¿Cuántas veces nos ha pasado de encontrarnos caminando por la misma vereda que transitamos todos los días y descubrir algo que no habíamos notado? O comenzar a prestarle atención a un edificio que en realidad está allí desde hace 40 años. Con la vida “acelerada” que muchas veces llevamos nos perdemos de tantas cosas, situaciones que tan solo con levantar la mirada, pueden llegar a cambiarnos el día y transformarse en una historia más para contar.

Yoel Zaracho, más conocido como “Yoel Zeta” en las redes sociales, comenzó hace un tiempo a querer transmitir esas sensaciones, que nos perdemos cotidianamente a través de la fotografía. Con una cámara que compró luego de casarse y apenas con 24 años, comenzó a retratar cada cosa que veía, desde un viaje hasta el lugar donde recientemente se había mudado: Pilar.

Las calles comenzaron a ser su escenario favorito, la gente poco a poco se fue sumando a este juego de querer contar, algo que esté más allá de nuestra vista, de conocer la historia que hay detrás de una simple estructura o de una mirada que transmite felicidad, pero que detrás esconde el deseo de llegar a casa y relajarse después de un día agotador.

Me propuse que si salía algún trabajo sobre fotografía para poder pagar la cámara, lo iba a agarrar. Y así arranqué”

A pesar de que no es su trabajo, Yoel trata de encontrar un momento en su día a día para agarrar su cámara y salir a capturar instantes, conocer gente, mostrar sus imágenes impresas en un álbum de fotos, sí, como esos que se utilizaban hace tiempo, y disfrutar de momentos únicos. Básicamente, un poco de la magia que irradia la fotografía.

¿Desde chico soñabas con sacar fotos?

Para nada. Cuando me casé, nos fuimos de luna de miel a Misiones y de ahí cruzamos a Ciudad del Este, donde me pude comprar la cámara. Saque mis primeras fotos en Iguazú, fotos como las que sacaba cualquier persona, pero al mismo tiempo me propuse que si salía algún trabajo sobre fotografía para poder pagar la cámara, lo iba a agarrar. Y así arranqué, prácticamente de la nada.

Siempre me gustó todo lo relacionado al arte. Antes tenía una banda donde yo tocaba la batería y de chico me gustaba mucho pintar.

¿Recordas qué modelo era?

Una D3100 (Nikon), la cual la tuve hasta diciembre del año pasado. Las fotos de Ushuaia y Calafate que se pueden ver en mi Instagram, son las últimas que saqué con esa cámara. Cuando volví la cambié por una D500. Venía ahorrando hace dos años para poder conseguirla.

Muchos imaginan que el secreto de una buena fotografía es por tener una cámara costosa ¿qué pensas sobre eso?

Mirar con otros ojos lo común, te hace vivir un poco más. Es ver la vida en imágenes”

Realmente no. Las últimas fotos que saqué con la D3100 son las que más impactaron entre los seguidores. Me llegaron mensajes desde España comentando que les gustaba una foto que nombre como “Ushuaia nocturna”, una publicación que llegó a más de 2500 likes. No será mucho, pero en ese momento yo tenía alrededor de 4 mil seguidores y el promedio era de 100 “Me gusta”.

De a poco la gente se fue sumando y eso me incentivó a poder hacer cosas nuevas, como comprar la cámara, pero no fue fundamental.

¿Cómo fue fusionar tus ideas con las redes sociales?

Tenía mi Instagram personal, como todo el mundo, pero subía videos haciendo pavadas, para divertirme con mis amigos, hasta que un día pensé en subir una de las fotos que había sacado. Empezó a gustar y a mí también me gustó la reacción de la gente, fue toda una seguidilla de cosas que me animaron a poder seguir publicando algunos de mis trabajos en las redes sociales. Igualmente le sacaba a cualquiera cosa (risas). Las imágenes eran en JPG y ahora saco en RAW, cosas que uno va aprendiendo con el correr del tiempo.

¿Lo mismo sucedió con la edición de las fotos?

Antes “editaba” las fotos pero con filtros. Bajar un poquito la saturación o darle un poco de enfoque a algunas cosas. Sentía que mi primera cámara me estaba quedando chica, empecé a comprar lentes pero algo le faltaba. Lo mismo fue con la edición, algo debía cambiar y cuando empecé a sacar en RAW, también comencé a retocar en Lightroom.

¿Y con el resto de las imágenes? ¿Qué dice la gente acerca de tu trabajo?

Yo era de las personas que esperaban los “momentos especiales” para poder sacar la cámara. De ir a Capital, que es la típica de principiante, o de esperar a irme de vacaciones, porque creía que eran las mejores. Pero cuando volví pensé ‘no voy a esperar a viajar otra vez para sacar una foto, voy a sacar acá porque es mi lugar’, acá vivo hace años. Empecé sacando en La Lonja y después me vine al centro de Pilar. Y a la gente le encantó. Hasta el día de hoy me llegan mensajes todos los días de alguien nuevo que se suma, que para mí es un montón. Es un círculo, mientras más me transmiten, más ganas me dan de sacar la cámara.

Por otra parte, creo que las de Rio de Janeiro, a mi parecer, son las mejores que saqué hasta el momento. Pero hay veces que pensas listo, está foto la va a romper en las redes y después no llegan ni a 100 likes (risas). Eso me pasó con las fotos de Brasil. Por eso es que siempre les estoy preguntando a mis seguidores a dónde les gustaría que vaya o que les gustaría ver.

A mucha gente le gusta ver edificios antiguos o imágenes que le recuerden algo que vivieron ¿Fue difícil poder capturar esa esencia?

Un poco sí. Salir a la calle te cruza con muchas historias. La gente tiene un montón de historias. Una vez le quise pedir un retrato a una señora que estaba barriendo la vereda, levantó la mirada y tenía unos ojos hermosos, pero le dio vergüenza porque estaba despeinada. Le terminé sacando una foto de espalda, pero ella me dijo que vuelva para cuando esté un poco más arreglada (risas).

Una vez también le saqué una foto al hombre que vende garrapiñadas en la Estación. La gente me mandaba fotos comprándole. Eso también es poder ayudar a la comunidad y fue todo gracias a un post.

También sacarle una foto a alguien y que debajo otra persona comente a ese señor me lo crucé hoy a la mañana. Esa familiaridad o el sentirse “famoso” por un momento, es lo que, creo, pegó en la gente.

La mayoría de tus capturas son en Pilar y San Antonio de Areco ¿pensas ir a otros lugares para fotografiar?

Este año me propuse viajar y moverme un poco más con la cámara. Lo cierto es que Areco es un lugar que me gustó mucho pero Pilar lo estoy conociendo recién ahora. Si bien estoy desde el 2002, mis conocimientos llegaban hasta la Estación o la iglesia. También estoy conociendo más gente.

También decidí ponerme el “chip de turista” porque cuando uno siente que no está en su pueblo o ciudad, comienza a ver todo de otra manera. Mirar con otros ojos lo común, te hace vivir un poco más. Es ver la vida en imágenes. Recuerdo haber visto una story de Instagram de una chica que estaba filmando el cielo, había dos cables que cruzaban, unos pájaros quietos y otros volando alrededor. Era algo tan lindo que posiblemente haya sido en el medio de la ciudad y que uno no lo sabe apreciar, no lo ve.

¿Te pasó alguna vez de involucrarte mucho con la historia de alguien?

Puede haber situaciones o fotos similares, pero nunca igual”

Lo más emocionante fue conocer la historia del garrapiñero de la Estación de Pilar. Hace mucho le había sacado una foto, que me dejó con la condición de que se la dé impresa para regalársela a la mamá. Pasó un tiempo hasta que pude hacerme de tiempo para poder llevársela y justo ese día, era el cumpleaños para su mamá, a la cual el hombre no tenía para poder regalarle nada. Le di la foto y se largó a llorar, fueron muchas sensaciones juntas. Además de que no tenía plata hace poco le habían robado todo, hasta la ropa, y tuvo que mudarse con los amigos. Lo que había detrás del corazón de esa persona, era mucho más de lo que yo pensaba.

También me pasó de sacarle una foto a una mujer abrigando a su hijo antes de entrar a la escuela. Es algo que parece cotidiano, pero a mí me hizo acordar cuando mi mamá me abrigaba al punto de que no me podía mover y en ese momento veías como hielo en las zanjas por el frio que hacía por la mañana. A mí me transportó a mi niñez y creo que algo parecido debe pasar con la gente que ve mis fotos.

¿Alguna vez estudiaste fotografía?

Nunca. Hice un curso online, pero era solo de lectura, y ni siquiera era pago. Después fue todo práctica y ganas de mejorar. Uno decide estancarse y no avanzar más o seguir mejorando en muchos aspectos de la fotografía.

La clave es animarse…

Sin dudas, y sepan que la cámara no hace al fotógrafo. Hay muchos que sacan fotos con celular y son realmente muy buenas. Sigo a un chico que hace fotos increíbles y la magia está ahí, en quien la saque. Los ángulos son diferentes. Poder tener un diploma colgado, un diploma en la pared, pero eso no es garantía de éxito ni de nada. Lo que vale es el talento y si lo tenés, podes llegar muy lejos. Aunque diría que lo más importante de todo, es la responsabilidad.

¿Qué lugar ocupa la fotografía en tu vida?

Siento que es una forma de expresarme, de capturar momentos únicos. Sacas una foto y la inmortalizas para siempre. Sacarle a una madre agarrándole la mano a su hijo y que ese chico, después de muchos años vea esa foto y se vea él, que observe como su mamá y él se miraron, es un  momento especial, que pasa una sola vez y no se repite nunca más. Eso sucede con la fotografía, puede haber situaciones o fotos similares, pero nunca igual. Es mi forma de plasmar todo lo que sucede en la vida.

Belén Gómez

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