Un necesario y delicado equilibrio entre salud y economía

Un necesario y delicado equilibrio entre salud y economía

Por Fernando Robles

Analista político y economista

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La pandemia que atraviesa al mundo plantea el dilema entre salud o economía, que cada uno de los países afectados trata de resolver según su propia situación.

Frente al ataque mundial que genera el coronavirus, cada uno de los países afectados encara la lucha contra este enemigo como mejor puede y en orden a la situación económica y social de cada uno de ellos. Es así, que si bien cada país ha tomado caminos distintos podemos apreciar los resultados obtenidos por Corea del Sur en contraposición con la falta de información respecto de Rusia, Corea del Norte y China.

Ello no es casual ya que tiene íntima relación con la falta de libertad que impera en esos tres estados. Esa falta de libertad afecta a las personas y consecuentemente a la libertad de prensa. Sabemos que Corea del Sur logró controlar la pandemia apelando a la empatía social entre el Estado y la sociedad, complementado con un eficiente sistema de salud. Lo logró sin adoptar el aislamiento social.

En Europa algunos líderes adoptaron el aislamiento como herramienta primaria para atacar al virus, es el caso entre otros  de Italia, España y Francia. Por el contrario Boris Johnson en el Reino unido subestimó inicialmente al virus, no dispuso medidas preventivas y hoy contagiado por el coronavirus trata dando volantazos de encausar una complicada situación sanitaria. Alemania en tanto, apeló al aislamiento social voluntario, con resultados aceptables en materia de contagio y cantidad de fallecidos.

Varios de los países europeos que adoptaron el aislamiento como herramienta de combate contra este enemigo tan temible como invisible, dispusieron de un importante paquete de recursos financieros para contrarrestar el parate de la actividad económica. Esta desaceleración de las economías producto del aislamiento físico, encuentra un importante alivio en los mencionados recursos financieros destinados a minimizar en lo posible la caída de la producción y evitar la posibilidad de un colapso en las cadenas de pago. Apuntan a que la escasez no resulte peor que la enfermedad. Vale la pena señalar que se trata de recursos propios de cada nación europea.

En los Estados Unidos la pandemia ha ido progresivamente debilitando la actitud de subestimación que desde el inicio de la misma en China, había adoptado el presidente Trump. La situación sanitaria en el estado de Nueva York, epicentro de la pandemia en el país del norte, parece haber hecho que Donald Trump comprenda acabadamente la gravedad de la situación. También, al igual que algunos estados europeos, el ejecutivo estadounidense dispuso inyectar voluminosos recursos financieros propios con el objeto de compensar la caída en la producción de bienes y servicios, evitando el colapso en las cadenas de pago.

En tanto el presidente mejicano López Obrador ignora el virus y llama a continuar con la vida normal incentivando las reuniones y los consumos de todo tipo. En Brasil Jair Bolsonaro minimiza la pandemia, casi al punto de ridiculizarla, y confronta duramente con los gobernadores que si la toman en serio y adoptan medidas para enfrentarla, en muchos casos contrarias a las dispuestas por el gobierno central desde Brasilia.

En Perú el aislamiento es sumamente estricto y con despliegue de fuerzas militares para asegurarlo. Uruguay, nuestro hermano país rioplatense, también adoptó el aislamiento como herramienta de lucha contra el virus.

Como es fácil de advertir en la mayoría de los casos antes mencionados, la pandemia de coronavirus hizo del distanciamiento físico y las medidas financieras una receta que se aplica en la dura coyuntura por la que atraviesan. El desconocimiento científico-médico de este siniestro virus genera incertidumbre y lleva al mundo a un experimento de prueba y error.

Ahora bien, cabe preguntarse si el aislamiento prolongado es el único camino apto para combatirlo. El encierro forzado es por cierto algo muy poco natural. Y la prolongación en el tiempo de una cuarentena se hace menos complicada para un estado con reservas y recursos propios que para un país pobre. Pasada la pandemia entiendo que viviremos en un mundo distinto, mucho más austero y espero y deseo con iguales o mayores libertades para las personas.

En nuestro país el Presidente anunció el pasado martes, la prolongación de la cuarentena hasta el domingo 12 de abril. Hasta mediados de la semana pasada el asilamiento físico, mal llamado a mi juicio aislamiento social, ha contado con un alto  grado de aceptación por parte de los ciudadanos. La decisión fue tomada en función de lo aconsejado por los calificados científicos-sanitaristas que asesoran en el tema a Alberto Fernández. Al mismo tiempo algunos problemas en el funcionamiento de la economía comienzan a generar inquietud en la población en general y en los habitantes del conurbano bonaerense en particular. Se trata de las consecuencias recesivas producto de la cuarentena vigente. Los aumentos en el precio de la carne, las frutas y verduras no sólo preocupan sino que lastiman el bolsillo de los consumidores. Algunas actividades sufren un parate atroz en su facturación y cobro producto de la cuarentena obligatoria.

Es deseable que el Ejecutivo organice un comité de crisis económico-social para ir enfrentando la recesión producto de la cuarentena obligatoria a efectos de preservar adecuadamente el empleo y las fuentes de trabajo.

Otro tema a tener en cuenta y que atraviesa nuestra realidad es la disociación que se observa entre la corporación política y los ciudadanos de a pie. Los anuncios del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou y del presidente paraguayo respecto de bajar las remuneraciones a los integrantes que cumplen funciones en los estados que administran, originaron un efecto rebote en el parlamento argentino. Dicha medida tiene por objeto constituir fondos estatales destinados al combate contra la pandemia. Con el mismo fin el diputado de “Juntos por el Cambio” Mario Negri propuso una rebaja del 20% en los sueldos que paga el Estado Nacional.

Luego de las más diversas críticas a dicha propuesta por parte del arco político vernáculo y de un cacerolazo apoyando la iniciativa, el diputado por el “Frente de Todos” Sergio Massa propuso que la rebaja fuera del 40%. En los próximos días se prevén reuniones de todos los referentes políticos para acordar la tan esperada rebaja, con un supuesto objetivo de lograr un fondo aproximado de 200 millones de pesos. Entre tanto les dejó a los legisladores una humilde sugerencia. Considerando solamente el parlamento nacional sabemos que hay en él, 257 cargos de diputados y 72 cargos de senadores. La suma nos da 329 legisladores. Si calculamos que cada legislador tiene a su cargo en promedio 25 asesores, llegamos a un total 8225 asesores. Si consideramos una remuneración mensual promedio de 30.000 pesos por asesor, el costo mensual que se gasta en asesores ascendería a casi 247 millones de pesos. Este monto sería mensual, por lo que anualizado con el aguinaldo incluido llegaría aproximadamente a los 3.211 millones de pesos. A este monto o a parte significativa del mismo se sumaría la rebaja del 40% sobre las remuneraciones de los legisladores propuesta por Massa. De este sencillo cálculo surgiría un monto por demás importante para contribuir al cuidado de la salud de todos los argentinos.

En la próxima columna trataré el anunciado proyecto de declarar a las clínicas privadas de “interés público” y a la concentración por parte del Estado Nacional de la compra de insumos para combatir la pandemia. El jueves 2 de abril se cumplieron 38 años de la guerra del Atlántico Sur. Recordar y homenajear a los oficiales, suboficiales y soldados de nuestras fuerzas armadas  que libraron esa guerra. Que sepan los veteranos y las familias de aquellos caídos en acción, que no los olvidamos y que las Islas Malvinas son más argentinas desde 1982 gracias a todos ellos.

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