La violencia en la sociedad

Por Guillermo Pellegrini  – Lic. en Ciencia Política

La violencia es una de las manifestaciones más comunes en la sociedad actual.

El vocablo “violencia” nace en Roma. Los romanos  recurrían al término violencia cuando se referían a ideas o conceptos que denotaban fuerza, vehemencia, furia, ira y otros excesos temperamentales, que no se ajustaban a la concepción más amplia que la violencia tiene en el pensamiento occidental contemporáneo, fruto de continuas elaboraciones a lo largo de los tiempos.

Sea como fuere, la violencia en el mundo o la violencia social, siempre intrigó  a los hombres y en la mayoría de los casos los sumió a una perplejidad,  paralizante o provocadora. En nuestros días el asombro y ese tenue sentimiento de fatalidad, aún no se ha alejado de nosotros. Podemos negar o rechazar conscientemente su existencia, lamentar su presencia, pero de alguna manera la sentimos incorporada a nuestra naturaleza, sin que por ello dejemos de formularnos la consabida pregunta “por qué la violencia”.

En la China antigua, el venerable primer ministro del estado de Ch’an, Shi Huang Ti, también asumía parecida opinión, cuando afirmaba que la ciencia de la sociedad es el poder. “Las personas en sí mismas son cobardes y perezosas. El miedo al castigo los hace trabajar. Al gobernar el mundo se debe mandar de acuerdo con la naturaleza humana, distribuyendo recompensas y castigos a sus gustos y antipatías.”

La violencia es un problema que va aumentando diariamente no sólo en forma regional sino mundialmente, consecuencia del gran bombardeo televisivo que diariamente ataca a los niños, adolescentes y a la familia en general,  producto de los comics, las series, las películas, los informativos, quienes posteriormente lo reflejan cometiendo actos violentos ya sea verbales o físicos. Es increíble pensar que niños de corta edad cometan actos de violencia, que en muchos casos van mezclados con patotas o mayores que los impulsan a delinquir y a delinquir con violencia.

El desprecio a la vida del otro, ya que ellos desprecian su propia vida, actualmente vemos aumentada la violencia que si bien se debe a causas como las nombradas anteriormente, el aumento de criminalidad en las calles se puede incrementar por  motivos de subsistencia, por las crisis económicas, las escenas de violencia familiar, todo un conjunto triste y preocupante.

Los chicos viven con mucha violencia y rebeldía contra sí mismos y contra los demás. La escalada de violencia juvenil tiene que ver con que las familias, las escuelas y las instituciones barriales, que fueron las trasmisoras de valores, hoy están ausentes, no cumplen ese rol de contención trascendental.

Tenemos que hacer un esfuerzo para superar lo aparente y hacer un análisis que vaya un poco más allá de lo que vemos, darnos cuenta que la violencia es social, que la misma encierra mucho más que la sumatoria de todos los hechos violentos y por ende contiene causas estructurales mucho más profundas. Si la violencia se torna cotidiana y convivimos con ella es indefectible que la misma penetre en lo profundo de nuestro ser, por ende nuestra actitud frente al otro, ante la vida, es a través de la violencia  o sea son violentos conmigo en la calle, en el trabajo, en el colectivo, en el club o en la escuela y yo soy violento con los demás, con mi perro, con el gato, con el chofer, con el mozo y con el barrendero de la esquina que no me deja estacionar… es un circulo espiralizado sin fin hasta el presente y con tendencia en aumento.

La cultura y la educación son formas de modular la agresividad y se apela por hacer un esfuerzo mayor para su fomento y desarrollo para conseguir mejores resultados en la lucha contra todas las formas de disfunción social basadas en la violencia.

Los seres humanos son agresivos por naturaleza y si bien ese instinto es necesario para la supervivencia de la especie es la sociedad actual  la que falla en el control de los comportamientos agresivos, innecesarios y patológicos.

Las causas serían la masificación, la contaminación acústica y atmosférica, las deficiencias de la educación, las crisis económicas, la falta de empleo, la inseguridad en las calles y la frustración de las expectativas de buena parte de la juventud y de la sociedad toda, agravada por la pandemia actual.

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