La Reserva Natural cumple 23 años y celebra su transformación

El espacio natural atravesó un proceso de recuperación que comenzó entre residuos y autos abandonados. Hoy es un punto de encuentro para quienes buscan conocer y disfrutar la naturaleza.

La Reserva Natural de Pilar cumplió 23 años y la fecha sirvió para repasar una historia marcada por la recuperación ambiental, el compromiso comunitario y un crecimiento que, en sus primeros tiempos, parecía difícil de imaginar. Graciela Capodoglio, referente de Patrimonio Natural, recordó los comienzos de un proyecto que nació en un terreno muy diferente al espacio que existe actualmente.

En aquel entonces, el predio estaba cubierto de basura y era utilizado como un desarmadero clandestino de vehículos. Frente a ese escenario, surgió el desafío de recuperar el lugar y demostrar que podía convertirse en un espacio destinado a la conservación de la naturaleza.

Capodoglio recordó que, en los primeros años, también existían dudas sobre el futuro de la iniciativa. La oficialización de Patrimonio Natural como organización no gubernamental y la creación de la Reserva por parte del Concejo Deliberante se produjeron con apenas un día de diferencia, entre el 19 y el 20 de septiembre. "A veces pensábamos si estábamos tirandonos a la pileta con una cosa que no tenía sentido o si realmente iba a valer la pena", relató.

Un respaldo clave llegó de Aves Argentinas, cuyos especialistas recorrieron el predio y realizaron relevamientos de flora y fauna. A pesar de las condiciones en las que se encontraba, encontraron un importante potencial natural y alentaron a continuar con el proyecto.

Con el paso del tiempo, uno de los principales objetivos fue que los vecinos comprendieran que no se trataba simplemente de un espacio verde, sino de un área protegida con normas específicas y destinada al disfrute de toda la comunidad. Ese cambio cultural fue parte fundamental del proceso, en una época en la que las actividades vinculadas con la observación de aves y el contacto con la naturaleza todavía no tenían la difusión que alcanzaron en la actualidad.

La evolución quedó reflejada en la cantidad de personas que actualmente se acercan. Recientemente, una actividad de observación de aves reunió a más de 30 participantes y la Reserva llegó a superar los 300 visitantes en una sola jornada. Para quienes impulsaron el proyecto desde sus comienzos, se trata de cifras que parecían impensadas hace dos décadas.

El crecimiento también representa un reconocimiento al trabajo sostenido para preservar el ambiente y acercar a la comunidad a un patrimonio natural que durante años permaneció oculto detrás de la contaminación y el abandono. Hoy, la Reserva ocupa un lugar cada vez más importante entre las propuestas de Pilar vinculadas con la educación ambiental, la biodiversidad y el disfrute responsable de los espacios naturales.

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