Sociedad

Rotary Club, una vocación de servicio para los pilarenses

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La Madre Teresa de Calcuta es sin duda una de las personas más admiradas en la historia mundial. Prueba de una entrega y generosidad inigualables, se dedicó a ayudar a “los más pobres de los pobres”. Pocos son capaces de dar lo que dio esta mujer. Pocos son capaces de “dar hasta que duela”. La Madre Teresa hoy es una inspiración para muchos que quieren explorar el camino de la bondad. La Madre Teresa de Calcuta era rotaria.

Rotary es una organización mundial compuesta por un 1,2 millón de socios, entre los que hay vecinos, amigos y líderes comunitarios, que impulsan cambios para mejorar la vida en la propia localidad y el mundo entero. El Club Rotary en Pilar ya lleva 75 años actuando y respondiendo a las problemáticas del partido.

“No podemos hablar de paz en el mundo si en el mundo que nos toca vivir hay hambre, hombres que no entienden lo que dicen y enfermedades”, afirma el presidente del Club Rotary, Mario Salvador Burcheri. A diferencia de otras organizaciones no gubernamentales, Rotary no se dedica a la beneficencia. Rotary persigue otra fórmula: une el servicio con la amistad. “Y esa es una forma de trabajo infalible”, agrega Burcheri orgulloso.

Actualmente el Rotary de Pilar cuenta con 23 socios. Dedicados como pocos, los rotarios se caracterizan por ser distintos. “No nos importa la ideología política, la religión, la raza o el color”, explica el presidente, “para invitar a un socio a pertenecer solo buscamos su vocación de servicio”. Los posibles socios son invitados a las reuniones semanales que realiza Rotary Club los días miércoles, y se evalúa en conjunto su inclusión a este equipo de gestión.

Y es que este grupo de personas, además de ser líderes innatos, se caracteriza por el poder de gestión. Organizados y trasparentes como pocos, Rotary tiene un estricto protocolo que cumplir para llevar a cabo cualquier obra que implique una mejora en la calidad de vida.

A través de la Fundación Rotaria, la rama económica de Rotary, los socios reciben el dinero para llevar a cabo los proyectos. La condición para hacerlo es un estricto rendimiento de cuentas sobre el destino del dinero, porque, de lo contrario, se pierde el derecho a pedir plata a la fundación. La primera donación que recibió Rotary durante la primera presidencia de Burcheri en 2003, fue de 20 mil dólares provenientes de Estados Unidos. Todo fue casi inmediatamente donado al Hospital de Pilar.

Cada socio brinda a Pilar dos cosas invaluables: su tiempo y su conocimiento. “Rotary es como un corte transversal de la sociedad: hay empresarios, médicos, educadores”, explica Burcheri, “y cada uno de ellos detecta las problemáticas rápidamente”. A partir de la observación, los socios llevan los problemas que ven a la mesa de Rotary y se discuten las posibilidades de cambio. La lógica que guía la elección de algunas cuestiones sobre otras está determinada por la cantidad de gente que afecta.

Y fue a partir de la mirada de un ex presidente, de la que surgió un proyecto que benefició a nada más y nada menos que 72 ancianos. En la presidencia de Juan Carlos Estrella surgió la motivación de implementar cambios en el Hogar de Ancianos Silvio Braschi. “Nos estás metiendo en un baile de varios años”, le comentaron algunos socios. Pero eso nunca fue un impedimento para que las refacciones iniciadas en el 2010 fueran concretadas. Desde Estrella, todos los presidentes mantuvieron la continuidad del proyecto.

“Cualquiera que hubiese visto a los abuelos hacer fila para bañarse con agua fría y cuidándose del piso húmedo y sin calefacción, habría querido donar al menos un peso para las reparaciones”, cuenta Juan Carlos cinco años más tarde. Las reformas no dejaron nada afuera: se empezó por la construcción de 36 baños y 12 dormitorios y se siguió con la cocina, un termo tanque, un ascensor para camilla y hasta un lavadero. “Nos entusiasmamos”, coinciden hoy entre sonrisas despreocupadas los distintos directivos de Rotary.

Si hay algo que sobra a los rotarios es humildad. “Rotary no hizo todo esto, nosotros solo hicimos la conexión para que este proyecto se llevara a cabo”, aclara Burcheri. Unimos voluntades, repiten una y otra vez. En este proyecto, algunas de las empresas destacadas fueron Hydras, Motas e Ilva, organizaciones que los ayudaron no solo con la provisión de materiales, sino que estuvieron presentes desde el primer día de las refacciones.

Además de la atención al asilo, Rotary estuvo presente en varios proyectos, especialmente relacionados a la educación y salud, sus dos grandes fuertes. Por nombrar solo algunos, llevaron a cabo la campaña “Ver para aprender”, que consistió en revisar la vista de casi 60 mil chicos para detectar problemas visuales a edad temprana. En relación a la salud, brindaron equipamiento al Hospital Meisner y Falcón. Hoy el próximo proyecto es el establecimiento de un centro de atención precoz de diabetes infantil, que esperan concretar en los próximos meses.

Pero uno de sus más grandes logros orientados al desarrollo personal es la posibilidad de becas universitarias, que cubren todos los gastos de la facultad y viáticos. Este año, la estudiante de Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad del Museo Social Argentino, María Eugenia Cerrudo, finaliza su último año de carrera. Como un premio al mérito, las becas son otorgadas a los mejores estudiantes de colegio secundario y aquellos que encarnan los valores que Rotary persigue. “Creo que esta beca es un reconocimiento al esfuerzo en la escuela y un gran impulso para seguir adelante “, dice la estudiante de 21 años, a pocas materias de recibirse.

Además de las becas universitarias, Rotary ofrece becas internacionales, aquellas que ofrecen la posibilidad de estudiar posgrados en el extranjero. En todos los casos, los rotarios destacan el valor de realizar estos estudios con el apoyo de la familia. “Cuando acompaña la familia de los chicos, los becados tienen éxito”, dice el ex presidente Jorge Godoy. Y agrega: “Las becas nos producen la satisfacción de haber podido ayudar a alguien en un proyecto de vida”.

Quizás los rotarios no perciben sus sonrisas cuando hablan de sus nuevos horizontes, de proyectos, de sus becados, de la vocación de sus socios. Rotary se convirtió para ellos en algo más que una organización. “No somos santos, pero damos algo de lo que tenemos, no de lo que nos sobra”, aclaran con modestia. Y es así, porque los socios de Rotary se unen a la organización solo por entender el verdadero sentido del servicio: el tiempo.  “Es que el tiempo es lo más caro que uno puede dar, porque no se recupera”, suspiran los rotarios con orgullo.

 

Azul Rizzi

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