Miércoles 17 de Agosto de 2022
Entrevista: Sonia Lembeye

“No debe haber en Pilar gente de 70 o 60 años que no haya estudiado en la Biblioteca”

La Biblioteca Popular Bartolomé Mitre está a poco más de un mes de celebrar su centenario. El sábado 12 de marzo cientos de pilarenses se darán cita para celebrar los 100 años de vida de esta emblemática y querida institución. Una historia vinculada al amor, a la entrega, al compromiso y al respeto.


  • Domingo 30 de Enero de 2022
biblioteca pilar

Las ventanas de la biblioteca que dan a la calle Belgrano permitían el ingreso de los rayos del sol develando un día radiante. En su interior la bibliotecaria, junto a Sonia Lembeye (quien lleva adelante los destinos de la institución), agradecían las donaciones de la profesora Roxana Sulpizio, quien es además una activa colaboradora de la institución. Y en el fondo del salón, los colores de un mural en mosaicos que está cobrando forma (y que será emplazado e inaugurado para el centenario) realzan el espacio otorgando dimensión del significado y el valor de la misma. Institución a la cual Edelma Burgueño de Lembeye dedicó gran parte de su vida.

Y si cierro por un instante los ojos y me permito viajar en el tiempo, su figura y recuerdo llegan a mi mente. Su rostro de mirada dulce, su sonrisa transparente, su timbre de voz suave, su blusa clara y su pollera a la rodilla; me reciben en la Bartolomé Mitre para ayudarme con los textos de literatura del colegio y también con algunos de la facultad. Quizá a muchos de quienes lean estas líneas les ocurra lo mismo. Edelma, a pesar de ya no estar físicamente, sigue presente en el recuerdo de quienes visitamos la institución y también en el relato de su hija Sonia, con quien tuvimos la posibilidad de dialogar por más de una hora para conocer cada momento de la fundación de la biblioteca y recordar la figura de su madre.

“Las Bibliotecas Populares no se crean por decreto u ordenanza, ni por una disposición oficial; por lo general son el fruto de vecinos -hombres y mujeres- con una vocación de servicio muy especial. Es el producto de las ideas que tienen, de su compromiso y de la necesidad de promocionar la lectura. Hoy la Biblioteca Bartolomé Mitre va a cumplir 100 años brillantes, que la colocaron en el lugar de reconocimiento que tiene dentro de esta comunidad”, cuenta Sonia para iniciar la entrevista.

¿Cómo comenzó este camino hace ya 100 años?

Todo comenzó con la primera reunión que se realizó en el domicilio de Luis Metetieri. Eran un grupo de amigos; los mismos que se reunían para jugar a la pelota en el Club Atlético. Los amigos son Alberto Irazoki, Carlos Bataglia, Eduardo Ferrarotti, Santiago Berge y el dueño de casa: el joven Metetieri. Él expone la iniciativa manifestando que hace tiempo tiene arraigada la idea de la creación de una biblioteca popular; escuchando a la mayoría decir que bueno, pero va a fracasar. Concluye la primera reunión con la convicción, firmeza y tenacidad para continuar con su proyecto.

¿Eran todos muy jóvenes?

Sí, pero con una decisión muy madura comienzan a armar una comisión organizadora provisoria. El presidente era Domingo Metetieri, el de la idea; el vice, Santiago Bergé; el secretario, Carlos Bataglia; el prosecretario, Alberto Irazoki; el tesorero, Eduardo Ferrarotti. Esto es el 24 de mayo de 1921. Sigue todo el entusiasmo de los jóvenes y vuelven a una segunda reunión a la cual llegan con una nómina de candidatos para pedirles apoyo económico; porque como de costumbre sin la plata no se puede ir. Pero además de lo económico buscaban respaldo moral y social. No había biblioteca, y mucha gente no sabía lo que era.

¿Deberían buscar respaldo en otros ámbitos?

Claro que sí. En esa reunión se informa que de las notas que habían enviado a los comisionados municipal y escolar no habían recibido ninguna respuesta. La excusa que daban era que las autoridades habían sido sustituidas hacía poquito y que las nuevas aún no sabían de esto y que los funcionarios todavía no se conocían. Pasados otros 30 días estos jóvenes seguían yendo a buscar respuestas, y deciden algunos tomar contacto con la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, lo que hoy llamamos CONABIP. La voluntad de trabajo es tan manifiesta que en todas las reuniones incorporan temas nuevos. Y a los pocos días ya tenían los reglamentos porque la Comisión de Bibliotecas tenía impresos y que más quería que se fundaran bibliotecas en distintas ciudades, pueblos de la provincia de Buenos Aires.

¿Qué encaran ellos?

Formar una comisión seria, querida y con apellidos respetados en Pilar para comenzar a hacer socios y así contar con dinero para poderse mover. Ellos necesitaban habilitar un Libro de Actas, porque hasta ese momento escribían en cuadernos. Y ese primer Libro de Actas va a estar entronizado acá, expuesto en una urna de madera con vidrios biselados que compré en un anticuario de Balvanera. Viajando, nuevamente, a aquel momento, este grupo de jóvenes deja pasar quince días para ver con su ingenio quien ganaba, quien pensaba en la mejor opción y salen a tocar timbre. Van al Jockey Club, a través de Miguel Pando quien era un prestigioso vecino de esta ciudad -y uno de los pocos que tendría dinero- perteneciente a una familia que se caracterizaba por sus obras filantrópicas; arman una rifa con los siguientes premios: un juego de té inglés y cuatro libras esterlinas, cuyo sorteo sería por la lotería nacional. Y en la última reunión del 21 (1921) resuelven convocar a una asamblea de vecinos en el colegio primario N°1 por considerar que ya se contaba con los medios necesarios para la iniciación de una biblioteca con los siguientes fines: Primero, aprobación de los Estatutos; segundo, nombramiento de una nueva Comisión Directiva encargada de llevar adelante la obra; y tercero, la Asamblea será convocada para el 8 de enero de 1922 a las 16 horas. Y así se realizó la Asamblea el día pautado cumpliendo con los puntos pautados y quedando así conformada la comisión: Presidente, Agustín Sanguinetti; Vice Presidente, Santiago Berge; Secretario, Domingo Metetiere; Tesorero, Carlos Bataglia; Vocal 1, Eduardo Ferrarotti; Vocal 2, Alberto Irazoki; y Vocal 3, Rogelio Domenech.

¿Hasta ahora tenemos una Comisión trabajando mucho, verdad?

Así es. En la segunda reunión de esta comisión proponen publicar en el diario local Nueva Era un balance de vecinos con los que se contaba para la obra emprendida, buscar un local para la instalación de la futura biblioteca, solicitar presupuesto a tres carpinteros para la confección de dos mesas de cedro, comprar sillas en Capital Federal y solicitar al Consejo Escolar un armario prestado para dar apertura a la Biblioteca Popular.

¿Cuál fue el primer local en el que funcionó?

Según se desprende de las actas de febrero del 22 fue el local de la calle San Martín en la suma de 30 pesos propiedad de la señora Zoila Rojas de Rosso. En esos escritos también se pautaba la fecha del 12 de marzo para iniciar las actividades y se proponía a Don José Rosi como bibliotecario con un sueldo de 20 pesos mensuales. Como todas las acciones encaradas por estos jóvenes se van cumpliendo, también lo dispuesto el 12 de marzo de 1922 se hace realidad teniendo Pilar su biblioteca popular. Con libros donados por la comunidad, sin acto de inauguración y decidiendo donar al fondo social el dinero recaudado.

Los años fueron pasando, ¿cuándo se decide la compra del terreno, el cambio de espacio físico?

El 3 de octubre de 1929 la comisión presidida por Arnaldo Ferrarotti decide adquirir un terreno en la calle Belgrano propiedad de la señora Marcelina Castro en 800 pesos. El acto fundacional y fundamental de la biblioteca. Se inicia el año 40 y en abril, bajo la presidencia de Emilio Vergani y con Juan Ferrá como secretario, se proponen recaudar el dinero para iniciar la construcción de un local propio. Esa era la principal motivación de esta comisión directiva. Tuvieron que pasar cinco años para comenzar a concretar esta idea. En abril del 45, Emilio Vergani explica en Asamblea la imperiosa necesidad de construir el edificio debido a las condiciones del local que ocupaban, aprobar el proyecto presentado y la suma de 20.000 pesos para la obra. En la reunión de mayo del 48, continuando Vergani en la presidencia pero con Américo Vattuone de secretario, se resuelve aumentarle el sueldo a la bibliotecaria Enilda Noemí Burgueño a 100 pesos y habiendo terminado la construcción del edificio deciden el traslado -clausurando para ello las actividades hasta el 15 de junio-. Se tomaron unos días para pintar, acomodar todo y comenzar en el nuevo espacio. La década de los años 50 comienza con una reunión que va a cambiar el destino por 53 años; mi tía Nené se casa y recomienda a mi mamá para ocupar su lugar. Se va Enilda Noemí Burgueño y recomienda a quien reúne aptitudes: Edelma Burgueño de Lembeye.

¿Quién era Edelma?

Edelma, mi mamá, era una persona muy humilde, de una familia con muy pocos recursos, que se crió cuidando las niñas de la familia Marzano -de ahí esa amistad tan importante- y ellas fueron las que promovieron el casamiento con mi papá, que era el señor que tenía el almacén de ramos generales (en la esquina de Independencia y San Martín). Él era 11 años mayor. Un matrimonio estupendo, de respeto y admiración. Mi papá venía de una familia adinerada, había estudiado en un colegio internado, y después puso el almacén con sus hermanos. Al casarse mi mamá se encontró de pronto con un mundo que le permitió leer. Era la pasión de mi mamá. Ella decía que a la Biblioteca no le había dado nada y que la Biblioteca a ella le había dado todo. Y se hizo la persona que fue.

Como decía mi papá, mi mamá era una azucarera, sumamente dulce, generosa y dada. Ella no dejaba a nadie sin que pudiera tener o llevarse un libro, conocía a quienes visitaban la biblioteca, decía es de Villa Rosa, o viene desde la Estación; por eso fue tan querida, extrañada y recordada. Eso era Edelma.

¿Qué la llevó a estar tantos años en la biblioteca, a amar este lugar de esa manera?

Creo que su ansia de saber, de cultura, y su amor a la institución. Mi mamá se enamoró de la biblioteca, toda la familia, mi papá también, mis tíos, todos. Y ese amor se infundió a toda la familia. Lo que hizo que mi mamá esté es el amor a la institución, al cuidado de los libros. Siempre contaba que una vez vino un funcionario de Provincia que andaba visitando bibliotecas y que cuando se iba, ella lo vio cuando se robaba un libro. No te puedo explicar lo que eso significaba para mi mamá. Si vos le preguntabas sobre las anécdotas te decía: tengo muchas muy lindas y tengo feas. Entre las lindísimas ella recordaba a las maestras que iban con los alumnos o a los chicos que estudiaban con los textos de la biblioteca, y les marcaba y separaba los libros para que pudieran tenerlos al otro día, entre las feas encabezaba este suceso del funcionario de Provincia la lista y después como pícara contaba que a veces los alumnos que visitaban la biblioteca le preguntaban ¿vos la fundaste?, ¿es tuya? Y ella, riendo, respondía: no, yo soy más joven.

Nuestra vida, si con mi hermana tuviésemos que definirla, era en la biblioteca. Acá estábamos nosotras, nuestros amigos y otros vecinos. No debe haber en Pilar gente de 70 o 60 años que no haya estudiado en la biblioteca.

¿Es la Bartolomé Mitre un legado familiar?

Sí. Mi marido, que ya falleció, decía: vos te casás con una Lembeye y te casás con la biblioteca. Y sí, es un legado familiar enorme que implica amarla y protegerla. En nuestra familia cuando nace un niño, pasa por el Registro Civil y después por la biblioteca para hacerse socio. A las instituciones las sostienen familias, voluntarios, que dan su tiempo y que es lo más valioso que pueden aportar. Nosotros hemos pasado acá días, meses, años por la biblioteca; pero no es nuestra, es del pueblo, es popular.

Las palabras, las historias y anécdotas, nos llevan de un recuerdo a otro; son más de 100 años desde que aquel grupo de jóvenes comenzó a soñar con la Biblioteca Popular de Pilar. Y para la celebración del 12 de marzo la institución busca que todas las voces se escuchen, que todos los recuerdos y anécdotas tengan su espacio, que la comunidad se acerque para ser parte del evento, que Pilar recuerde a quienes le dieron vida y que puedan las futuras generaciones comprometerse a seguir trabajando en el destino de la “Bartolomé Mitre”.

Clarisa Bartolacci

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