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“Tono” Aon: “Uno que es nativo de Pilar y que tiene una actividad reconocida e injerencia en ciertas cosas, debe comprometerse”

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Nació y se crio en Pilar. Vive en la casa paterna donde vivieron sus padres desde principios del siglo XX, frente a la plaza 12 de Octubre donde también está la tradicional sastrería “La Reina”, abierta desde el año 1913, seguramente el negocio más antiguo de Pilar. Integra la Asociación Civil en formación “Un Hospital para Pilar”, que se ha propuesto la finalización del nuevo nosocomio municipal en Panamericana. Fue secretario de gobierno del intendente Luis Murad. Integró como vicepresidente tres períodos en el Club Atlético Pilar. Acompañando la gestión de Nito Arana, participó del salvataje de la Ciudad Deportiva de Ruta 8.

Se te ve últimamente muy entusiasmado con Pilar.

Yo siempre estuve entusiasmado con Pilar. Lo que pasa es que mi participación en el grupo “Un Hospital para Pilar” hizo que pusiera de manifiesto lo que siento por la ciudad donde vivo desde que nací. Después de mucho tiempo vuelvo a participar activamente dentro de una institución, desde mi paso por el Club Atlético Pilar, donde supe estar mucho tiempo. El Club Atlético fue el lugar donde me crie.

Naciste en Pilar aunque por tus nombres cualquiera hubiera pensado que naciste en Francia.

Yo nací acá, en esta casa donde estamos haciendo el reportaje, el 26 de agosto de 1935. Mi mamá Rose Rahai era francesa. Ella nació en París, de una familia libanesa. El Líbano hasta fines de la década del ’40 fue colonia francesa. En el tiempo en que nació mi madre, El Líbano vivía su época de esplendor en Medio Oriente. Mis padres se conocían por relaciones de familia. Mi madre cuando se casó tenía casi 14 años y estaba estudiando en París. Mi papá José Juan nació en El Líbano, en un pueblo que se llama Seyin.

Yo hablo mucho de que a Pilar le hace falta un plan integral de urbanización y estamos a tiempo de hacerlo”

Vino a Pilar con su padre en 1913. En el ínterin, las familias habían hecho los trámites para que mis padres se pudieran casar, para ello mi papá viajó a Beirut y se casaron allá en el año 1923, papá tenía entonces 25 años y trabajaba en la sastrería de mi abuelo, acá, frente a la plaza de Pilar. Luego del casamiento viajaron a Argentina y se instalaron en Pilar con mi abuelo. La sastrería está desde el año 1913, luego de una fugaz pasada por Capital Federal, en la calle Reconquista. Vinieron a Pilar gracias a un remate que se hacía en esa época, trayendo gente de Buenos Aires en los transportes conocidos como ‘bañaderas’. Se entusiasmaron y compraron la propiedad en Pilar. Mi mamá tenía más visión comercial que mi papá, era más arriesgada. Papá era más conservador. La casa de mi madre en El Líbano todavía está en pie y en el lugar hoy hay un monasterio de monjas, es una casa de tres pisos. Mi familia era verdaderamente numerosa.

¿Cuántos hermanos son?

Éramos seis, cuatro mujeres y dos varones. Falleció la segunda de mis hermanas y hace pocos años mi hermano. Mi hermana la mayor hoy tiene 96 años y gracias a Dios está muy bien y reside en El Palomar.

¿Cómo fue tu niñez y adolescencia en Pilar?

Tuve una infancia muy sencilla y feliz, como todos los chicos de mi época. Iba al colegio y por la tarde jugaba. Fui de primero a cuarto grado al Colegio de Hermanas, donde hoy está el Parroquial. Ahí estudiaron todos mis hermanos. Quinto y sexto lo hice en la Escuela Nº 1 con unas maestras excepcionales, a pesar que nos tenían ‘zumbando’. El secundario lo hice en el Instituto Ángel D’Elia en San Miguel. Íbamos en principio en el colectivo 141, que estacionaba en la esquina de mi casa, donde estaba el Bar ‘La Marta’. Luego viajábamos en tren cuando ya éramos más los que íbamos a San Miguel, entre ellos el doctor Marconcini, Nando Arana y dos de mis hermanas, entre otros. Cuando volvía del colegio iba directamente al club. Yo tenía 9 o 10 años y ya iba al Atlético. Me gustaba mucho jugar al ping pong, al básquet y también aprendí a jugar al billar. En esa época no dejaban jugar a los menores en los bares y nuestra ‘salvación’ era ir al club.

Deben juntarse los empresarios, los comerciantes, los políticos y programar entre todos el Pilar que queremos para el futuro”

Después del secundario me anoto en la Facultad de Ingeniería, curso dos años. Apruebo el primero y en el ínterin haciendo el servicio militar, me entusiasma Carlos Moreno con su emprendimiento, la heladería “Bom que Bom”. A mí me gustaba mucho el negocio de la sastrería, pero mi padre no quería que dejara de estudiar, por lo que no me daba lugar para trabajar. Un día tomo coraje y le digo que ya no quería estudiar, cosa que casi me cuesta que me echara de casa. Carlos Moreno me invita a asociarme en la heladería que tenía al lado de la municipalidad, sobre la calle Rivadavia donde hoy está la joyería Florencia. Quien apoyó mi idea fue mi mamá. Después nos mudamos a la esquina donde hoy está Lyon’s, ahí acoplamos también una pizzería. Nos iba muy bien, pero al poco tiempo y gracias a los buenos oficios de mi madre que había ‘calmado las aguas’ con mi padre, vuelvo a la sastrería. Arreglada toda la situación, ni lo pensé, lo hablé con Carlos que entendió la situación y desde ese momento estoy en el negocio que es realmente mi pasión. De Carlos Moreno tengo el mejor de los recuerdos.

¿Por qué el bar de la esquina de Lorenzo López y Belgrano se llamó ‘La Marta’?

El bar se abrió en el año 1938. En ese año nació quien sería con el tiempo mi señora, Marta Piccolo. El bar lo abre el abuelo de mi esposa a fines del 38 y le puso el nombre de la nueva nieta. Se llamó así hasta el año 1968 en que se cerró. Con Marta nos conocemos desde muy niños, prácticamente nos criamos juntos. Recién nos casamos cuando yo tenía 24 años y ella 20. Ella estuvo mucho tiempo fuera de Pilar, después pupila en el colegio Virgen Niña de Villa del Parque. Nuestra relación se dio por amigos y amigas en común. Yo me pongo de novio con ella el día anterior a entrar al servicio militar. Aunque siempre estuvimos en contacto, ya que mucha gente trabajaba en la Fábrica Militar donde hice la conscripción y varios amigos que trabajan ahí  nos hacían de correo. A pesar de ello a veces pasábamos un mes sin vernos. No quiero dejar de mencionar entre estos emisarios al chofer del colectivo de la Fábrica Militar, el señor Gutiérrez que llevaba mis cartas y me traía las de ella. Al poco tiempo ya los contactos empezaron a ser telefónicos. Estuvimos unos tres años de novio y luego nos casamos.

El negocio familiar va por su cuarta generación.

Mi abuelo fundó el negocio, pero el que lo generó fue mi padre. Después lo seguí yo. Ninguno de mis hijos siguió con la tradición. De hecho Germán, mi hijo varón, trabajó una semanita y no le gustó. Pero hoy en día tengo un nieto trabajando, Facundo, hijo de Silvia, por lo cual “La Reina” va ya por la cuarta generación. Facundo tiene 25 años, casi la edad en que yo comencé a trabajar en la sastrería. Tuvimos tres hijos: Cristina, Germán y Silvia. Tengo siete nietos. Tres de Cristina, dos de Silvia y dos de Germán. También tengo dos  biznietos, una nena y un varón.

Integraste varias comisiones directivas del Club Atlético Pilar.

Fui vicepresidente durante tres períodos. Uno con Pocho Rodríguez, otro con Nito Rodríguez y el tercero con Pedro Bottarelli. Con Nito cuando el club cumplió 75 años logramos salvar durante esa gestión -años 80-81- la Ciudad Deportiva que venía con muchas complicaciones. Sacamos el problema a flote con un gran trabajo y la ayuda de gente que colaboró mucho con nosotros.

¿Durante estos 106 años de trayectoria comercial, hubo cambios importantes en el negocio?

El local está físicamente igual a como estaba en 1913. Externamente está igual. Lo único que estaba distribuido internamente de otra manera. Al principio había indumentaria femenina y masculina, incluso mi papá cortaba ropa acá. Después en el año 48, se instala acá al lado, donde hoy hay una peluquería, una tienda de un señor de apellido Putinian, muy buena gente pero que a mi padre lo tocó, ya que aunque era más bien una tienda, vendía  también ropa para caballeros. El negocio se llamaba “Tienda La Princesa” y el de mi papá “Casa Aon- Tienda San José”, nombre que le puso mi padre por su devoto y confeso catolicismo. Mi padre siempre decía que él era ‘católico, apostólico y romano’. Entonces en el año 49, mi papá hace importantes reformas en el frente y la vidriera y rebautiza el negocio con el nombre de “Casa La Reina”, dedicándose a la venta de indumentaria masculina, con la clara intención de ‘marcar territorio’ a su competidor. Pero además, hace un local al lado, donde mi mamá pone un negocio de ropa exclusivamente para mujer: “Modas Sergito”, en honor a mi sobrino mayor, hijo de una de mis hermanas, a quien prácticamente ella había criado, con lo que paradójicamente una casa de venta ropa masculina se llamó “La Reina” y la de mujer “Modas Sergito”, curiosidades de esa época.

Pilar se fue expandiendo mal, fue creciendo mal, yo creo que en Pilar no se ha tenido en cuenta el desarrollo”

A partir de 1950, comienzo yo a tener más injerencia en el negocio, con cierta resistencia de mi padre que seguía con su estilo conservador. Yo creo que en esa época Pilar era considerada una ciudad más importante que ahora, por su diversidad; en mi rubro por ejemplo había cinco o seis casas que se dedicaban a la venta de ropa masculina.

¿Cómo ves el crecimiento de Pilar?

Yo hablo mucho de que a Pilar le hace falta un plan integral de urbanización y estamos a tiempo de hacerlo, siempre hay tiempo para hacerlo. Pero tiene que haber un consenso al respecto. Deben juntarse los empresarios, los comerciantes, los políticos y programar entre todos el Pilar que queremos para el futuro y para eso es importante que el Municipio incentive al privado para que invierta en Pilar; hoy lamentablemente se desalienta la inversión por los altos costos que se manejan en los alquileres y los derechos de construcción.

Pilar se fue expandiendo mal, fue creciendo mal, yo creo que en Pilar no se ha tenido en cuenta el desarrollo, y cada uno hizo lo que quiso y como quiso. La calle Champagnat, por ejemplo, podría haberse hecho más ancha. Con el transcurso del tiempo uno se va dando cuenta de esas cosas. Yo tuve mi paso por el Municipio en el año 1971, con el intendente Murad, de quien fui su secretario de gobierno. Lamento no haber tenido en ese momento la mira en lo que hoy se ha convertido Pilar. Quizás no era el momento, pero me siento en deuda con mi ciudad  ya que creo era el momento de haber comenzado a pensar un Pilar para las próximas generaciones. Pilar está muy acotado de espacio por donde se lo mire y  ya han pasado 50 años sin que ningún gobierno haya hecho algo para solucionar los problemas urbanos que padecemos hoy.

¿Es elegante el hombre pilarense?

Yo creo que la moda masculina ha cambiado mucho y no para bien, todo lo contrario. Hay demasiada informalidad a la hora de vestirse. Aunque hoy noto que los muchachitos quieren volver a vestir bien. Hoy organizan un cumpleaños de 15 y vienen a buscar su saquito, su traje, su moño, su corbatín. Los mas informales son los jóvenes y adultos que van de los 25 a los 50 años. Lo que es lamentable por otra parte es ver a funcionarios que van a trabajar en mangas de camisa y no lo digo solamente porque me perjudique comercialmente, sino porque creo que se tiene que volver a darle valor a la presencia y mucho de la presencia tiene que ver con el buen vestir. Si hay mucha gente que viene al negocio y me pide consejos a la hora de comprar ropa, yo tengo una formación muy completa en mi rubro, ya que he hecho cursos de telas y varios más; estoy capacitándome siempre, esto me permite ver una prenda y saber si está bien hecha o no.

Por otra parte por los vaivenes del país el rubro textil fue uno de los más castigados. Yo he visto muchas fábricas enormes cerradas. Fábricas de casimires que en los ‘60 y los ‘70 uno veía sus telas y confecciones y nada tenían que envidiarles a las inglesas. Hoy eso ya no se ve.

Como decíamos al principio, estás muy comprometido con “Un Hospital para Pilar”.

Han pasado 50 años sin que ningún gobierno haya hecho algo para solucionar los problemas urbanos que padecemos hoy”

Uno que es nativo de Pilar y que tiene una actividad reconocida e injerencia en ciertas cosas, debe comprometerse. El hospital que tenemos, alguna vez fue importante. Hoy tenemos la posibilidad de tener un nuevo hospital, más moderno. Cuando surgió el tema del estacionamiento, me dije que no se podía desaprovechar una situación así y ahí fue donde nos motivó a varios pilarenses a hacer algo al respecto y nos juntamos un puñado de voluntades en pos de lograr el hospital que todos los pilarenses nos merecemos. Entre ellos, al primero que vi fue a Fredy Llosa. Me costó convencerlo, porque él venía golpeado con sus iniciativas de qué hacer con Pilar, nunca tomadas en cuenta por las autoridades de turno,  por lo que no quería saber nada del tema. Yo le dije ‘Fredy, metete, que esto va a ser muy importante para Pilar’, hasta que al final lo convencí. Hoy puedo decir que Fredy se puso más que la ‘camiseta’ del proyecto; realmente el trabajo que está haciendo en esto es muy importante, ya que él maneja la parte inicial de la cosa, el basamento de la iniciativa.

Son muchas las horas que invierte haciendo gestiones, charlando con los especialistas y la verdad que lo hace con mucho entusiasmo y responsabilidad. Además de Fredy, los más activos del grupo son Marcelo Patiño, Marisa Dellavedova, Mario Tarela, Luis Sosa, Carolina Lonne, mi hija Silvia y yo. Además de  un apoyo muy grande en las actividades que tenemos programadas de parte del “Pollo” Arroyo. Otros integrantes son más de consulta, como Omar Boragno de Derqui, el “Cholo” Ingolotti, Daniel Bonfanti, Omar Asturiano y Patricio “Yuyo” Colombo Mosetti, entre otros

Por otra parte, se ha conformado un equipo, un grupo de gente, de colaboradores -fundamentalmente mujeres-, que tienen un gran entusiasmo y permanentemente están creando cosas. En este momento tenemos programados entre 60 y 70 eventos con fines recaudatorios. Los tenemos todavía ‘en carpeta’, ya que todavía estamos en el tramo final de la aprobación de la asociación como entidad de bien público. Esta cuestión nos limita para salir a la calle. Estamos saliendo para promocionar el trabajo que venimos realizando, pero todavía no podemos salir a pedir colaboración hasta que no tengamos la Personería Jurídica. Si le venimos pidiendo colaboración al Municipio, como en los pasados carnavales, para que nos tengan en cuenta, este importante apoyo a la causa se va a formalizar próximamente con la firma de un  convenio.

Yo creo que la moda masculina ha cambiado mucho y no para bien, todo lo contrario”

Sabemos que la empresa no es fácil, será una tarea bastante ardua. Pero yo creo que vamos a lograr el objetivo,  porque hay mucho entusiasmo, todo el mundo trae ideas y eso es bueno ya que lo queremos es que la gente tenga sentido de pertenencia con la idea de Un Hospital para Pilar, que todo el mundo se sienta parte.

Oscar Orlando Mascareño

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