"A mi hijo lo mataron": el duro testimonio de la madre de Francisco Bertotti

A una década de la tragedia, Mónica Domínguez volvió a hablar y apuntó contra la Justicia y las condiciones del evento. "No espero nada", aseguró, al recordar a su hijo y cuestionar la versión del policonsumo.

A diez años de la tragedia de Time Warp, el dolor sigue intacto para la familia de Francisco Bertotti. Su madre, Mónica Domínguez, volvió a hablar públicamente y dejó un testimonio crudo, atravesado por el paso del tiempo, la bronca y la sensación de injusticia que aún persiste.

"Hace años que no hablamos con los medios porque nos cansamos de pedir justicia y de ver cómo funciona la justicia en este país", expresó en diálogo con Resumen. Y agregó: "Lejos de que el tiempo cure, en muchos casos lo que hace es acentuar heridas que nunca dejan de sangrar".

Francisco tenía 21 años, estudiaba Ingeniería y había viajado desde Pilar para asistir a la fiesta electrónica en Costa Salguero la madrugada del 16 de abril de 2016. Lo que debía ser una noche de música terminó en tragedia. Según reconstrucciones posteriores, el joven se descompuso dentro del predio en medio de condiciones extremas: hacinamiento, altas temperaturas, falta de agua y escasa asistencia médica.

Para su madre, la explicación de lo ocurrido fue tergiversada desde el inicio. "Además de perder un hijo, tuvimos que escuchar que era un drogadicto y que murió por policonsumo", sostuvo. Y fue categórica: "A mi hijo lo mataron. No murió por un accidente ni por consumo".

En su relato, Domínguez insistió en que el lugar "se transformó en una trampa mortal" y cuestionó tanto la organización del evento como la respuesta sanitaria. "Había más gente de la permitida, hacía un calor extremo y no había agua. Incluso se llegó a cortar el agua para venderla adentro del predio", señaló. Y agregó un dato que refleja las condiciones del lugar: "Muchos chicos contaban que parecía que caía agua del techo, pero en realidad era la transpiración de las 20 mil personas que estaban hacinadas adentro".

En ese contexto, describió que muchos jóvenes comenzaron a descompensarse sin poder salir. Según su reconstrucción, Francisco incluso ayudó a otras personas antes de sentirse mal. "Estuvo asistiendo a chicos que se descomponían, tratando de que pudieran salir", contó. Sin embargo, cuando él necesitó ayuda, la situación fue distinta: "Cuando se descompuso, estuvo tirado sin asistencia y lo llevaron a una carpa donde no había recursos médicos adecuados".

La madre también cuestionó con dureza las pericias iniciales de la causa. "Nunca importó decir la verdad, siempre fue más fácil culpar a los chicos", afirmó. En ese sentido, sostuvo que con el tiempo se desestimaron algunas de las primeras conclusiones: "Se instaló lo del policonsumo, pero en el caso de Francisco se demostró que no había sido así".

La causa judicial, que investiga responsabilidades de organizadores y funcionarios, aún no llegó a juicio oral. Diez personas permanecen imputadas, pero el proceso continúa demorado, lo que profundiza el reclamo de las familias. "La causa no avanza, los responsables están libres y la sensación es de una injusticia total", señaló. "No espero nada de la justicia", agregó con resignación.

Además, describió un proceso judicial marcado por irregularidades, demoras y falta de respuestas. Según relató, el paso del tiempo no trajo claridad sino frustración: "Es una herida que sigue abierta y cada año se hace más difícil".

Pese a todo, Domínguez reconoció que la tragedia dejó algunas consecuencias en materia de controles en eventos masivos. "Después de esto cambiaron algunas cosas, como la presencia de agua, asistencia médica y mejores condiciones", indicó. Sin embargo, lamentó que esas mejoras hayan llegado tras la pérdida de vidas. "Ojalá no hubiese tenido que pasar esto para que se tomen medidas", expresó.

A nivel personal, el dolor no disminuye. "Francisco está presente todos los días de nuestra vida y lo va a estar siempre", afirmó. Incluso, contó que las nuevas generaciones de la familia crecieron con su recuerdo: "Mis nietos, que no lo conocieron, saben perfectamente quién es su tío".

En Pilar, su nombre sigue siendo símbolo de una tragedia que marcó a toda una comunidad. A diez años, la causa continúa sin resolverse y el reclamo de justicia sigue vigente. Mientras tanto, el testimonio de su madre vuelve a poner en primer plano una historia atravesada por el dolor, la memoria y la exigencia de verdad.

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