Antonio Espasa, el vendedor ambulante que ya tiene 10 Mundiales

Tiene 67 años y comenzó a trabajar a los 15. Desde hace décadas es una figura conocida en Pilar, donde vende desde rejillas para autos hasta banderas de la Selección. Pasó por mundiales, Superclásicos, festejos populares y generaciones de clientes que aún hoy lo reconocen.

Hay personajes que, con el paso de los años, terminan formando parte de la identidad de Pilar. Antonio Espasa es uno de ellos. Con 67 años y más de cinco décadas de trabajo como vendedor ambulante, su figura es habitual en Pilar, especialmente cuando la Selección Argentina disputa un Mundial o hay un superclásico.

"Como vendedor ambulante empecé a los 15 años. Ya tengo 67, así que sacá la cuenta", contó entre risas durante una entrevista con Resumen. Su recorrido comenzó mucho antes de llegar a Pilar. "Yo era de Boulogne y he andado por todos lados. El viejo me llevaba cuando todavía había lugares donde ni siquiera existían los puentes que conocemos hoy", recordó.

Su desembarco en el distrito se produjo hace casi cuatro décadas. "Acá empecé en el semáforo oeste en el año 87. El primer Mundial que hice fue el de 1990. Dicen que soy el vendedor histórico de Pilar y me parece que sí", afirmó.

Aunque hoy muchos lo identifican por las banderas argentinas, Antonio se dedica a distintas actividades durante el año. "Todo el año estoy con el jueguito de rejilla y franela para los autos. Hace más de 20 años que vendo lo mismo", explicó. Además, conserva otra faceta muy ligada a su historia personal: los churros.

"Fui el primer churrero de Villa Gesell en 1979. Tengo allá también una historia muy linda. Arranqué vendiendo churros cuando tenía 15 años, con una bicicleta", relató.

Cuando se le pregunta por los recuerdos que le dejó la calle, no duda en destacar el afecto de la gente. "Tengo muchos recuerdos y siempre buenos", aseguró. Y agregó: "Hay personas que me compraban churros en Villa Gesell y hoy pasan por acá, me reconocen y me saludan. Eso es muy lindo".

Para Antonio, la clave de su vínculo con los clientes está en la manera de trabajar. "Yo los trato con mucho respeto y mucho amor. Para mí vender no es un trabajo solamente. Es algo más. Es una sensación de alegría que siento al hacer esto", expresó.

No obstante, también atravesó momentos difíciles. Hace pocas semanas vivió una situación incómoda cuando efectivos policiales le pidieron que se retirara de su lugar habitual de trabajo.

"Vinieron tres patrulleros y ocho policías. Pensé que me venían a felicitar porque era un domingo temprano y hacía mucho frío. Pero me dijeron que me tenía que retirar y que me podían decomisar la mercadería", recordó. Finalmente, tras dialogar con un oficial, pudo conservar sus productos. "Después vino otro oficial que me habló con tranquilidad y me dijo que me retire, pero que no me iban a sacar nada", señaló.

Con la llegada de los partidos de la Selección, Antonio volvió a instalarse en la esquina de siempre. "Ahora estoy con las banderas argentinas y por suerte ningún problema", comentó.

Entre todos los productos que ofrece, las banderas siguen siendo las favoritas del público. "Lo que más se vende son las banderas. Después acompañan los gorritos, las viseras, las bufandas, las camisetas. Incluso tenía pulóveres para perros, pero ya se me terminaron", contó.

Las jornadas de partido suelen ser las más exigentes. "El otro día estuve casi diez horas trabajando porque jugaba Argentina. Fue el día que más vendí", aseguró.

También recuerda perfectamente lo que ocurrió durante el Mundial de Qatar 2022. "Arrancamos mal porque Argentina perdió el primer partido. La idea era hacer festejo y me volví sin vender nada", recordó. Sin embargo, la historia cambió rápidamente. "Después arrancó la levantada y sí, vendimos todo. Fue espectacular", rememoró.

Mientras la lluvia se desplomaba sobre el cielo de la Avenida Tratado del Pilar, Antonio sigue firme con una actividad que lleva adelante desde hace más de medio siglo. "Como siempre estamos acá, enfrente del Automóvil Club, con muy buena calidad, muy buenos precios y, por supuesto, muy buena atención", concluyó, invitando a los vecinos a acercarse a su puesto.

Más que un vendedor ambulante, Antonio es uno de esos personajes que acompañan las alegrías populares y que, generación tras generación, forman parte de la vida cotidiana de nuestro pueblo.

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