dedicación a los demás, y difunde sus vidas para que su ejemplo inspire al resto de la sociedad.

Siendo una de las cinco finalistas entre miles de postulantes, charlamos con Pabla para que nos cuente cómo se fue involucrando en sus proyectos solidarios, qué la llevó a hacerlo y qué le depara a una de las personas más queridas de Del Viso.

¿Cómo se creó la red de costureras?

Fue el 26 de marzo, cuando a raíz de lo que todos ya sabemos, se inició la pandemia. Sentíamos que debíamos cubrir las necesidades por las que pasaban los médicos y las personas en general. No había insumos, ni dónde comprar o hacer.

Con lo que había, fuimos fabricando barbijos, pensando que iba a ser cuestión de solo un mes. Pero de un mes pasó a seis, y de un proyecto que nos parecía un poco loco, pasamos de 6 mil barbijos a casi 60 mil.

Barbijos de los cuales, en su mayoría, fueron repartidos en diferentes puntos del país.

Exactamente. Santiago del Estero, Salta, Villa 31. Donde nos enterábamos que les faltaba, armábamos los paquetes y entregábamos. A su vez, dentro de la red se armó un market solidario, donde preparaban las máscaras de plástico para poder donar.

Sumado a eso, hacía camisolines, barbijos y botas para los médicos, que fuimos repartiendo en Pilar y en varios lugares más.

¿Cuál fue la respuesta de la gente al ver lo que les entregaban?

Los barbijos, sin importar donde los repartiéramos, eran siempre muy bienvenidos. La mayor cantidad fue a merenderos y centros de salud, lugares donde la gente concurría más masivamente.

También repartimos entre jubilados, al Hospital Solidario del Austral, en Del Viso y muchos otros lugares. Por suerte, en todos lados, fueron muy bien recibidos.

El nacimiento de la red se dio entre emprendedores locales. Pero, ¿cómo se pusieron de acuerdo para arrancar?

Pilar Emprende y Comprometidas, que es la Asociación Civil que apoyó con el Premio Abanderados, organizaron todo por WhatsApp. A través de ahí nos enteramos que estaban armando una red para poder hacer barbijos. Entonces, quien tuviese una máquina o supiese hacerlos, entraba. 

Al principio de la cuarentena, por sus trabajos, había cinco personas que estaban habilitadas a circular. De esta manera, ellos iban a buscar los materiales o se encargaban de la distribución de los barbijos. Una vez que se realizaba eso, volvíamos a comprar y realizábamos un conteo e informes para ver con cuantos contábamos y cuantos debíamos hacer.

Afortunadamente, muchas entidades de Pilar se fueron acercando para ayudarnos con los repartos y colaborar con insumos. Siempre fue fundamental, ya que en un principio, pocos locales estaban abiertos, y como todos saben, era muy difícil circular por las calles para conseguir lo que uno necesitaba.

¿Cuantos eran al comienzo?

Nos anotamos 120 personas en tres días para comenzar a coser. El proceso fue muy automático. Fluyó todo de una forma muy rápida. En ese sentido, las cosas se empezaron a hacer desde el día uno.

Con el correr del tiempo, alguno que otro se fue cayendo del proyecto. En un principio se había acercado mucha gente, que por razones de la pandemia había dejado de trabajar. Pero con el fin de la cuarentena, volvieron a sus rutinas y ya no tenían tanto tiempo para dedicarle a la confección.

Quedamos un grupo reducido de trabajo, pero muy atentos para ver qué sucede con todo lo que está ocurriendo, porque no sabemos si en un momento de rebrote, hará falta hacer nuevamente barbijos en la cantidad que se hicieron.  

Sos emprendedora ¿Cuál era tu negocio antes de que comenzara la cuarentena?

Hace 20 años que trabajo y doy clases en Del Viso de confección, telar, bordado y croché. Desde que arranqué, confecciono y vendo mis productos. Antes debía salir a hacerlo, y ahora tengo mi propio taller en casa. Con todo esto, quedamos un poco frenados, pero de a poco vamos retomando a la normalidad.

¿Qué te dijo tu familia cuando les contaste que te involucraras en este proyecto para ayudar a quienes más lo necesitaban?    

Unos días antes de que se arme la red, yo ya estaba haciendo algunos llamados para ver qué podía hacer, dónde podía ayudar. Uno es muy consiente, por diferentes circunstancias que vivió, lo que es el sistema médico. Y los médicos, eran los que más iban a estar expuestos.

El 24 de marzo comencé a coser los camisolines de plástico, y algunas botas para el hospital materno de acá de Pilar, para el hospital de niños de San justo, para Tigre y muchos más. Por lo menos en mi casa, ya estaba encaminado desde hace tiempo. Eso mi familia lo sabía porque lo vio.

También hubo un grupo de local que se puso a fabricar barbijos en Bariloche, pero que no tenían mucha idea de cómo usar la máquina.

¿Imaginaron que este movimiento iba a crecer tanto?

Sin dudas no. Con el correr del tiempo, nos fuimos dando cuenta. Mi familia se asomaba apenas a decirme que estaba la comida (risas). Al principio era para preguntarme qué íbamos a cenar, pero después empezaron a funcionar ellos como soporte en la casa, mientas yo pasaba los días cosiendo. Por suerte, siempre estuvo el apoyo de la familia.

Fuiste una de las nominadas para los premios Abanderados…  

La convocatoria se hizo en agosto, donde había que escribir historias y enviárselo para que lo vayan chequeando. Alguien escribió mi historia, detallando todo lo que había hecho en la pandemia. En principio estaba postulada entre más de mil personas y en septiembre, me comunicaron que había quedado entre los mejores cinco. Era algo increíble.

De los cinco abanderados que quedamos seleccionados, recibimos la suma de 100 mil pesos. Cada centavo de ese premio, es íntegramente destinado a una asociación civil que uno elige. Para mí, Comprometidas es la asociación que más trabajó durante la pandemia, aunque ya venían aportando desde hace mucho tiempo con el Hospital Materno Infantil.

Hubo una votación de dos semanas, donde se elige al abanderado del año, el cual ganará 400 mil pesos. Estuvo muy movida la votación y el apoyo. He recibido mensajes de profesionales muy reconocidos, y eso para mí es una satisfacción muy grande. Tengo que agradecer porque recibimos mucho apoyo.

¿Imaginaron que la red iba a tener tanto reconocimiento?

Me parece que todo el reconocimiento que se les estuvo dando estos meses a la red es un montón. Para nosotros es un premio. A veces sucede que estos hechos solidarios se pasan de largo. Mucha gente trabajó muchísimo y a través de este premio, es una forma original de reconocerlos y que no sean invisibles para los demás.

¿Te gustaría conocer a quien te inscribió?

La verdad que sí, estaría bueno. Realmente le agradezco mucho. Pero también pienso, que si lo hizo de esta manera es por algo. Desde el anonimato. Tengo entendido que no es de Pilar quien lo hizo.

¿Tenes algo más en mente?

En lo personal, sigo cosiendo camisolines a través de mi emprendimiento. Hago almohadones, delantales, bordados de remeras y muchas cosas más. Pero siempre, confeccionando barbijos. Por cada barbijo que me compran, puedo hacer tres para donar.

También estoy colaborando con un merendero que está en Del Viso, “Corazones calentitos”. Están pasando un momento muy difícil, como mucha gente, para conseguir insumos. Trabajamos para que los chicos puedan, al menos tres veces por semana, ir a tomar la leche. Gracias a Dios tengo muchos proyectos por hacer.

Además, con una de las mamás de la red que también colabora con otro merendero, estamos confeccionando los regalos de Navidad, con todo lo que nos donan. Retazos de tela e incluso cintas. La idea es llegar a 200 almohadones, que son la cantidad de chicos entre los dos merenderos.

¿Qué sentís cuando te reconocen todo lo que haces por los demás?

Soy una agradecida de la vida. Hace 26 años que vivimos acá. A los seis años de mudarnos, mi hijo tuvo un accidente muy grande y siempre lo repito: Del Viso nos abrazó y nos contuvo cuando lo necesitábamos. Nos abrazó como si fuésemos hijos de acá. Para mí, todo lo que pueda hacer por este lugar, es poco.

La gente está convencida que tiene que hacer un montón para ayudar. Pero todo lo que puedan donar sirve. Lo que para uno es poquito, para quienes no tienen nada, es un montón.

A quienes puedan colaborar

Quienes puedan colaborar con telas, retazos o cualquier material que posibilite la producción de barbijos y elementos sanitarios para donar, pueden dirigirse a las redes sociales de Pilar Emprende. “Todo lo que nos puedan donar, será muy bien recibido”, cerró Pabla.

Belén Gómez

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