Kimberly-Clark vuelve a producir en el país, pero deja su planta en Pilar
La empresa retomará la fabricación local de papel higiénico tras siete años, pero el relanzamiento llega tras una fuerte reestructuración que incluyó el cierre de su planta en Pilar y el traslado de la producción a San Luis.
La multinacional Kimberly-Clark anunció el regreso de la producción de papel higiénico en la Argentina con el relanzamiento de su línea Scott, una decisión que marca un cambio tras años de importaciones. Sin embargo, detrás de esta novedad se esconde un proceso más amplio: la compañía dejó de producir en Pilar y trasladó su esquema industrial a la provincia de San Luis.
El retorno de la fabricación local se apoya en una estrategia orientada a ganar competitividad, reducir costos logísticos y acercarse al consumidor. Desde la empresa señalaron que la producción en el país permite mejorar la disponibilidad de los productos y sostener estándares de calidad, además de responder con mayor rapidez a la demanda.
No obstante, este anuncio contrasta con lo ocurrido meses atrás en el Parque Industrial de Pilar, donde la firma cerró su planta de manera sorpresiva. La decisión dejó a 220 trabajadores sin empleo y generó un fuerte conflicto sindical que aún resuena en el distrito.
Según denunciaron desde el Sindicato de Papeleros, el cierre se produjo de forma abrupta. Los trabajadores habían sido convocados bajo el argumento de una parada técnica, pero en cuestión de horas se les comunicó el despido. La planta, que funcionaba a plena capacidad, quedó cerrada y con custodia privada al día siguiente.
Desde el gremio sostuvieron que no existían razones productivas que justificaran la medida. Aseguraron que se trataba de una de las plantas más eficientes de la región, con personal altamente capacitado y años de trayectoria. La reacción incluyó un acampe en la puerta del establecimiento y movilizaciones con el respaldo de la Federación de Papel y otros sindicatos.
El conflicto también puso en cuestión la forma en que se comunicó la decisión empresarial. Mientras los trabajadores recibían las notificaciones de despido, ya se difundían públicamente los planes de inversión y expansión en San Luis, donde la compañía decidió concentrar su producción.
Ese proceso de centralización no fue aislado. Kimberly-Clark ya había iniciado un camino de reorganización años atrás, cuando en 2019 cerró su planta de Bernal y pasó a importar productos desde otros países de la región. En Pilar, la operación había quedado enfocada en segmentos específicos, hasta su cierre definitivo.
Actualmente, la producción se concentra en la planta puntana, que fue reforzada con inversiones millonarias en maquinaria e infraestructura. Desde allí salen las principales marcas de la compañía, en línea con una estrategia global de optimización de recursos.
En paralelo, el predio de Pilar fue reconvertido en un centro de distribución, lo que implica un cambio significativo en el perfil productivo del distrito. De ser un polo industrial activo, pasó a cumplir una función logística dentro de la red de la empresa.
Mientras tanto, el conflicto laboral derivado del cierre dejó expuesta la tensión entre las decisiones corporativas y su impacto local. Los trabajadores reclamaron la reapertura de la planta y la preservación de los puestos laborales, mientras avanzaban gestiones ante autoridades provinciales y nacionales.
En este contexto, el relanzamiento de la producción nacional de papel higiénico aparece como una señal ambivalente: por un lado, marca el regreso de una línea al país; por otro, confirma el retiro de la actividad industrial en Pilar, que pierde una de sus plantas más relevantes.
Así, el movimiento de Kimberly-Clark sintetiza una tendencia más amplia en el sector: empresas que reconfiguran su presencia territorial, concentran operaciones y redefinen sus inversiones, aun cuando eso implique abandonar enclaves productivos históricos como el de Pilar.

