Lunes 27 de Mayo de 2024
Entrevista

Eduardo Mancini, el multideportista de Presidente Derqui

Comenzó a jugar a las bochas a los 8 años, después practicó varias disciplinas, destacándose en todas. Llegó a jugar profesionalmente al básquet en Boca Juniors y al fútbol en Peñarol de Montevideo. En lo institucional, participó de la creación del Jardín y el Primario del Club Presidente Derqui.


  • Martes 14 de Febrero de 2023
Eduardo Mancini

Eduardo Héctor Mancini (75) nació el 3 de marzo de 1947 en Jesús María, Córdoba. Como el mismo confesó a Resumen fue “de casualidad” ya que en realidad su familia residía en el barrio de Villa Crespo en Capital Federal. “Mi mamá Juana Ortega debió viajar a Jesús María para los funerales de su madre, estando embarazada y en pleno velatorio de mi abuela allá nací yo”, relató Mancini.

El padre de Eduardo, Nicolás, estaba encargado de un corralón donde se guardaban caballos que en esa época se utilizaban en distintas tareas, entre ellos para tirar mateos. “La gente del interior llegaba a Retiro y los utilizaba para ir a distintos lugares –comentó-. De los 30 caballos que cuidaba mi padre, la mitad se utilizaban en mateos”.

En la casa paterna de Loyola y Gurruchaga, a tres cuadras de Avenida Corrientes, nacieron los seis hijos del matrimonio: Cacho, ya fallecido; Eduardo, Roque, Isabel, también fallecida, César y Juan.

Cuando se produce la Revolución de 1955 la familia debe emigrar. Pichin, un compañero de trabajo de Nicolás Mancini, vivía en Presidente Derqui y les consigue un lote a metros de la estación de trenes sobre la calle Caseros (hoy Eva Perón) y O’Higgins. Fueron épocas muy difíciles y para sobrevivir todos los integrantes de la familia debieron dedicarse a la venta ambulante en diversos rubros, mientras Nicolás seguía trabajando de mateo en Palermo los fines de semana.

“Terminé la primaria en la Escuela 22 de Monterrey y ya a los 8 años comencé a frecuentar el club Derqui que estaba a tres cuadras de mi casa. Me gustaba jugar a las bochas, deporte que estaba de moda en esa época. No seguí estudiando, pero si practiqué varios deportes: básquet, fútbol, tenis criollo, ping pong, vóley. En todos me destaqué y participé con éxito en varias olimpiadas. Cuando tenía 14 años, Quique Basterrica, un gran amigo y jugador de básquet me lleva a jugar al Club Textil de Los Polvorines con el que salí campeón de la Liga General Sarmiento”, rememoró.

“Quique me presenta después al técnico de San Miguel -recordó Eduardo- y en un partido que jugamos en Ezeiza, me ven y me hablan para jugar allá. Yo puse como condición que me consiguieran un trabajo que me permitiera no solo solventarme sino también congraciarme con la familia de quien sería mi esposa Angélica Chevallier. Es así que comencé a trabajar en la Ford de Pacheco sin ningún tipo de experiencia, ya que puedo decir que nunca había trabajado antes en fábrica”.

“Tuvimos tres hijos: María Eugenia, Mariana e Iván; los tres son profesores de Educación Física. En el plano deportivo, seguí jugando al básquet ya en forma profesional en Argentinos de Junín, Tiro al Segno, Atlético Pilar y Boca Juniors. Reconozco que siempre fui un tipo indisciplinado, yo jugaba para el público, para la tribuna, me gustaba hacer ‘chiches’ al estilo de los Harlem Globetrotters y eso no le gustaba a los técnicos; por eso no duraba mucho en los clubes que me contrataban ya que nunca cambie mi forma de jugar, ni mi díscola personalidad. Por eso me apodaban “el loco” y en algún momento “el beatle” ya que usaba el pelo largo en esas épocas”, aseguró.

“También tuve mi cuarto de hora en el fútbol profesional: en mi adolescencia jugué en Ferrocarril Oeste y tres meses en Peñarol de Montevideo, de mediocampista. Cuando llegó el momento de firmar el contrato, el club estaba excedido en la lista de jugadores extranjeros y los directivos me dijeron que tenía que esperar, que mientras tanto me iban a buscar un lugar para vivir y un trabajo para solventar mis gastos. Les respondí “si no trabajo en mi país, menos lo voy a hacer acá”, así que me tomé el avión y me volví a Presidente Derqui”, contó.

Hombre de instituciones

Como hombre de instituciones, Eduardo siempre estuvo ligado al Club Presidente Derqui. Fue nombrado socio vitalicio de la prestigiosa entidad social y deportiva derquina a los 43 años. Integró varias veces la Comisión Directiva del club y llegó a presidirlo. En su gestión se creó el colegio primario.

“Todos los presidentes que pasaron por el club dejaron su impronta en alguna obra importante –recordó- y yo también quería dejar mi huella. Ya lo había acompañado a Carlitos Pro, cuando en su presidencia se creó el Jardín de Infantes Los Conejitos y cuando me llegó a mí el turno de dirigir los destinos del club, me propuse crear la primaria y con muchos esfuerzo y ayuda lo pude lograr. Estoy orgulloso de ello porque si de algo estoy arrepentido es de no haber podido estudiar, un poco por problemas económicos y otro poco por vago”.

“Mi señora es docente jubilada, fue directora de la escuela del club y creo que haber dejado inaugurado el nivel primario, compensa en parte esa falencia en lo personal. Estoy orgulloso de ello”, afirmó.

En el plano político Eduardo confiesa que es “peronista y un apasionado de su ciudad: Presidente Derqui”. “Yo fui delegado de Derqui en tres oportunidades, dos con Humberto Zúccaro y también acepté el cargo cuando me lo ofreció Sergio Bivort. Estoy muy conforme con las cosas que hice por los vecinos de todos los barrios de Derqui y si el actual intendente me lo pidiera, volvería a aceptar el cargo u otro que me ofreciera; si es algo relacionado a deportes, mejor. Mi ilusión es llegar a los barrios más humildes fomentando el deporte, para sacar a los chicos de la calle y de los malos hábitos, volver a la cultura del potrero con la cual me crie y formé. Estoy seguro que cumpliría una gran tarea al respecto si me dieran la oportunidad de hacerlo. Yo ya ofrecí mis servicios, solo espero que me llamen para empezar a trabajar”.

Oscar Mascareño

4 comentarios:

Dejar un comentario

Los campos marcados son requeridos *

También te pueden interesar