El trasplante que le devolvió el futuro a Lautaro

Tiene 14 años y fue trasplantado de riñón el 21 de diciembre en el Hospital Garrahan. Su mamá repasó el duro recorrido desde el diagnóstico de Nefropatía por Inmunoglobulina A, el paso por la hemodiálisis y una recuperación que sorprendió al equipo médico.

La historia de Lautaro es la de un adolescente cuya vida cambió de manera abrupta a fines de 2023. El 28 de diciembre de ese año se despertó una enfermedad poco frecuente que hasta entonces era desconocida para su familia. Días más tarde, el 4 de enero de 2024, los médicos confirmaron el diagnóstico: Nefropatía por Inmunoglobulina A, una patología sin cura y con muy pocos casos registrados en el país. A partir de ese momento comenzó un camino largo y doloroso, atravesado por tratamientos complejos, incertidumbre constante y un profundo desgaste emocional.

En una primera etapa, Lautaro inició un tratamiento con medicamentos inmunológicos con la esperanza de frenar el avance de la enfermedad. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados y, con el paso de los meses, el daño en sus riñones se agravó. Finalmente, el 4 de julio de 2024 ingresó en hemodiálisis en el Hospital Garrahan. Desde entonces, debía concurrir tres veces por semana y permanecer conectado a una máquina durante cuatro horas por sesión. Para su mamá, ese momento fue el más difícil de todo el proceso: ver a su hijo en esa situación significó un quiebre emocional del que todavía le cuesta hablar.

La enfermedad no solo afectó su salud, sino que también modificó por completo su rutina diaria. Debido a la medicación inmunosupresora, sus defensas bajaron considerablemente y Lautaro tuvo que dejar el colegio para evitar riesgos. Además, se vio obligado a abandonar actividades que formaban parte de su vida cotidiana, como jugar al fútbol, compartir comidas sin restricciones o salir con amigos. A pesar de todo, su familia destaca su capacidad de adaptación y la fortaleza con la que enfrentó cada cambio, aunque el impacto emocional fue profundo tanto para él como para su entorno.

Lautaro fue trasplantado con éxito en el Hospital Garrahan y presentó una evolución más rápida de lo habitual en pacientes pediátricos.

Lautaro fue trasplantado con éxito en el Hospital Garrahan y presentó una evolución más rápida de lo habitual en pacientes pediátricos.

En septiembre de 2024 se realizaron los estudios genéticos necesarios para avanzar hacia un trasplante. Tras meses de espera y controles permanentes, en abril de 2025 Lautaro ingresó finalmente en lista. Desde entonces, la familia vivió pendiente del teléfono, sabiendo que una llamada podía cambiarlo todo. Esa llamada llegó el sábado 20 de diciembre por la tarde. Lautaro figuraba segundo en la lista, pero debía presentarse de inmediato en el hospital para cumplir con el protocolo correspondiente.

Las horas siguientes estuvieron cargadas de tensión. Tras ingresar al Garrahan, comenzaron los estudios de rigor y recién alrededor de las 5 de la mañana se confirmó que tanto Lautaro como el otro niño que estaba primero en la lista se encontraban aptos para el trasplante. La decisión final quedó en manos del equipo médico, ya que el donante era una persona muy pequeña y existía la posibilidad de que solo uno de los dos pudiera recibir el órgano.

La espera se volvió angustiante y, con el paso de las horas, la esperanza parecía desvanecerse. Sin embargo, cerca de las 8:30 de la mañana los médicos confirmaron que ambos niños serían trasplantados. Lautaro ingresó a quirófano a las 9:15 y salió poco después de las 13. La cirugía fue un éxito y no presentó complicaciones.

La recuperación superó todas las expectativas. En pocos días le retiraron drenajes, catéteres y sondas, y su evolución fue tan favorable que los médicos evaluaron darle el alta a los 15 días del trasplante, algo poco habitual en pacientes pediátricos. Actualmente recibe una medicación profiláctica por prevención, pero el riñón funciona de manera perfecta y no fue necesario realizar correcciones adicionales.

Si bien la Nefropatía por Inmunoglobulina A no tiene cura, el equipo médico explicó que hoy existen tratamientos y protocolos para actuar en caso de una recaída. Las expectativas son alentadoras y, después de un año marcado por el dolor y la espera, Lautaro y su familia vuelven a mirar hacia adelante, con la esperanza de recuperar una vida lo más normal posible.

El caso de Lautaro demuestra que no hay que bajar los brazos, hay que luchar por la salud y el bienestar de quienes nos rodean.

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