Cuando Evita se fue de la vida en 1952, todo un pueblo la lloró desconsoladamente, y a pesar de la feroz campaña de quienes la habían odiado no pudieron arrancarla del corazón de millones de argentinos que la amaban profundamente. La presencia de Eva Duarte de Perón en la vida política de nuestro país ha sido un fenómeno difícil de explicar, tiene ciertos ribetes de misterio la trascendencia que ha llegado a tener alguien que nunca ocupó formalmente un cargo político y de algún modo interpela ciertas explicaciones racionales de la historia.

Eva Duarte había nacido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 7 de mayo de 1919, esto es, hace cien años. La voluntad de encontrar un camino distinto del que le ofrecía la vida pueblerina la llevó a viajar a Buenos Aires, cuando tenía apenas 15 años. Estaba determinada a ser actriz. El camino para lograrlo estaba sembrado de dificultades, adversidades y malos tragos, sin embargo al cabo de diez años había logrado instalarse como una actriz de radio, cine y teatro que gozaba de cierto reconocimiento.

Podríamos decir que Eva estaba cumpliendo con sus sueños, sin embargo, hubo un hecho en su vida que cambiaría rotundamente su destino, en 1944, en ocasión de una colecta para socorrer a las víctimas del terremoto de San Juan conoció a un coronel, Juan Domingo Perón, que a la sazón era Secretario de Trabajo y Previsión. Desde entonces se convertiría en la compañera del coronel Perón con quien se casó en  octubre de 1945. Todos conocemos, en mayor o menor grado, como continuaría la historia: la llegada de Perón a la Presidencia de la Nación en 1946, con un rotundo apoyo popular, las transformaciones que llevó a cabo que le trajeron aparejado un masivo apoyo popular, pero también, y esto hay que decirlo un enconado odio de una parte de la población, aún de muchos que habían sido favorecidos por los cambios.

No es mi propósito detenerme en ese tema que excede las pretensiones de este texto, sino traer a nuestra memoria el papel que cumplió durante los primeros siete años  de su mandato, esta extraordinaria mujer a la que el pueblo llamó simplemente Evita, nombre con el que perdurará en la memoria de los argentinos, trascendiendo asimismo las fronteras de nuestro país convirtiéndose en un ícono mundial.

Eva Perón no se reconocía como feminista, sin embargo, si consideramos algunos de sus logros, y su indiscutible protagonismo en un mundo hasta entonces reservado férreamente a los hombres, me refiero a la política, tendremos que reconocer que su  vida y su accionar han sido de enorme significación en el campo de la reivindicación de los derechos de la mujer (objetivo central del feminismo en todas sus corrientes). Pero no se limitó a luchar por los derechos de la mujer sino, y fundamentalmente por esa enorme masa de seres maltratados por una historia cruel, los pobres, los marginados, los excluidos, los humildes. Por eso se la ha recordado con ese epíteto de  “Abanderada de los humildes”. Aquella pequeña aspirante a actriz, que había  desafiado los riesgos de una ciudad difícil como Buenos Aires, y los desafíos de una profesión no siempre bien vista, encontraría seguramente en ese reconocimiento que  le llegaba, el amor al que aspira, casi siempre un artista, aún sin saberlo.

Los siete años que le restaban a su vida en 1946, fueron intensos, de lucha, trabajo y pasión pero culminarían con una muerte joven (a los 33 años). Durante esos años la acompañó el afecto inconmensurable del pobrerío, pero no solo del pobrerío, sino de muchos que valoraban genuinamente su trabajo político y social.

Esa reivindicación de su figura fue en muchos casos fruto de la reflexión inteligente de muchos actores, políticos o no que se adentraron en el misterio que supone Evita. Al mismo tiempo se dio un fenómeno que mostraba lo peor de los seres humanos, un odio irracional y vengativo que la persiguió aún después de su muerte, con el secuestro y ocultamiento de su cadáver, por ejemplo, pero esa es otra historia, sobre la cual hay testimonios como los que escribiera Rodolfo Walsh en un famoso cuento titulado “Esa mujer”. También es un tema que nos excede hablar de los innumerables textos literarios que la recuerdan: cuentos, novelas, obras de teatro, operas, poesías, ensayos.

Evita si viviera tendría 100 años, resulta difícil imaginarla como la anciana que hubiera sido, pero esa es una vana especulación, porque Eva Duarte, Eva Perón, “Evita”, está fuera del tiempo, está en la historia y sobre todo en la memoria de nuestro pueblo.

Hace ya unos cuantos años que hemos recuperado la democracia, único ámbito posible para el desarrollo humano. Sería deseable que revisáramos nuestros prejuicios, nuestros afectos inconfesables y le dejáramos un lugarcito, apenas un lugarcito a la esperanza. Compartir, comunicarnos es lo mejor que nos puede pasar, en este caso son textos, diversas miradas que enriquecen: fragmento de un discurso de Florentina Gómez Miranda y las opiniones de dos historiadores que se refieren a Eva Perón.

E.R.


Florentina Gómez Miranda habla de Eva Perón

Florentina Gómez Miranda en los últimos años de su vida casi centenaria ya, recordaba en un reportaje pasajes de su vida política, siendo ella radical, la relación con el peronismo tenía un lugar central y en especial habló de cómo había ido variando su valoración del papel que había tenido Eva Perón.

Recordaba entre otras cosas cómo se había negado a llevar luto por la muerte de Evita y cómo había sido dejada cesante en 1954 de su cargo docente. Treinta años después, el 7 de mayo de 1984, en circunstancias totalmente diferentes (diputada nacional en ese momento) le toca hacer y decir (por decisión de su bloque) un discurso en homenaje a Eva Perón. De ese discurso extraemos algunos pasajes que revelan cómo había cambiado su mirada respecto de Eva Perón. La Dra. Miranda evocaba ese discurso señalando que la vida es una verdadera maestra.

“Quién me iba a decir que yo, que desde mi ignorado puesto de maestra combatí con todas las fuerzas de mi espíritu a Eva Perón cuando estaba en la plenitud de su juventud y en el apogeo de su poder político, quién me iba a decir que yo, en el año 1984, desde ésta, mi banca de diputada de la Nación –que de alguna manera se la debo a ella-, en nombre del bloque de la Unión Cívica Radical y en el mío propio rendiría este sincero y –por qué no decirlo- emocionado homenaje (…)

Eva Perón tenía ese fuego sagrado que sólo los predestinados poseen. Era una auténtica exponente del pueblo. Por eso encendió pasiones incontroladas. (…)

Eva Perón nos enseñó que para comprender al pueblo, para sentirlo y para interpretarlo no se necesitan títulos académicos, no se necesitan títulos universitarios, ni siquiera estudios especiales; basta con haber tenido que sentir la injusticia y no olvidarla. Basta con haber vivido el dolor y mantener el corazón abierto; por eso su pueblo peronista la venera y por eso yo la comprendo y la respeto…”.

Florentina Gómez Miranda (1912-2011) maestra, abogada y diputada nacional por la UCR


Para leer y pensar, lo imborrable de la historia (Fragmento)

El odio de sus encarnizados enemigos la sobrevivió. Dinamitaron el lugar donde murió para evitar que se convirtiera en un sitio de culto, prohibieron su foto, su nombre y su voz, pasaron con sus tanques por las casitas de la Ciudad Infantil hasta convertirla en ruinas, abandonaron la construcción del hospital de niños más grande de América porque llevaría su nombre, echaron a los ancianos de los hogares modelo, quemaron hasta las frazadas de la fundación, destrozaron pulmotores porque tenían el escudo con su cara, secuestraron e hicieron desaparecer su cuerpo por 16 años. Pero como sospechaban los autores de tanta barbarie, todo fue inútil.

Felipe Pigna

De Lo imborrable de la historia, artículo aparecido en Página 12 el 26/07/12

 

Un fenómeno político

Como dice la historiadora Carolina Barry: “…hay una de entre las asignaturas que todavía quedan pendientes, que es un debate profundo sobre Eva Perón. Los problemas que suscitan los estudios acerca del peronismo se multiplican cuando nombramos la palabra mágica “Evita…”, hay un personaje cuyo papel ha sido por demás menospreciado por la historiografía académica, que es el que jugó Eva Perón dentro del peronismo”.

Por Sergio Wischñevsky

Fragmento extraído del artículo titulado “Un fenómeno político”, Diario Pagina 12  26/07/12

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