La Sociedad de Fomento Monterrey Sur cumplió 60 años

La Sociedad de Fomento Monterrey Sur cumplió 60 años

La entidad fue la principal impulsora del progreso del populoso barrio derquino. Un incendio destruyó sus instalaciones el pasado 6 de agosto. Según estimaciones reconstruirlo necesitaría no menos de 2 millones de pesos, paradójicamente la misma suma que recibió la institución para edificarla a principios de los ’80, pero entonces en australes.

El pasado 12 de octubre, la Sociedad de Fomento Monterrey Sur de Presidente Derqui cumplió 60 años desde el momento en que un grupo de vecinos decidió conformar una entidad para lograr mejoras entonces imprescindibles para la incipiente barriada: conseguir la energía eléctrica para las viviendas y las veredas que comunicaran con la estación de trenes del Ferrocarril General San Martín, entre otras prioridades.

En esos albores de los ’60, Presidente Derqui concentraba su población en tres sectores delimitados por las vías del mencionado Ferrocarril San Martin y el Urquiza, también conocido como Línea Federico Lacroze: entre las dos líneas férreas estaba Derqui Centro (que mantiene actualmente su denominación); de las vías del Lacroze hacia Moreno era el barrio Toro –por el nombre de la estación- y de las vías del San Martin hacia Ruta 8, el barrio Monterrey. Por entonces, la población era de unos 5 mil habitantes.

Recién en los ’80, llegaría la gran oleada de nuevos residentes, provenientes en su mayoría de barrios humildes de Capital Federal, constituida por familias de provincias y también oriunda de países limítrofes como Paraguay y Bolivia.

“Fue a principio de los ’80 cuando el Municipio delimitó que el ‘gran Monterrey’ se subdividiera en dos barrios -recordó Guillermo Mejter, socio e integrante de la Sociedad de Fomento por espacio de más de 40 años-, Monterrey Sur y Monterrey Norte, manteniéndose los barrios El Cascote y más cerca de La Lonja, Rivera Villate. Pero a principios de los ’60, Monterrey era uno solo y un grupo de vecinos decidió formar la Sociedad de Fomento Monterrey. Los pioneros llevan apellidos que todavía se mantienen en sus descendientes: Juan Carlos Audisio (padre) fue el primer presidente y lo acompañaron entre otros Benjamin Robledo, Girod, Cerioni, Ramos, Méndez y Millan”.

Rápido crecimiento

En enero de 1961, la entidad quedó constituida como tal y sus responsables se pusieron rápidamente a la tarea de buscar terrenos para erigir allí la sede propia.

“Fue así que se organizó una rifa con cuya recaudación se adquirieron dos lotes en la esquina de las calles Venezuela y Jujuy –rememoró el fomentista- donde se levantó una pequeña construcción que sirvió como oficina y lugar de reuniones de la Comisión Directiva. Inmediatamente se planificó la necesidad más urgente: dotar de energía eléctrica al barrio. Para ello, uno de los vecinos que vivía sobre la entonces Independencia (hoy Comodoro Meisner), el señor Lumi, que era el único que tenía luz ofreció que se hiciera un tendido eléctrico partiendo de la conexión que tenía en su vivienda. Para ello había que instalar postes y cableados y la Sociedad de Fomento se puso manos a la obra costeando la entidad la compra de los materiales y haciéndose cargo también de la instalación domiciliaria”.

“Paralelamente -siguió relatando Mejter a Resumen– la institución se abocó también a la construcción de veredas de ladrillos y con baldosones en el tramo que iba de Meisner a la estación de trenes”.

Pero la pujante entidad, también participó de activamente en el logro de importantes avances para toda la localidad, como cuando se sumó al pedido para la instalación de una sucursal del Banco Provincia y la creación de líneas de colectivos que llegaran a los distintos barrios, para una población que crecía vertiginosamente y necesitaba llegar fluidamente  a la estación para abordar los trenes que los llevarían a trabajar a Capital Federal.

La vuelta de la democracia a principios de los ’80, marcaría el definitivo despegue de la entidad como representativa del progreso del barrio.

“En 1983 conseguimos que el gobierno provincial, entonces a cargo de Armendáriz nos otorgara un subsidio de 2 millones de australes -rememoró Mejter-. Recuerdo los interminables viajes a La Plata y el sinfín de trámites que tuvimos que hacer para lograrlo. El principal argumento que utilizamos fue que se iniciaba una época en el país de prosperidad y necesitábamos un lugar para cobijar a los hijos de tantos jefes de familia que ante la reactivación laboral, debían dejar a sus familias para ir a trabajar a la Capital, acentuando de esta manera el mote que tenía Derqui entonces como ‘Ciudad dormitorio’. El compromiso que asumimos era invertir el dinero del subsidio en materiales y encargarnos nosotros de la mano de obra. Fue así que en dos años levantamos el tinglado y creamos la “Casa del Niño” que funciono hasta hace poco”.

“Al poco tiempo, un allegado del barrio a PAMI Luján, viendo nuestro eficiente trabajo con los niños del barrio, nos propone crear un comedor para los abuelos. Les dijimos que era una responsabilidad que no podíamos asumir, pero finalmente aceptamos el desafío, que desembocó en la creación del Centro de Jubilados “Siglo XX”, en un lote lindero a nuestra institución. Se nos ocurrió entonces porque no crear en el lugar un polo de actividades que aglutinara las dos puntas de la vida: La Casa del Niño y el Centro de Jubilados, para eso quisimos comprar dos lotes que estaban pegados a la sociedad de fomento, pero sus dueños no manifestaron interés, por lo que salimos a buscar terrenos en el barrio y finalmente compramos un predio a dos cuadras: una quinta de un cuarto de manzana, que tenía una construcción y una pileta. En el lugar construimos una pileta más, un salón de usos múltiples y distintas dependencias, donde implementamos una suerte de colonia de verano para los chicos que concurrían a la Casa del Niño durante el año”, añadió.

Como entidad, la Sociedad de Fomento Monterrey Sur integró la Federación de Entidades de Bien Público de Pilar y también fue miembro permanente de la Cruz Roja Argentina. Firmó también  importantes convenios con la Provincia de Buenos Aires.

“Durante 35 años ininterrumpidos firmamos el Acuerdo por los Derechos del Niño –ilustró a manera de ejemplo Mejter- hasta el año 2016, que se cerró el convenio, motivando la cancelación de todos los beneficios que recibía hasta entonces la entidad”.

Futuro incierto

En la actualidad, la entidad venía transitando un momento institucional muy difícil. “Pasamos por una situación muy controversial durante el anterior gobierno municipal –relató a Resumen Guillermo Mejter- nos echaron a todos los socios más antiguos de la entidad  sin una válida razón. Hicimos el reclamo correspondiente en su momento a Relaciones con la Comunidad, pero no obtuvimos ninguna respuesta. Yo en lo personal he hablado con el actual presidente, el señor Lozano para que se realice un blanqueo de socios, sobre todo teniendo en cuenta a muchos de los que ya estamos en la categoría de “vitalicios”. En mi caso estoy en la Sociedad de Fomento desde que tenía 20 años y fui presidente en varias oportunidades. Solamente me alejé de la institución de 1985 a 1989 cuando cumplí funciones como consejero escolar, pero de una u otra forma siempre estuve presente en la entidad. También me ofrecí a hacerme cargo de la realización de un ’archivo pasivo’, tratando de recuperar un trabajo que nos llevó un año, con toda la documentación de la institución desde su creación y que había quedado en una dependencia de la entidad. Estoy esperando una respuesta al respecto”.

Para colmo de males, el pasado 6 de agosto un incendio destruyó las instalaciones de la Sociedad de Fomento. El siniestro afectó también al Centro de Jubilados y a la Casa del Niño, donde se habría generado el fuego por causas todavía no establecidas con claridad. Las llamas se expandieron rápidamente al tinglado de la Sociedad de Fomento, que fue el sector más afectado por el fuego. El incendio dejó daños en la estructura del tinglado y en parte del salón en el que se llevan a cabo diversas actividades, un espacio de unos 20 por 50 metros, donde además había sillas, mesas y otros elementos, que fueron presas de las llamas.

Allegados a la institución calculan que reconstruir el lugar demandaría unos 2 millones de pesos, paradójicamente la misma suma que demandó su construcción, aunque en aquella oportunidad en 1983 en australes.

Oscar Orlando Mascareño

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