"Me mató el himno": Cómo vivió el partido contra Inglaterra un veterano de Malvinas
El excombatiente pilarense Gustavo Walter siguió la semifinal desde su casa y asegura que el triunfo de la Selección le despertó emociones imposibles de explicar. Recordó a sus compañeros, a su padre y destacó el respeto por la causa Malvinas, aunque remarcó que el fútbol y la guerra "no deben mezclarse".
El pitazo final desató una celebración en todo el país. Argentina derrotó 2 a 1 a Inglaterra, se clasificó a la final del Mundial y volvió a escribir un capítulo especial frente a un rival que, para millones de argentinos, siempre tendrá una carga histórica. Entre quienes vivieron el encuentro de una manera diferente estuvo Gustavo Walter, veterano de la Guerra de Malvinas y vecino de Pilar, quien reconoció que la emoción lo atravesó desde el primer minuto.
"Los partidos contra Inglaterra siempre fueron especiales. Ya en el '86 fue algo terrible lo que hizo Diego y van pasando los años, pero el de ayer me mató. Me mató el himno", confesó en diálogo con Resumen.
Walter contó que siguió el encuentro desde el mismo lugar donde vio todos los partidos del Mundial. "Los vi siempre en el mismo sillón, con el mismo té y el mismo canal. Son esas cábalas que uno tiene", relató entre risas. Sin embargo, reconoció que antes del comienzo sintió que los nervios podían más que él. "Le dije a mi señora que no sabía si iba a aguantar verlo completo. Pero cuando escuché cómo los jugadores cantaban el Himno Nacional me paré del sillón. Lo cantaron con una fuerza que me llegó al alma", confesó.
Aunque admite que el rival inevitablemente remueve recuerdos, Walter marca una diferencia clara entre el deporte y la guerra. "Es un partido de fútbol, no mezclemos las cosas. Estos jugadores ingleses no tienen la culpa de lo que pasó hace tantos años", afirmó. Sin embargo, reconoce que el contexto histórico está siempre presente. "Cuando aparecen los cantitos de Malvinas o la bandera argentina en los festejos, uno siente un mimo al corazón. Es imposible que no te movilice", sostuvo.
El veterano explicó que, al terminar el encuentro, el primer recuerdo no fue la guerra sino su padre: "Pensé en mi viejo. Vi con él los Mundiales del '78 y del '86. Me acordé de esos momentos que compartimos. Después sí, cuando empezaron los festejos y mi hija subió una foto mía de cuando estaba prisionero en Malvinas, volvió toda esa historia a mi cabeza".
Esa imagen, tomada por soldados británicos tras el final del conflicto, lo muestra junto a sus compañeros el 14 de junio de 1982. "Por ahí no me doy cuenta de que fui uno de los protagonistas de esa historia", reflexionó.
Walter asegura que nunca renegó de haber defendido las Islas. Al contrario, considera que fue un honor: "Yo tuve la suerte y el orgullo de defender un territorio que es argentino. Juré la bandera sin saber que pocos meses después iba a estar combatiendo en Malvinas. Eso no se olvida nunca".
Sin embargo, también dejó un mensaje para las nuevas generaciones: "Quiero que entiendan que Malvinas fue parte de nuestra historia, pero que nunca más haya un conflicto bélico. Ojalá algún día las Islas vuelvan por la vía diplomática. Malvinas fueron, son y serán argentinas, pero siempre hay que buscar la paz".
Durante la charla también vinculó la guerra con otro momento trascendental para el país: el regreso de la democracia. "Nosotros fuimos parte de la historia. Después de Malvinas vino la democracia y hay que cuidarla. A veces no sabemos valorar lo que tenemos. Hay que recuperar los valores y respetar las instituciones", subrayó.
A sus 64 años, Walter dice sentirse orgulloso de su país, de Pilar y de la bandera que flamea todos los días en el mástil de su casa. "Cuando la veo gastada la cambio enseguida. La bandera hay que respetarla porque yo la juré. Eso es algo que me acompaña todos los días", dijo.
La clasificación de Argentina a una nueva final del mundo volvió a despertar una emoción colectiva. Para Gustavo Walter fue mucho más que un triunfo deportivo. Fue una noche de recuerdos, de lágrimas contenidas, de orgullo y de memoria. Una demostración de que, aunque el fútbol y la guerra pertenezcan a planos distintos, hay partidos que inevitablemente vuelven a tocar las fibras más profundas de la historia argentina.

