La sociedad intolerante

La sociedad intolerante

Por Guillermo Pellegrini. Maestro Normal – Lic. Ciencia Política

La intolerancia es la falta de habilidad y voluntad de aceptar algo. Cuando nos referimos a la intolerancia social es no admitir costumbres y tradiciones de otras personas por su raza, religión, sexualidad o ideas políticas.  Es sinónimo de intransigencia, obstinación y terquedad.

Todo esto no nos permite tener una buena convivencia, siendo generadora de violencia y violentos hasta terminar en “crímenes de odio”.

Los titulares en casi todos los medios nacionales o internacionales, desde hace mucho tiempo, resaltan los temas de intolerancia, quiere decir que seguimos en una siesta histórica. La intolerancia por parte de los países a la hora de luchar contra hechos de rencor ha permitido que minorías étnicas y religiosas, inmigrantes y refugiados sufran una amenaza permanente que en muchos casos se concreta en forma de agresión, dolor y muerte.

Hay un aumento de las migraciones, del mestizaje, de la explosión demográfica, de nuevas formas de diversidad, la respuesta no ha sido tan buena, se ha comprobado la existencia de sociedades estancadas que no reaccionan, no dan solución a estos incidentes. Viendo segregación,  desigualdad, exclusión y en general variadas formas de intolerancia.

La intolerancia crece dentro de las personas, dentro de los grupos. Viéndola en el deporte, en programas de TV y hasta en el seno de las familias. Es promovida desde estereotipos y prejuicios, ideologías totalitarias y fanatismos religiosos. Esta estigmatización acompaña intereses oscuros, enfermizos.

Recordemos como el nazismo buscó normalizar la violencia, desarrollando  el nacionalismo extremo y el ultra nacionalismo en un contexto de crisis económica. De ahí la importancia de denunciar la intolerancia y las ideologías que llevan a la exclusión, la violencia y la delación como herramienta para el ascenso político y económico de unos pocos. Que trae divisiones, purgas, caos y muerte.

Trabajemos para la Paz, sirviendo, ayudando, solidarizándonos, con el más débil, cuidando la convivencia, no sembrando angustia y miedo. Los extremos son siempre malos y cuesta mucho volver a la normalidad, después de los intentos de reformas estructurales líricas y revolucionarias. Recordemos que “todos los seres humanos nacen libres e iguales”, “deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Artículo 1° Declaración de los Derechos Humanos).

Pero no es fácil descubrir la intolerancia, no forma parte de una religión, de una ideología, sino de la propia naturaleza humana. La lucha contra la intolerancia se sostiene con recursos, educación, información, calidad de vida, pero sobre todo, con el progreso y la igualdad de oportunidades para todos en un marco absolutamente democrático y participativo. Todos deben estar comprometidos, no debemos depender de un “líder obsoleto” o de un grupo de “iluminados”.

Hoy en día los discursos dominantes desde los medios de información, redes sociales, ponen todo en cuestión, normas, instituciones y personas, los lazos sociales se encuentran debilitados, esto no hace más que generar intolerancia.

Se deben…“restaurar los valores que hemos tenido como integrantes de sociedades en las que debe valer la pena vivir”…  Dr. Gustavo Enz (ex Gobernador de un Distrito Rotario).

La intolerancia en grado sumo actualmente la estamos viendo con la Yihad, la Guerra Santa, que con maneras extremas de  ejercer la violencia con sus crímenes de odio, vemos decapitaciones y ejecuciones, junto a niños sonrientes, que festejan los crímenes de sus padres. Lamentablemente estos niños, hombres del mañana, fueron educados para la violencia como forma de vida.

Finalmente podemos decir que para no ser intolerantes, deberíamos trabajar la impulsividad, lo diferente no divide, puede sumar, es mas en la diversidad está la excelencia. Aprender a escuchar y respetar serían las claves de una mejor sociedad.

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