El pasado 7 de agosto, como todos los años se produce en la ciudad de Buenos Aires un acontecimiento religioso que podríamos inscribir dentro de lo que se denomina   devoción popular, me refiero a la Festividad de San Cayetano. El punto de reunión de los fieles se encuentra en la Parroquia de San Cayetano ubicada en el barrio de Liniers. En esta oportunidad hubo además una importante marcha, miles de personas marcharon por la Avenida Rivadavia rumbo al centro, a Plaza de Mayo pues la habitual súplica por pan y trabajo adquiere particular intensidad frente a la crisis económico social que venimos arrastrando y que ha dejado trágicas consecuencias como un creciente desempleo, hambre y desesperanza.

Para darse cuenta del monto de sufrimiento y angustia que genera el desempleo es  importante aunque no indispensable haber vivido la falta de trabajo y su secuela de  hambre y marginación.

Estos acontecimientos de la religiosidad popular suelen estar fuertemente relacionados con la problemática social y política del momento. La devoción a San Cayetano, el santo del pan y del trabajo, nació en nuestro país alrededor de los primeros años del siglo XX. Este santo italiano que vivió entre los siglos XV y XVII fue canonizado promediando el siglo XVII. La iglesia lo reconoce como el Padre  de la Providencia, con el tiempo, el lema de “pan y trabajo” con que se lo relaciona adquirió enorme significación en el imaginario de los pueblos castigados por la falta de trabajo  y/o terribles hambrunas. El siglo XX en nuestro país tuvo épocas esperanzadas y tiempos de crisis difíciles de olvidar como la famosa década del 30. El santuario de San Cayetano fue un lugar donde se oyeron las voces, los reclamos y también los agradecimientos de quienes no han pedido de la vida otra cosa que un trabajo y condiciones de vida dignas.

Como el tango y otras manifestaciones populares nació esta particular devoción en los suburbios de Buenos Aires. En esas tierras, llamadas popularmente “de Liniers” se establecieron las Hermanas de la Congregación del Divino Salvador quienes  construyeron allí la residencia de las religiosas, una capilla y un colegio. Venían con  un propósito evangelizador y trajeron a estas tierras la devoción por San Cayetano. Este santo italiano había nacido en Vicenze, Venecia, y residido mucho tiempo en Nápoles donde es muy venerado. Cuentan sus biógrafos que fue un sacerdote  destacado intelectualmente, que sin embargo a cierta altura de su vida promediando  los 30 años decide dedicarse totalmente a paliar la pobreza de sus semejantes, hace entonces del ejercicio de la caridad una forma de vida, para ello, además, funda hospitales, crea un banco para los pobres y da origen a una orden de sacerdotes regulares que siguen su propuesta espiritual, los teatinos.

Quiso el azar o la providencia que ese pequeño santuario fundado al parecer hacia 1894 se convirtiera con los años en la Iglesia de San Cayetano, tal cual hoy la conocemos. Como los templos del medioevo es el resultado de la iniciativa y el trabajo de sucesivas generaciones de fieles que han ido dejando su impronta tanto en el aspecto material de la iglesia como en su fisonomía espiritual y social que le ha dado rasgos muy particulares. Tanto es así que en las sucesivas crisis que hemos vivido San Cayetano ha sido una suerte de termómetro de nuestra economía por lo menos de cómo la vive el pueblo. Sería interesante que quienes han sido y sean elegidos para como dice la Constitución Nacional entre otras cosas  “promover el bienestar general”, no lo olviden.

Siempre tratamos de aportar algún texto significativo relacionado con el tema que planteamos. En este caso se trata de una canción de Peteco Carabajal dedicada a evocar la devoción de San Cayetano.

 

San Cayetano

Peteco Carabajal

 

Tímidamente los hombres

llevando sombrero en mano

se inclinan mordiendo un ruego

llegando al viejo santuario.

Las mujeres y los niños

en corrillos apretados

se persignan y le rezan

su amor a San Cayetano.

La procesión encendida

con sirios y con reclamos

corea un cantico antiguo

corea un antiguo salmo:

San Cayetano te pido

que tenga pan y trabajo

no nos dejes sin tu ayuda

Bendito San Cayetano.

“El que debe responder

no ha de ser San Cayetano

los que deben responder

están mirando a otro lado”

El pueblo muy bien lo sabe

pero se aferra al milagro

en tierra quieren el premio

de algún cielo anticipado.

El olvido siempre empuja

con pena a los olvidados

buscando amparo en la fe

no conocen otro amparo.

La procesión encendida

con sirios y con reclamos

corea un cantico antiguo

corea un antiguo salmo:

San Cayetano te pido

que tenga pan y trabajo

no nos dejes sin tu ayuda

Bendito San Cayetano.

En otra puerta será

en otra puerta el reclamo

el que debe responder

no ha de ser San Cayetano

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