Los orígenes de esta profesión son muy remotos, pues cada vez que alguien asumió el papel de hablar en nombre de otro ser humano para defenderlo estaba ejerciendo ese difícil ejercicio de ponerse a defender los derechos de alguien (de abogar por él) cuando de algún modo su conducta entraba en conflicto con el entramado de normas que supone la vida en comunidad o con los intereses de otra persona.

Los datos más nutridos que tenemos de esta profesión se remontan, por lo menos en el mundo occidental a Roma, sobre todo a la República Romana con figuras como las de Cicerón y el legado de un Código que está en la base de todos los Códigos posteriores. Grecia hizo también aportes muy importantes, pensemos en Pericles, por citar a un destacadísimo ateniense entre muchos otros.

Resulta difícil describir el objeto del Derecho. Por eso intentaremos hacer algunas aproximaciones a conceptos afines. Decir abogacía es asociarla a Derecho, a Justicia, a conflicto de intereses, y por qué no a una bella palabra no siempre puesta en obra, me refiero a altruismo, porque qué otra cosa hace un buen abogado sino trabajar para defender los derechos del otro.

En los hechos no siempre las cosas suceden como lo planteamos porque el abogado de carne y hueso tiene todas las virtudes y defectos de cualquier ser humano. Y la abogacía como cualquier otra profesión supone un cuerpo teórico pero también una práctica, muchas veces compleja y riesgosa pero que permanentemente enriquece e interroga a la teoría.

Algunos que han pensado en esta profesión han buscado explicitar los rasgos que definen “un buen abogado” y atentos a esto transcribimos aparte el Decálogo del abogado que pensara y elaborara Eduardo Juan Couture, abogado uruguayo, especialista en Derecho Procesal. Nos parece que no tiene desperdicio y conviene que  tengan presente tanto los abogados como el resto de los seres humanos cuando recurrimos a esta antigua y valiosa profesión.

Los jóvenes y la abogacía

Durante mucho tiempo, el estudio del Derecho fue una de las pocas opciones que tenían los jóvenes que querían realizar estudios superiores, eso explicaría la multitudinaria población de esta carrera en las distintas universidades. Hoy en día la oferta de carreras universitarias se ha enriquecido enormemente, sin embargo, la  Facultad de Derecho sigue teniendo muchísimos alumnos, varios pueden ser los motivos, pero me detendré en uno que me interesa destacar, esto es la relación de esta disciplina con la Justicia y con los derechos de los seres humanos, si pensamos que la formulación explícita de esos derechos lleva no mucho tiempo en términos históricos, no mucho más de dos siglos, lo que ha generado una creciente consciencia en la población en general, sobre todo cuando terribles acontecimientos de alcance mundial como las guerras, revoluciones, genocidios, invasiones  y las secuelas de los mismos nos han llenado de espanto y al mismo tiempo han encendido las luces de alerta en la sensibilidad  de una humanidad que teme por su destino.

Pero el tema de la Justicia o de la Injusticia que tanto conmueve a la juventud es sin duda un incentivo fundamental para quien elige esta profesión. También es cierto que la adultez con la presión de las demandas de la cotidianidad suele hacernos dejar a un lado lo mejor de nosotros mismos: sostener una familia, lograr respetabilidad, acceder a un status deseable, la pérdida de los ímpetus juveniles y la influencia de un entorno más materialista hace que los otrora quijotes se apoltronen.

Pero no siempre es ni ha sido así. Partiendo del ejemplo de Alberdi, a quien se rinde homenaje al designar como Día del Abogado a la fecha de su nacimiento destacaremos su compromiso con su país, con sus conciudadanos y con el hombre en general, que lo llevó a preferir el exilio para no abdicar de sus principios. La semana pasada recordamos su posición ante la guerra en general (a la que considera un crimen) y especialmente ante la Guerra del Paraguay.

También es absolutamente destacable el invalorable aporte que suponen “Las Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina”. Texto en que se fundamentó la Constitución de 1853.

Merecen nuestro respetuoso homenaje

Desde entonces muchos son los nombres de hombres de leyes que honraron la profesión, nombraré sólo algunos, porque la lista siempre es larga e incompleta. No podemos dejar de recordar a Lisandro de la Torre cuya vida y su trágico final acreditan su absoluto compromiso con la Ley, el Derecho y la Ética. Cabe recordar asimismo a los numerosos letrados que pagaron con su vida, muchas veces el haber defendido presos políticos durante la última dictadura militar, por ejemplo lo sucedido en Mar del Plata el 6 de Julio de 1977, episodio conocido como “La noche de las  corbatas”, de todos ellos, quiero recordar al Dr. Norberto Centeno, destacado abogado laboralista y uno de los que elaboró la Ley 20744 de Contrato de Trabajo.

En estos tiempos en que una parte de los políticos y determinadas corporaciones empresarias atacan las leyes que protegen a los trabajadores y a los abogados que los defienden, es un buen ejercicio recordar por qué fue asesinado el Dr. Centeno.

Quiero recordar también a dos abogados de la provincia del Chubut que sufrieron el ataque feroz de la dictadura, me refiero al  Dr. Solari Yrigoyen y al Dr. Mario Maya ambos perseguidos por defender presos políticos. El Dr. Solari Yrigoyen sufrió un  atentado, prisión, torturas y un largo exilio, en el caso del Dr. Maya tenemos que hablar de secuestro, prisión, torturas y muerte.

En este ejercicio de buena memoria voy a tomarme la licencia de retroceder en el tiempo hasta llegar al 5 de octubre de 1916 y recordar a un abogado rosarino de origen italiano, el Dr. Francisco Netri cuando fuera asesinado  desde la ominosa sombra del odio por el sólo hecho de haber defendido en 1912 a los campesinos, de Alcorta y otros pueblos santafesinos, en su mayoría arrendatarios o pequeños propietarios que se veían condenados a la miseria por la avaricia e indiferencia de los grandes terratenientes.

Así fue como nació la Federación Agraria Argentina que no debería, a mi entender, olvidar aquellos orígenes que la honran. Francisco Netri, el abogado de los campesinos, dio su vida por defender sus derechos, cumplía con su deber como “abogado”, honró su profesión hoy lo recordamos y en su homenaje transcribimos un poema de José Pedroni que le está dedicado.

Seguramente hay mucho, muchísimo más que decir y sobre todo hoy, cuando la defensa de los derechos, en todos los terrenos parece estar librando una batalla histórica.

E.R.

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