Lunes 27 de Marzo de 2023

Luiso Lagomarsino, carisma y gran llegada con la gente

Llegó a la Intendencia con la vuelta de la democracia en 1983. Fue canillita, albañil, repartidor de kerosene, boxeador y futbolista. Murió cuatro días después de asumir su segundo mandato. El recuerdo de sus ex funcionarios.


  • Domingo 07 de Marzo de 2021
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Llegó a la Intendencia con la vuelta de la democracia en 1983. Fue canillita, albañil, repartidor de kerosene, boxeador y futbolista. Murió cuatro días después de asumir su segundo mandato. El recuerdo de sus ex funcionarios.

La familia de Luis David Celestino Lagomarsino, popularmente conocido como “Luiso”, es de origen italiano. Llegó de Génova en 1920 para instalarse en Pilar. Su padre era peluquero y su madre llegó a ser conocida en el pueblo por su labor como cocinera. El 8 de noviembre de 1925 nace “Luiso”, segundo hijo del matrimonio y primero nacido en Argentina. Terminó sus estudios primarios en la Escuela Nº1. A los 10 años desempeñó su primer trabajo en compañía de otro niño: la venta de fruta en canastos con un cartel que anunciaba a “Los Dos Amigos”. Tiempo después fue canillita y cuidó coches en las ferias locales. Finalizados los estudios primarios, se dedicó al  oficio de albañil.

En 1951 fue nombrado delegado de Trabajo y Previsión, tarea que desarrolló hasta que se produjo el “Cordobazo”, momento en el que vuelve a dedicarse a la construcción. Trabajó por años en la empresa Albayda, luego fue repartidor de querosene, actividad que desarrolló en todo el distrito, alcanzando un buen nivel de ingresos que le permitió asociarse comercialmente con el empresario de venta de combustibles Ismael Ferrarotti, con quien inaugurara una estación de servicio sobre la Ruta Nacional 8, en la zona conocida como la “Curva del Mingo”.

En la faz personal, Luiso durante sus primeros años de juventud fue boxeador aficionado, compitió en 22 peleas, perdiendo solo un combate. También jugó en el equipo de la segunda división de fútbol del club Peñarol y disfrutó del  automovilismo y el turf.

Joven inquieto y multifacético, tuvo su costado artístico, primero como recitador y luego integrando varios elencos de teatro vocacional, actuando en obras populares y sainetes que se presentaron  en clubes de la zona.

En política, hasta los 19 años presidió la Juventud Radical, pero en 1945 comenzó a militar en el justicialismo. Fue concejal entre 1953 y 1955, presidió el Justicialismo en 1978, y desde 1983 a 1987.

En las elecciones de 1983 fue elegido intendente. Lagomarsino resultó reelecto en las elecciones de 1987 y juró el 12 de diciembre para su segundo mandato. Dos días después de los comicios, tras estar reunido en un almuerzo campestre en el Centro Tradicionalista El Pial, en Zelaya, se descompuso y finalmente fallece. Tenía 62 años y sufría problemas cardiacos.

Una multitud de vecinos despidió sus restos en el Palacio Municipal y su ataúd fue llevado en andas hasta el cementerio de Pilar, donde descansan sus restos en un panteón familiar. Desde 2003, una localidad del partido, en el límite con Maquinista Savio, Municipio de Escobar,  lleva como homenaje su apellido.

Resumen recogió el testimonio de cinco pilarenses que acompañaron a Luis Lagomarsino en su gobierno y recordaron la figura de aquel caudillo peronista.

“Sin dudas, Luiso fue mi padre político y siempre le estaré muy agradecida de que me permitiera trabajar con él en política y todo lo que humanamente me enseñó como persona”, destacó Rosa Ledesma que se desempeñó en el área de Relaciones con la Comunidad junto a Pedro Santogianni, y fue candidata a concejal cuando Lagomarsino buscaba su reelección.

Por su parte, Abel Caballero, ex Subsecretario de Bienestar Social, comentó que “Luiso definía siempre su gestión como ‘un gobierno por y para la gente’. Siempre me decía: ‘Abel, hay que caminar al ritmo del más lento, para no dejar a nadie atrás. Los funcionarios se deben a la gente, no hay que vivir de la política sino de la profesión y actividad privada que tenga cada uno’. Por eso, las reuniones las teníamos a la noche, cuando ya cada uno de nosotros había finalizado su día laboral en el ámbito privado”.

“Con la desaparición física de Luiso, Pilar sin dudas perdió un gran baluarte de la democracia y a un ejemplo de vida política a seguir e imitar”, consideró la ex concejal Elsa Basualdo y añadió que “siempre me trató como un padre. Una de las ultimas cosas que me dijo es que siguiera trabajando en política porque veía en mí un ‘porvenir político muy grande y yo te voy a guiar para que llegues lejos’. No pude tener su guía, pero creo que cumplí con sus preceptos y el legado que nos dejó”.

“Recuerdo muchas anécdotas que lo pintaban a Luiso tal cual era: una persona muy carismática y de gran llegada con la gente de todos los estratos sociales. Él podía hablar de igual a igual con cualquier persona y era muy respetado dentro del peronismo a nivel nacional”, remarcó Carlos Barrio que fue concejal entre 1983 y 1985.

En tanto, Jorge Telmo Pérez, que sucedió a Lagomarsino luego de la destitución de varios ediles, contó que “si bien estuvimos enrolados en líneas distintas, siempre reconocí que Luiso fue un dirigente peronista con mayúsculas, pero fue también una gran persona. Era un hombre que se hacía querer, tenía palabra y siempre cumplía con lo que prometía. Siguió a rajatablas con la doctrina que nos legó el General Juan Domingo Perón y por eso yo siempre dije que en el pago chico, Luiso fue ‘un peroncito’”.

Asimismo, Caballero y Basualdo subrayaron su honestidad y generosidad. “Luiso se puso como meta no especular políticamente con las necesidades de la gente, un ejemplo de ello es que para las elecciones del 87, me dijo que cerrara el galpón de Acción Social y le llevara las llaves, que me las iba a devolver ‘el lunes después de la elección’”, rememoró Caballero, mientras Basualdo apuntó que “era una persona muy honesta y generosa. Cada vez que iba a un acto o visitaba un barrio llevaba sus bolsillos llenos de cambio, para darle algo de plata a quien se lo pidiera. Lo recuerdo siempre con su pañuelo al cuello y una frase que nos repetía una y otra vez: ‘no quiero pescar a alguien metiendo la mano en la lata. Si lo llego a agarrar yo mismo lo voy a denunciar y van presos’, nos decía”.

Respecto a su relación con la prensa, Pérez y Caballero puntualizaron que “fue muy buena, ya que su gobierno fue de puertas abiertas. En una época donde en Pilar había pocos medios de difusión, Luiso tuvo una excelente relación con el periodismo local. Era muy accesible y podían entrevistarlo en cualquier momento, sin audiencia previa, o abordarlo en plena calle”.

“En cuanto a su fallecimiento yo sabía que a pesar de su personalidad muy fuerte, había sufrido muchas presiones para el armado de la lista para las elecciones del 87. Ese fatídico domingo 14 de diciembre de 1987 estaba invitada a compartir el asado en Zelaya con el cual se festejaba la reelección, pero me excusé de ir porque los domingos desde siempre eran para estar con mi mamá. A pesar de eso, siempre me culpo por no haberlo acompañado ese día”, se lamentó Elsa Basualdo mientras Caballero aseguró que “Luiso pensaba más en la gente que en él y quizás eso lo hizo descuidar su salud”.


Rosa Ledesma

Luiso conocía a mi familia  desde antes de las elecciones del ’83 y ya sabía de mi actividad militante en los barrios. Al iniciarse la campaña del ’87 fui a varias reuniones y en una de ellas me invita a participar de las lista de concejales. “Quiero que estés conmigo -me dijo-. Yo le contesté que tenía que consultarlo con mis padres. “Decime cuando me pueden recibir y yo hablo con ellos” –me respondió-.

Quedamos para un domingo a las 5 de la tarde. Cinco menos cinco de ese día, estacionó su Falcon rojo frente a mi casa y habló con mis padres que aceptaron que lo acompañara. Desde ese momento fuimos inseparables. Me ubicó en el puesto 4 de la lista, pero esto molestó a la gente de la Novena que querían en ese lugar a un candidato de esa zona y comenzaron a presionar en consecuencia. La gota que colmó el vaso fue cuando un grupo de militantes  llegó en un camión para protestar frente a la casa de Luiso. Fue entonces que lo fui a ver y le dije que les diera ese lugar. A regañadientes aceptó y finalmente quedé en el lugar octavo. El cuarto lugar quedó entonces para el representante de la Novena, Carlos Dimeola. Siempre me quedé pensando que si no fuera por ese movimiento, quizás hubiera llegado a ser intendente de Pilar, por todo lo que pasó después.


Abel Adolfo Caballero

Recuerdo que en la primera reunión de gabinete Luiso nos dijo que su gobierno iba estar orientado ‘a ayudar a la gente’. El gabinete estaba integrado en su mayoría por vecinos comunes, nacidos y criados en Pilar, sin experiencia en política. Debimos aprender a gobernar, trabajando con más ganas que con recursos económicos que por cierto eran escasos en esas épocas.

La idea de Lagomarsino fue desde el comienzo de su gestión transformar su pueblo en una ciudad. En ese aspecto fue un visionario, basando su plan de gobierno en tres pilares fundamentales: Bienestar Social; mantener la estructura básica existente, invirtiendo en el desarrollo industrial y urbano del distrito y a lo que me mí me atañe un gran esfuerzo y dedicación a la salud, la acción social y el deporte.

En un gobierno sin recursos económicos, tuvimos mucha ayuda de la Provincia, gobernada por el radical Armendariz, que recibía a Luiso como un hermano en su despacho de La Plata, al igual que su vicegobernadora Elva Roulet. Esto sin dudas, debido al carisma, empuje y llegada extraordinaria que tenía Luiso.

En aras de conseguir recursos y trabajo local para los pilarenses Luiso se ocupó mucho de conseguir inversiones privadas, creando eximiciones impositivas a empresas que se instalaran en Pilar. Esto fomentó la instalación de muchas industrias en el Parque Industrial.

Durante su gobierno se puso la piedra fundamental para la instalación de la Universidad del Salvador. Su excelente relación con la Federación Argentina de Clubes de Campo, posibilitó la creación de barrios privados y countries.


Elsa Basualdo

Yo siempre me definí como una militante barrial. Empecé a trabajar en política desde muy joven y lo conocía a Luiso antes de que fuera intendente. En una reunión del Consejo del Partido donde se definía la lista de concejales, Luiso nombró uno a uno a sus candidatos y me sorprendí mucho cuando mencionó mi nombre. Solo atiné a decir que era para mí un verdadero honor integrarla, sin saber a ciencia cierta qué función debía cumplir un concejal. Era toda una novedad tanto para mí como para varios de mis compañeros en esa vuelta a la democracia después de tantos años. Con decirte que recién me enteré que fui electa cuatro o cinco días después de la elección.

En esas épocas no pensábamos que íbamos a cobrar un sueldo por nuestra labor legislativa, en mi caso yo trabajaba en Cargill y después en el Supermercado Martínez, en la esquina de Pedro Lagrave y Víctor Vergani. Nuestra labor como concejales comenzaba cuando terminábamos nuestros respectivos trabajos, por lo que las reuniones del cuerpo la teníamos a la noche en el mismo salón de sesiones.

La campaña fue muy humilde y con pocos recursos. Recuerdo que el cierre se hizo en la esquina de ruta 8 y San Martin donde funcionó el bar Pepito, con pizzas para todos los compañeros que se acercaron para colaborar gratis con su tiempo por la causa. Todos aportamos la harina, el tomate y el queso y alguien consiguió un horno pizzero para la ocasión. No había plata para choripanes.

Luiso tenía una gran llegada con la gente, tanto que nos sobraron fiscales para la elección. De todas maneras, no quería que nadie se quedara afuera y a todos los que se ofrecían para trabajar en la elección se les dio una tarea, sino como fiscales o fiscales suplentes, como fiscales generales. En esas elecciones se presentaba como candidato por el radicalismo Eriberto, el hermano de Luiso, y por eso nuestro conductor no quería choques ni problemas, tanto que para los actos de cierre de campaña se pusieron de acuerdo en que calles se iban a utilizar para que no hubiera cruces entre los simpatizantes justicialistas y radicales.


Carlos Barrio

Lo conocí a Luiso muchos años antes de que llegara a la intendencia. En realidad mi primer encuentro fue con sus padres que tenían un restaurante en la esquina de Ruta 8 y Sanguinetti. En ese restaurante conocí a Luiso, yo ya militaba en política y en el 73 con un grupo de compañeros creamos la primera Juventud Peronista  reconocida en la Argentina por el Consejo Nacional del Partido Justicialista.

Como intendente, gobernó para todo el partido de Pilar, desde que llegó a la intendencia su intención fue que todo el distrito creciera. Prueba de ello es que una vez, Nino Beller que era el subsecretario de Cultura, lo va a ver con la entonces directora de la Escuela Media 2 de Derqui que hacía años funcionaba en las instalaciones de la Primaria 11. La matrícula escolar había crecido exponencialmente y la escuela necesitaba imperiosamente su edificio propio. Conseguimos una audiencia con el Director General de Escuelas José Gabriel Dumon, que tenía fama de ser muy parco y de no dar audiencias muy extensas.

El funcionario nos recibió con frialdad y nos dijo que fuéramos concisos. Ahí fue cuando Luiso lo cortó diciéndole: “Antes de empezar a charlar le hago una pregunta ¿usted es un hombre proveniente del campo no?  –a sabiendas que era oriundo de Rauch-. Sorprendido por la consulta, el parco funcionario intrigado le pregunta por qué se lo decía, a lo que Luiso le respondió: ¿Y no toman mate acá? Esa pregunta aflojó la tensión y al rato apareció un termo y un mate, comenzando una larga ronda que compartimos todos los presentes en la reunión que se prolongó por mucho tiempo.

En síntesis salimos de La Plata con el 80 por ciento del valor de la construcción de la escuela y una frase de Dumond que despidió a Luiso y su comitiva diciéndole a su secretario: “Es hora de que demos por finalizada la audiencia, sino de acá se llevan hasta el termo y el mate”.

Para las elecciones del ’85 se entera que el presidente Alfonsín venía a Pilar para apoyar sus candidatos y da instrucciones para que sea recibido en el Municipio, ante las dudas de sus allegados más cercanos, que temían que recibir al doctor Alfonsín en el Municipio iba a ser un apoyo implícito a los candidatos radicales locales, “No se preocupen -dijo-. Yo lo manejo”. La sorpresa fue que el propio Presidente lo llama para agradecer la invitación y confirmar que concurriría con mucho gusto a, pero le puso la condición de convocar a don José Dalco Domenech, que había sido empleado de su padre muchos años en una farmacia de Chascomús. Y así fue, cuando llegó Alfonsín, Luiso lo recibió junto a Domenech, con quien se confundieron en un gran abrazo.


Jorge Telmo Pérez

Era un hombre muy claro que siempre dijo que trabajaba “por la unidad de todos los pilarenses y del país”. Sin dudas, su forma de hacer política nos dejó un legado a quienes continuamos con la responsabilidad de manejar los destinos del Municipio.

Siempre trató de consensuar y convencer a propios y extraños. Si algún allegado se acercaba y le comentaba alguna crítica que había escuchado de algún adversario político, Luiso siempre tenía la misma respuesta: “Se habrá equivocado, en el fondo es un buen muchacho”.

Lagomarsino provenía de una familia muy buena y querida en Pilar y de ellos heredó su compromiso de estar con la gente, sin dudas es un ejemplo a seguir por todos los pilarenses que nos hemos dedicado a la política.

Oscar Orlando Mascareño

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