Falleció Eduardo Mancini, histórico dirigente del Club Presidente Derqui
Brilló como deportista en varias disciplinas llegando a jugar como profesional. Integró varias comisiones directivas del club y en su gestión como presidente se gestó el Nivel Primario del Colegio. Además, fue delegado municipal.
A la edad de 79 años falleció el reconocido vecino derquino Eduardo Héctor Mancini, integrante de una tradicional familia de la localidad. Su despedida se está llevando a cabo en la Casa Velatoria Ponce de León de Presidente Derqui hasta las 12:30. La inhumación está prevista en el cementerio municipal de la misma ciudad a las 13:30.
Nació circunstancialmente el 3 de marzo de 1947 en Jesús María, Córdoba. A días de su nacimiento su familia regresó al barrio de Villa Crespo en Capital Federal, donde residían. Pocos años después se mudaron a Derqui, a una casa ubicada a tres cuadras del Club Presidente Derqui, institución de la que el pequeño Eduardo desde niño fue asiduo concurrente.
Practicó varias disciplinas deportivas, destacándose en todas. Jugó profesionalmente al básquet en Boca Juniors y al fútbol en Peñarol de Montevideo. Integró varias comisiones directivas del Club Presidente Derqui, llegando a presidir la entidad. En el plano institucional de la pujante institución, durante su gestión tuvo especial participación en la creación del nivel Primario del colegio de la institución. Fue nombrado socio vitalicio a los 43 años.
Tuvo cinco hermanos: Cacho, Roque, Isabel, Cesar y Juan, de los cuales sobrevive el último de los nombrados, el menor de la familia. Los primeros años de afincamiento en Derqui fueron épocas muy difíciles para los Mancini, que para sobrevivir debieron dedicarse a la venta ambulante en diversos rubros, mientras el padre Nicolás seguía trabajando de ‘mateo' en Palermo los fines de semana.
Eduardo terminó la primaria en la Escuela 22 del barrio Monterrey. "No seguí estudiando, pero si practiqué varios deportes: básquet, fútbol, tenis criollo, ping pong, vóley -comentó en una oportunidad a Resumen-. En todos me destaqué y participé con éxito en varias olimpiadas. Cuando tenía 14 años, Quique Basterrica, un gran amigo y jugador de básquet me lleva a jugar al Club Textil de Los Polvorines con el que salí campeón de la Liga General Sarmiento".
Sus buenas actuaciones no pasaban desapercibidas y fue contratado por el Club Atlético San Miguel, que participaba entonces en importantes ligas provinciales. Siguió jugando al básquet ya en forma profesional en Argentinos de Junín, Tiro al Segno, Atlético Pilar y Boca Juniors.
"Reconozco que siempre fui un tipo indisciplinado -confesó-, yo jugaba para el público, para la tribuna, me gustaba hacer ‘chiches' al estilo de los Harlem Globetrotters y eso no gustaba a los técnicos; por eso no duraba mucho en los clubes que me contrataban. Por algo me apodaban "el loco" y en algún momento "el beatle" ya que usaba el pelo largo en esas épocas", contaba.
El inquieto deportista también tuvo su cuarto de hora en el fútbol profesional. En su adolescencia jugó en Ferrocarril Oeste y tres meses en Peñarol de Montevideo, como mediocampista.
En el plano político, Eduardo confesó ser "peronista y un apasionado de su ciudad: Presidente Derqui. Yo fui delegado de Derqui en tres oportunidades, dos con Humberto Zúccaro y también acepté el cargo cuando me lo ofreció Sergio Bivort. Estoy muy conforme con las cosas que hice por los vecinos de todos los barrios de Derqui".
En el plano personal, Eduardo estaba casado con la docente jubilada Angélica Chevallier, primera directora del nivel primario del Instituto Santiago Derqui. Tuvo tres hijos: María Eugenia, Mariana e Iván, los tres son profesores de Educación Física.
"Todos los presidentes que pasaron por el club dejaron su impronta en alguna obra importante -recordó- y yo también quería dejar mi huella. Ya lo había acompañado a Carlitos Pro, cuando en su presidencia se creó el Jardín de Infantes ‘Los Conejitos' y cuando me llegó a mí el turno de dirigir los destinos del club, me propuse crear la primaria. Con mucho esfuerzo y ayuda lo pude lograr. Estoy orgulloso de ello, porque si de algo estoy arrepentido es de no haber podido estudiar, un poco por problemas económicos y otro poco por vago. Mi señora Angélica fue directora de la escuela del club y creo que haber dejado inaugurado el nivel primario, compensa en parte esa falencia en lo personal".
Oscar Mascareño

