Ciega desde los 7 meses de edad a causa de una negligencia médica, cursó sus estudios primarios en una escuela especial y el secundario en un Liceo convencional, recibiéndose de Bachiller. Paralelamente estudió el profesorado de inglés, logrando el título de profesora. También estudió otros idiomas: francés e italiano. Cursó en Buenos Aires, por lo que tuvo  que viajar todos los días durante tres años en tren desde Presidente Derqui a Capital, acompañada por su madre.

Desde entonces dicta cursos de apoyo para alumnos de nivel inicial y medio. Aprendió computación y teclados en la Fundación Nano de San Miguel. Participó en varias oportunidades en los Juegos Bonaerenses logrando medallas de Plata y Oro en las finales provinciales de Mar del Plata. La presea plateada en la disciplina Tejidos en ‘Abuelos’ y la dorada con el elenco pilarense de Teatro Integrado.

Recibió varias distinciones, entre ellas dos veces la de Mujer Bonaerense, otorgado por el Senado de la Provincia de Buenos Aires y a nivel local el Premio Destacado de Pilar, organizado por el recordado canal PTC en el rubro ‘Actividad Cultural”, por su incursión en programas radiales y micros televisivos en relación a la integración de personas con capacidades diferentes. A través de ellos promocionó la creación de una escuela especial para ciegos en Pilar, iniciativa que desembocó en la creación de un servicio de la especialidad en la Escuela de Educación Especial Nº503.

Soy ciega desde los siete meses de vida, por eso no tengo conciencia de haber visto alguna vez. Si tuve percepciones de luces y colores”

Elisa Otilia Rodríguez nació en Capital Federal el 28 de octubre de 1941. Hija única de un matrimonio de clase media. Su padre, Juan Rodríguez fue comerciante, rubro en el que no le fue bien para luego emplearse en la fábrica de chocolates Felfort, previo paso por una bodega.

“Mi madre, Delmira Elisa Luna, era ama de casa y para ayudar un poco a la economía familiar también trabajó un tiempo en casas de familias. Tuve una infancia y adolescencia bastante modesta. Aunque debo reconocer que fueron épocas muy lindas, ya que como hija única, fui la mimada de la familia y pasé unos años muy lindos en Palermo. Cuando cumplí los 10 años nos mudamos a Ramos Mejía, donde pasé los mejores años de mi infancia hasta que empecé la secundaria. Después volvimos a Capital hasta los 16 años, cuando nos mudamos a Presidente Derqui, a esta misma casa donde vivo ahora. La primaria la hice en una Escuela Especial como pupila, donde estaba como interna de lunes a viernes. La secundaria la hice en una escuela común. No me tomaron examen de ingreso, con sistema braille tomaba apuntes y los libros me los copiaban en bibliotecas especiales para ciegos. No daba pruebas escritas, me tomaban oral y me recibí de bachiller. Paralelamente hice mis estudios de inglés, idioma que me gustó desde chiquita. Estudié con una profesora particular y rendía exámenes en la Asociación Argentina de Cultura Inglesa. Ejercí la profesión como particular aun antes de haberme recibido, me dediqué más que nada a dar cursos de apoyo a estudiantes secundarios. Tuve la oportunidad de enseñar a padres, después a sus hijos y en algunos casos a sus nietos. También estudié francés e italiano aunque no me recibí de profesora en ninguno de los dos idiomas”, comenzó relatando a Resumen.

¿Sos ciega de nacimiento o perdiste la vista después?

Soy ciega desde los siete meses de vida, por eso no tengo conciencia de haber visto alguna vez. Si tuve percepciones de luces y colores. Tenía un resto visual bastante precario. Dicen que el problema se produjo por una negligencia médica. Según me contaron mis padres, cuando mamá trabajaba en una casa de familia, se me produjo un problema en un oído. En lugar de llevarme a un hospital o centro asistencial  me vino a ver el pediatra de los hijos del matrimonio donde trabajaba mi madre que me puso una inyección y con la misma jeringa y la misma medicación me inoculó el líquido en el oído, lo que me produjo una reacción que me hizo –dicen- saltar literalmente los ojos. La situación a partir de ese momento fue irreversible, aunque la habían ilusionado a mamá con la posibilidad de que en el curso de mi desarrollo, a los 6 o 7 años, iba a recuperar la visión, pero fue todo un engaño.

¿Cómo y por qué llegaste con tu familia a Presidente Derqui?

Mis padres soñaban con tener su casa propia y se les presentó una oportunidad, comprándole el terreno a un tío mío. Por el antiguo Plan Eva Perón, durante la segunda presidencia de Juan Perón, año 54/55 comenzaron mis padres a edificar con un crédito a 50 años otorgado por el Banco Hipotecario. Comenzamos con una cuota semestral para nosotros exorbitante y más de una vez nos costó reunir el dinero para pagar la cuota. La anécdota es que cuando terminamos de pagar las últimas y ya estábamos en condiciones de escriturar, era más barato pagar la cuota que viajar en colectivo de Retiro al banco. Lo que ocurrió es que las cuotas eran fijas y durante todas esas décadas el país pasó por épocas de grandes procesos inflacionarios, que minimizaron el valor real de las cuotas que pagábamos.

Debo decir que por suerte siempre me encontré con gente solidaria que me ayudó”

¿Cómo conoces a tu esposo, Mario Coronel?

Es una anécdota bastante divertida. Lo conocí en el tren viajando a Capital con mi madre, mientras terminaba el secundario. Una de mis acompañantes de viaje era quien iba a ser mi cuñada, Alicia. Mario vivía al lado de la casa de ella. Para que no viajáramos solas a tomar el tren a las 6,30 de la mañana, nos acompañaba. Un día durante el viaje, él estaba hablando mal de los estudiantes y yo estudiante de quinto año, no me iba a quedar sin contestarle. Cuando dijo que los estudiantes ‘eran todos unos mal educados’ le dije: ‘un momentito, usted habla demás, no somos todos iguales’. Me pidió las disculpas del caso y de esa discusión se inició en principio una amistad que desembocó después en noviazgo. Yo tenía 19 años y cursaba el quinto año en el Liceo Nº 1 de Capital, ya que en Pilar no había muchas propuestas para estudiantes con mi problema y algunos establecimientos directamente no querían recibirme. Viajé a Capital durante tres años, hasta que finalicé mis estudios secundarios. Hasta nos acostumbramos con mi mamá a subir al tren del otro lado del andén, para conseguir asiento, era toda una aventura viajar en esa época.

Nos casamos el 24 de marzo de 1962, en la Parroquia San Antonio, viniendo a vivir a esta misma casa. Mario se había recibido en Tucumán de Oficial Tornero Mecánico. Aquí nacieron mis tres hijos: Claudia, Nora y Alejandro. Claudia tiene cuatro hijos y Nora una hija. Mi nieto mayor hace más de tres años que está casado, pero todavía no me hizo bisabuela. Mi hijo varón, Alejandro, lamentablemente ya no está, falleció muy joven a los 40 años. Él tenía un problema respiratorio quizás heredado de su papá, que falleció a causa de ello. Se resistía a los tratamientos médicos, les tenía mucho miedo. Un día sufrió un edema agudo de pulmón que le produjo un infarto y Dios lo llamó. No se había casado, quería primero afianzarse como profesor y tener un porvenir antes de encarar una relación para casarse. Vivió mucho y vivió lo que él quiso y como quiso. Muchos de sus ex alumnos todavía me dicen que Alejandro no fue solo su profesor de historia sino un profesor de la vida y en ese aspecto, les enseñó muchísimo. Mis tres hijos fueron docentes, pero además Nora se recibió de contadora. Cuando yo conocí a Mario él estaba en la Sociedad de Fomento del barrio Monterrey que recién se estaba iniciando. Fue un hombre siempre vinculado a las instituciones.

Con Mario tuvieron mucha actividad en comisiones de la Parroquia San Antonio.

Siempre hay algún rinconcito en el mundo para que cada uno pueda mostrar y demostrar que a pesar de tener una discapacidad se pueden hacer cosas”

Trabajé mucho en la Parroquia de San Antonio cuando estaban a cargo los sacerdotes Misioneros de Lasalette, una congregación que tiene su origen en Francia pero en que la mayoría de sus sacerdotes que vinieron a Argentina eran norteamericanos. Ahora tengo entendido que queda uno solo de aquellos que vinieron de Norteamérica, los demás son todos argentinos. En noviembre de 2006 Mario pudo editar su libro ‘Camino de Fe de mi Pueblo” que cuenta la historia de todas las iglesias, parroquias y capillas de Presidente Derqui y Villa Astolfi. Fue un trabajo que contó con la colaboración de toda la familia. La artística de la portada –por ejemplo- fue realizada por uno de mis nietos y el prólogo por el esposo de mi hija Claudia, Luis Lambretch. Humildemente, yo también puse mi granito de arena, en un gran trabajo de recopilación que hizo mi esposo. El libro fue declarado de Interés Cultural por la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.

Tuviste destacada participación en medios de comunicación locales.

Sí, todo empezó con un curso de locución que dictaste vos en la Biblioteca de Derqui a fines de los ’80. En radio arranqué en la recordada ‘Difusora Rex’ de Presidente Derqui, emisora de circuito cerrado donde hice el programa “La voz de la Parroquia”, que iba todos los sábados a la mañana. Cuando la difusora se convirtió en FM Derqui, hice un ciclo que se llamó ‘Sobremesa’, que tuvo bastante repercusión. Después ya en Pilar, en FM Del Sol, hice el programa sobre discapacidad ‘Un mundo diferente’, auspiciado por el Consejo de Discapacidad del Municipio, que en ese momento yo integraba. En total hice radio por más de 25 años consecutivamente.

Cuando recién se inició la televisión por cable en Pilar, tenía una columna en el noticiero de PTC una vez por semana. A través del programa siempre propulsé la necesidad de que Pilar necesitaba una escuela especial para ciegos. Gracias a Dios,  la señora Susana Juárez de Alberini, esposa del entonces intendente de Pilar, se hizo eco de esa inquietud mía y consiguió los terrenos para lo que es ahora la Escuela Nº503, que si bien es una escuela para sordomudos, tiene un servicio agregado para ciegos. Actualmente está en Ambrosetti y Los Perales, al lado del Centro de Rehabilitación ‘Pilares de Esperanza’, institución que fue un  logro también del Consejo para el Discapacitado. La escuela empezó a funcionar en lo que era la antigua Clínica Privada sobre la calle Rivadavia, para después mudarse a los terrenos propios.

Tuviste mucha vinculación con la Fundación Nano de San Miguel.

A pesar de tener tantas actividades, nunca viajé sola. Una vez se me ocurrió aprender computación y comencé a concurrir a la Fundación Nano de San Miguel, donde también aprendí teclados. La hija del doctor Hugo Nano, me dijo ’usted va a aprender computación acá, pero no va a ser usted misma si no aprende Orientación y Movilidad, que es la materia que capacita a los ciegos para que aprendan a andar solos’. Fue así que recogí el guante,  tomé clases y por primera vez en mi vida comencé a viajar sola, aunque debo confesar, siempre acompañada de cerca por mi esposo Mario. Tuve muy buenos profesores que me enseñaron sobre todo a tener confianza en mí misma y en la gente, que es la que te ayuda en las esquinas a cruzar una calle o avenida. En mis primeras incursiones, Mario, acompañado por algún profesor me seguía de cerca, sin que yo lo supiera, atento a cualquier inconveniente que me pudiera pasar. Mi primera salida fue un recorrido hasta Paunero y Belgrano. Yo sabía las calles de San Miguel, gracias a un plano en relieve que había estudiado en las clases de Orientación y Movilidad. Debo decir que por suerte siempre me encontré con gente solidaria que me ayudó. Recuerdo que una profesora que tuve me dijo al respecto: ‘¿cómo haces Elisa para conseguir siempre a señores de traje que te crucen?’. Cuando salí de la Fundación, ingresé al Ensamble Coral Derqui-Del Viso que dirigía el maestro Juan Carlos Nos, de quien tengo el mejor de los recuerdos, ya que me dio una confianza tremenda para integrar el coro. Estuve en el ensamble hasta principios de 2014. Ahora estoy prácticamente retirada de todas las actividades, mi vida actual es bastante solitaria y digamos aburrida. Me estoy dedicando mucho al tejido, salgo con amigas y voy seguido a la casa de mis hijas.

¿Nunca se te ocurrió tener un perro lazarillo?

No, porque es más barato un bastón que un perro. A un perro lazarillo hay que tenerlo muy bien cuidado, llevarlo periódicamente al veterinario; en cambio a un bastón blanco lo tengo detrás de una puerta, siempre listo para cuando lo necesito.

Tuve la oportunidad de enseñar a padres, después a sus hijos y en algunos casos a sus nietos”

Recibiste a lo largo de tu vida muchos reconocimientos.

El primer reconocimiento que recibí, fue el Premio Destacado del Pilar que otorgaba Pilar Televisora Color , en el rubro Actividad Cultural, por el programa que hacía para la Parroquia San Antonio en FM Derqui. Después recibí varios reconocimientos por parte de la Municipalidad de Pilar y en dos oportunidades el Premio Mujer Bonaerense, otorgado por el Senado de la Provincia de Buenos Aires, el primero en 1997, gestionado por la señora Susana de Alberini y el otro en 2003, de la mano de la señora María del Carmen Rodríguez de Zúccaro. También participé de los Juegos Bonaerenses en varias oportunidades. En las finales provinciales de Mar del Plata gané dos medallas: la de Plata en ‘Abuelos’ por Tejido y la de Oro, con el Grupo de Teatro Integrado.

Siempre estás de buen humor. Sos una mujer optimista por naturaleza.

Pienso que mi buen humor es lo que me mantiene viva. Siempre pensé que la pérdida de mi marido era la mayor que había tenido en mi vida. Anteriormente había perdido un embarazo de siete meses de gestación que me marcó bastante. Después el tiempo y la vida fue borrando estos malos momentos hasta que en 2012 perdí a mi hijo y creo que a pesar de que sigo adelante,  fue lo peor que me pasó en mi vida. Si bien con Alejandro nos vivíamos peleando, nos queríamos mucho.

¿Qué le dirías a una persona que tiene una discapacidad y que de pronto se entrega?

Les diría que no bajen los brazos, que aun a pesar de la discapacidad, por más grande que sea, siempre hay algún rinconcito en el mundo para que cada uno de ellos pueda mostrar y demostrar que a pesar de tener una discapacidad se pueden hacer cosas. En mi caso, si se me presenta algo para hacer y creen que puedo ser útil, todavía estoy a disposición.

Oscar Orlando Mascareño

 

 

 

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