Martes 06 de Diciembre de 2022
Opinión

La integración de un país

Por Guillermo Pellegrini - Licenciado en Ciencia Política, miembro de ARALAC Academia Rotaria Argentina de Letras, Artes y Cultura.


  • Domingo 29 de Mayo de 2022
Guillermo Pellegrini

Integrar políticamente, debe constituir, un esquema prioritario del que sobrevendrá como efecto –y no por decreto– a la natural participación, que es consecuencia de todo cuerpo social bien constituido, es decir bien integrado. Por supuesto integrar es más difícil que hacer participar… pero es más sano.

“Toda la historia es nuestra historia. Todo el pasado es nuestro pasado. Aunque a veces preferimos quedarnos con solo una parte de ese pasado, seleccionando ingenua o engañosamente una época, una línea, unos personajes y queriendo eludir tiempos, ignorar hechos y omitir actuaciones… Somos el conquistador y el indio, el godo y el patriota, la pampa privilegiada y el interior relegado, el inmigrante esperanzado y el gaucho condenado. Somos los dos, no uno de ellos solamente. Si nos quedamos con uno de los dos, siempre llevaremos a cuestas un cabo suelto sin anudar, siempre cargaremos un asunto inconcluso, que no lograremos cerrar, siempre habrá un pedazo de nosotros que no lograremos integrar. Y todo aquello que uno no contacta ni incorpora y por lo tanto, no cierra, eso no desaparece, continúa llamando, sigue siendo mensaje en espera de ser recibido, reclamando ser escuchado”, nos dice Gustavo Cirigliano.

La construcción de un país justo y equitativo se obtiene mediante una muy buena educación, como primera etapa, ya que para transformar y lograr la sociedad que todo ciudadano desea, debemos darle primero buena instrucción, con óptima formación, para comprender que es la integración y después mucha pasión en el esfuerzo, o sea preparar al educando. Debemos construir el puente de lo individual a lo social y comunitario, dejar los egoísmos que no conducen a nada, que los valores se conviertan en acciones y no en promesas, depende de todos que se construya un país y no un lugar, que el futuro no sea lo que vendrá, si no lo que se haga para que ocurra, tal es nuestro compromiso y protagonismo, como nos manejamos en este taller todos los días. Y así “conocerás la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

Si no podemos pensar en forma nacional, pues no están los países integrados, apenas pensamos en lo cotidiano y local, con las sorpresas y miedos del pasado y los enigmas del futuro, estamos mirándonos el ombligo, expectantes sin saber que pasa y adónde vamos.

Nos queda la tarea inconclusa de recuperar el pensamiento nacional, a sus hombres y a sus obras, nuestras tradiciones, el deseo de nuestros ancestros junto al nuevo inmigrante, siempre con una política de integración nacional primero, para poder después participar y darle respuesta plena a esa América morena, poniendo el alma, no es cosa fácil, es largo el camino de encontrar, en sus propias raíces, el fundamento mismo de su existencia.

Pensar solamente desde las grandes ciudades, desde el escritorio, desde la “Facu” y con algo de Internet, es alienante y no suficiente, cómo vamos a poder comprender el interior profundo olvidado de los países, sus entrañas y explicarles por qué nos olvidamos de ellos dejando las utopías irrealizables de lado entrando en el mundo que marcha al unísono tras los dictados del desarrollo, el progreso, que no tiene color, ni banderías, como la buena educación, la urbanización y la producción intensiva. Y ayudar al compatriota, para que se olvide de su color, del mestizaje y deje su “exilio interior” en su propia tierra, si lo que quiere ahora es nada más que poder subsistir, démosle otra cosa con integración, participación y desarrollo.

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