El ayudante Maximiliano Riquelme rescató de la muerte a Lionel, cuando en un descuido, el niño cayó a la pileta de natación de su casa en el barrio Lima de Pilar. El bebé estuvo ahogado por varios minutos, pero el oficial lo salvó con técnicas de RCP.

La noche del pasado lunes, la Comisión Directiva de los bomberos voluntarios de Pilar agasajó a todo el cuerpo activo de la institución en las instalaciones de lo que será el nuevo cuartel de Ruta 8 y Zeballos.

Mientras tanto, se mantuvieron las guardias en el cuartel central de la calle Ituzaingó y en los destacamentos de Villa Rosa y Parque Industrial. En el complejo fabril, uno de los oficiales de guardia era el suboficial mayor Maximiliano Riquelme, quien recibió un llamado de su jefe, el comandante Ramón Pared, para que se presentara de urgencia en el futuro cuartel donde se estaba desarrollando el festejo del Día del Bombero Voluntario.

Al llegar, se encontró con la sorpresa de que lo estaban esperando para galardonarlo por su acto heroico del pasado mes de marzo, cuando le salvó la vida al bebé Lionel, en aquel momento de un año y medio de vida. Allí estaba el pequeño y sus agradecidos padres. Maximiliano recibió una condecoración y fue ascendido a Mayor, con todos sus compañeros, personal superior, directivos y familiares aplaudiéndolo de pie.

Lugar y momento justo

Aquella calurosa tarde de marzo, Maximiliano estaba visitando a su tía que vive en la intersección de las calles Camilo Costa y Salta, en la ciudad de Pilar.

“Estaba tomando unos mates cuando escuché unos gritos desgarradores que venían de la calle. Salí y vi a una joven mujer llorando con su hijo en brazos desvanecido y todo mojado. Enseguida me di cuenta que el pequeño se había ahogado”, comenzó el relato del héroe en el programa La Mañana de Resumen de FM Del Sol (91.5).

“Me identifiqué como bombero y les pedí que me dieran al menor para empezar a realizarse los ejercicios de resucitación. Lo puse de costado y comencé a insuflarle aire por boca y nariz, mientras lo masajeaba oprimiendo suavemente su pecho y espaldita para que el niño pudiera expulsar el agua de sus pulmones. Pasaron cinco segundos eternos, hasta que el pequeño comenzó a dar leves señales de vida, escupiendo agua por la boca; aunque aún estaba amoratado y no había recuperado la conciencia”, continuó Riquelme.

“En eso me avisaron que había un auto en la puerta para trasladar al niño al hospital Sanguinetti, a unas seis cuadras de donde nos encontrábamos. En el interior del auto, seguí haciéndole RCP y a poco de llegar a la guardia, tosió fuerte, expulsó agua y comenzó a llorar. Sin dudas buenas señales que Lionel había vuelto a la vida”, recordó.

“Ingresamos por donde entran las ambulancias e inmediatamente médicos y enfermeros comenzaron a trabajar en el pequeño. Recuerdo que uno de los profesionales me preguntó que trabajos de reanimación había realizado hasta el momento. Por suerte aprobó todo lo que había hecho hasta el momento en que se lo entregué a los médicos”, celebró.

Pasaron tres meses de aquel inolvidable suceso que dejó marcado para siempre al joven bombero voluntario de 26 años. Haberle salvado la vida a un pequeño niño de un año y medio será un acto de servicio, solidaridad y heroísmo que lo acompañará toda la vida, siendo ejemplo para sus pares y la comunidad.

Oscar Orlando Mascareño

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