Por Guillermo Pellegrini

Maestro Normal – Lic. en Ciencia Política

Cuando miramos algunas sociedades reconocemos los variados problemas existentes, empezamos a comprender que son  importantes, fundamentales, que no pueden resolverse en el nivel superficial en que fueron creados. Necesitamos otro nivel de pensamiento más profundo, más responsable.

Deberíamos enfocarlos con disciplina, o sea mantenernos firmes en el trabajo de investigación para poder afrontar los mismos y resolverlos. Firme no quiere decir inflexible, ni ir siempre por el mismo camino. Es con voluntad y disposición interior de permanecer fiel al objetivo, sin perder el foco. La responsabilidad, la autenticidad, la constancia, el orden, el trabajo y la coherencia, más la verdad son valores que encarnan la disciplina, aplicándose en todas las actividades humanas, recomendándose para una mejor educación.

La violencia, la actitud intempestiva, más la intolerancia son elementos catalizadores que ponen en evidencia lo que se anida en la sociedad, junto a la tragedia del dogmatismo. “Siempre sostuve que los únicos antídotos contra la estupidez, la mediocridad y la barbarie son la educación y la cultura”. Arturo Pérez-Reverte.

El riesgo y la incertidumbre forman parte del estilo de vida que nos ha sido impuesto, peligro en forma de accidente inesperado por el solo hecho de salir a la calle, riesgos por las nuevas tecnologías y concretamente a las condiciones deplorables de supervivencia en la fase tardía del capitalismo. Las sociedades están enfermas, dado cierto orden que no se acepta, fundado en privilegios, el consumo ostentoso y la pobreza o también por el desorden, la falta de control, la impunidad, la permanente protesta social y la actitud contestataria generalizada. A pesar de lo que llaman progreso nunca antes la humanidad había vivido entre montañas de cemento y desperdicios, centrales nucleares, productos transgénicos y contaminantes industriales. El resultado no es alentador nos encontramos con una urbanización salvaje, destrucción del territorio, ruidos, soledad, confinamiento y sedentarismo. Por ejemplo la ciudad de México tiene 22 millones de habitantes,  la ciudad de San Pablo, Brasil 21 millones de habitantes. Lo cual determina malas condiciones de vida agravándose a diario con nuevos escenarios, más complejos y de mayor peligrosidad ambiental.

En estas sociedades en permanente crisis vemos el papel del “padre”, nadie les enseña su rol, llegando muchos a serlo a una edad temprana, todavía faltos de formación individual, lo que ocasiona serios problemas a los mismos, a los hijos y a las  sociedades. Existen abundantes pruebas de que la experiencia que tiene el niño de los acontecimientos más traumáticos de su vida, pasan por la vivencia de los adultos responsables con los que conviven  y alternan. Todo repercute después en las condiciones educativas del mismo en la comunidad, los objetivos son los de provocar el desarrollo integral del niño que le conduzcan a mantener una relación positiva con su entorno natural y social. Este nuevo joven debe ser libre, capacitado y responsable de poder construir su propia imagen y no basada en la de algunos ídolos fugaces, con pies de barro.

En una sociedad cambiante, el ideal de lo que nos enseñaron y la realidad cruda serían la razón del conflicto o agonía en que vivimos. El reto actual para sociólogos, economistas y políticos consiste en que tienen que crear para las diferentes sociedades, nuevos modelos que se salgan de los esquemas clásicos y respondan a las nuevas coyunturas y urgencias que están demandando a gritos las mismas.

La meta para los líderes religiosos y para los responsables de guiar intelectual y espiritualmente a la humanidad, debería centrarse en difundir con intensidad y nuevo foco, los valores eternos, la esencia del hombre y su irrenunciable relación con su creador. Todo vibra hablando de valores, de estructuras tradicionales y necesidades de nuevos modelos, somos conscientes que nos enfrentamos a un cambio y a una construcción que necesita generosidad, imaginación y creatividad. Si la educación de tantos países anda mal, la raíz no hay que buscarla en lo económico, sino en una crisis más profunda y antigua. La crisis nos produce falta de fe y esperanza en el futuro, lo hace incierto, faltaría entonces la base para una educación mejor. Al tener una educación sin rumbo en las sociedades, caemos inevitablemente en la mediocridad y la injusticia. Lo importante es hacer un buen diagnóstico para tener una buena solución, si equivocamos el diagnóstico, seguimos en una larga historia de fracasos y problemas no resueltos.

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