Por Guillermo Pellegrini

Maestro Normal – Licenciado en Ciencia Política

No se pensaba que la llegada de la democracia a los países que anteriormente eran autoritarios en Latinoamérica fuera a resolver de manera automática todos los problemas, pero las promesas incumplidas en la democracia crearon en la ciudadanía, tristeza y desazón al verse las expectativas frustradas.

Las cosas que ocurren están a la vista en muchos países grandes, medianos y chicos, se observa que la representación política no deja al representante, al legislador, la capacidad de decidir conforme a su libre juicio, sino que es un autómata sujeto a las instrucciones de su partido o de grupos de presión. Si un legislador vota por convicción en contra de su bancada partidaria lo “congelan” lo apartan de la esfera del poder, lo cual “castra” y anula el vínculo entre el pueblo y el poder que dimana de este. La democracia no ha alcanzado la identificación entre gobernantes y gobernados.

La democracia no ha conseguido llegar a ámbitos donde se toman decisiones que afectan a toda la comunidad, la economía, la empresa, la  administración, la familia, según estudios publicados (Georgetown University) la cultura política sigue siendo intolerante, discriminatoria, raramente solidaria y poco participativa. A pesar de los avances que hemos tenido en materia de transparencia y acceso a la información, falta mucho para que el ejercicio del dinero público pueda ser revisado y vigilado de manera eficaz. La democracia no ha podido despertar el amor a la cosa pública, ha crecido la apatía política, la indiferencia y la dependencia clientelar basada en el interés individual, hay un total desinterés por el tejido gubernamental, una total falta de compromiso con la democracia y la construcción de la ciudadanía.

La relación entre dinero y política no solo no ha podido separarse sino que se ha fortalecido y podemos ver en muchos países que la democracia no ha fortalecido el federalismo, es mas en muchos estados se vive un “feudalismo”, hay tibieza en el accionar de los organismos del estado y falta de visión estratégica.

Uno de los mayores desencantos del individuo ante las promesas incumplidas es ver que todo sigue igual y las inequidades no se reducen. “La teoría de la democracia no es ni mas ni menos, que una forma de lucha por el poder, un sistema en el cual se hacen diversos ofrecimientos que no se concretan” (Dr. Castañeda – Universidad de México).

La confianza de la población es fundamental para que funcionen las instituciones, de lo contrario todo es vulnerable.

El gran reto es construir una sólida identidad ciudadana, que permita hacer frente a estas realidades mismas, que no pueden calificarse como buenas o malas, simplemente es lo que hay y punto.

En muchos países latinoamericanos vemos democracias donde priva el desorden y el estancamiento. En Europa sucede lo contrario, pues  más del 90 por ciento de la población de ese continente apoya la democracia y se involucra en la gestión cívica.

Lo anterior quiere decir que los avances democráticos deben fortalecerse y que es urgente dotar de eficacia a la democracia para que esta no solo sea un ideal sino también una realidad tangible. Las promesas incumplidas de la democracia, deben comprometer a los políticos, si, pero sobretodo a los ciudadanos, para los cuales ha sido creado el sistema democrático.

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