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Paula Romeo: “A nosotras siempre se nos exige un plus, un poco más, para llegar pero es parte de la lucha de género”

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La titular de la UFI de Responsabilidad Penal Juvenil dialogó con Resumen sobre su carrera por ser Fiscal General de San Isidro, su trabajo en el distrito y su visión ante las problemáticas locales.

Paula Romeo es la actual titular de la UFI de Responsabilidad Penal Juvenil. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires (UBA) pero afirma que antes de haber ingresado a la secundaria sabía que su destino era trabajar en la Justicia.

A sus 46 años, con tres hijos varones y con años de experiencia en el derecho penal juvenil, es la única mujer que está en carrera para el puesto de Fiscal General de San Isidro.

Llegó en 2005 a Pilar para ser Instructora Judicial en el Fuero de Adultos, pero en 2011 fue nombrada titular de la UFI Juvenil y afirma que ha adoptado a Pilar como parte de ella. “Adopté esta ciudad como mía, soy feliz acá”, aseguró durante la charla con Resumen.

“Me encanta recorrer Pilar y cruzarme con la gente porque ahí es donde uno dice ‘algo bien estoy y estuve haciendo’ porque vuelvo a un lugar y sé que pasa, o la gente responde a lo que uno hace”, contó.

Puedo decir que me mudé a Pilar porque me mandaron a trabajar pero adopté esta ciudad como mía”

Habiendo tratado muchos de los casos que han conmocionado a Pilar en los últimos tiempos, como el de Leonardo Peralta (asesinado a golpes por una patota en 2015), Martín Anze (golpeado con un bate en 2017 hasta provocar su muerte), Gabriel (asesinado por la ex pareja de su novia en 2017), la violación de una niña discapacitada en una obra en construcción (febrero de 2019), entre otros casos que aún rondan la mente de los vecinos, la fiscal habló de cómo es su trabajo, qué enseñanzas le ha dejado y, por sobre todo, qué problemas deberían atacarse en Pilar.

Estás en carrera para ser Fiscal General de San Isidro, ¿cómo te sentís?

Para mí, sería un honor. Siento que es como un premio a todo el trabajo que hice durante estos años, me encanta ser fiscal, es un gran desafío que tengo ganas de cumplir. Estoy orgullosa de mi misma, de haber llegado hasta acá

Me apasiona desde chica el derecho penal. Decidí ser abogada antes de empezar el secundario. Cuando estudié, hice la especialización en la UBA de Derecho Penal. Siempre fue mi fin. Trabajar en la justicia me costó mucho en un primer momento, el empezar. Nada fue fácil y no creo que esto lo sea, tiene muchos desafíos.

Sos la única mujer.

Pienso que ahora las mujeres nos estamos animando más a tener cargos de más jerarquía. Antes ni siquiera nos hubiésemos presentado a rendir, porque eran cargos exclusivamente para hombres. De hecho en la provincia de Buenos Aires todavía hay muy pocos cargos de mujeres camaristas.

Fiscales generales hay solo tres contra 13 varones. Camaristas mujeres en el Fuero Penal, hay muy pocas. En San Isidro, de tres salas, nueve jueces, solo hay una mujer.

Está bueno que se empiece a cubrir estos cargos jerárquicos con mujeres porque tenemos otra mirada, al margen de que siempre se debe cumplir un principio de idoneidad.

En general, es como que a nosotras siempre se nos exige un plus, un poco más, para llegar pero es parte de la lucha de género.

Está bueno que se empiecen a dar oportunidades, que no por el hecho de ser mujer esté discriminada como ‘bueno no va a entrar’. Al contrario, creo que en esta etapa tengo más posibilidades.

Estás hace 14 años en Pilar, ¿cómo es tu trabajo en el distrito?

Estoy acá desde 2005. Conozco el distrito hace bastante.  Es difícil porque vos ves cómo llegan los chicos.

Hoy conozco a los hermanos de los primeros imputados, sus familias, veo como evolucionaron o no. Vas viendo un montón de problemas que tienen las personas, más allá del delito.

Uno intenta ver de qué forma conectarse con otros entes de trabajo, que puedan ayudar a que esto no se repita. Si tenés un chico que cometió hoy un hurto, si nadie le da una mano, mañana termina en un robo y con los años preso.

¿De qué forma trabajas para evitar el ingreso de los menores en el sistema penal?

Lo que veo en el distrito es un avance de la droga”

Hay que sacarlo de esas situaciones complejas, que muchas veces está acompañada de adicciones a la droga o el alcohol o a lo que puede acceder. Hay familias disfuncionales.

Hay madres que vienen a verme porque no pueden controlar a sus hijos y en sí la adolescencia es una etapa complicada para los jóvenes, más aún si tiene situaciones precarias de vida o familias disfuncionales.

Muchas veces hacemos asesoramientos, derivándolos a los organismos sociales porque si no, van a volver a infringir la ley, que es lo que se trata de evitar. Es un trabajo más integral, con la familia, con el barrio, tratando de sacar a los chicos de las drogas que es lo que más afecta.

Cuando los ves, después de que reciban ayuda, ¿ves buenos resultados?

He visto resultados buenos y después de un año veo a los chicos que hicieron el tratamiento y son otras personas, ese cambio se puede hacer con los jóvenes. Uno tiene esa esperanza de mejorarles la vida a ese chico y a su familia.

Sé que la institucionalización en muchos casos sirve, porque le pone los límites que antes no se pudo. No le queda otra que responder al juez. Pero en muchos casos se revierten, aunque no es una estadística grande.

¿Cómo se juzga a los menores de edad? ¿Se trabaja con la comunidad?

Si son hechos graves como muertes, lesiones graves, sí se criminaliza al que cometió el acto o al que participó, en la porción en la que lo hizo. En muchos casos cuando son temas menores, lesiones leves, peleas entre bandas o el caso de bullying y discriminación, se trabaja desde otro lugar más restaurativo.

Por ejemplo, se hace intervenir al colegio, a los referentes sociales del barrio y se trata de que los chicos junto con sus padres participen de alguna actividad reparatoria. Algunos han hecho trabajos académicos, han restaurado paredes que han roto.

Cada uno asume el grado de su responsabilidad frente a la sociedad. Algunos no tendrán pena de prisión pero sabe que su accionar no es correcto y que en conjunto deben volver las cosas a como estaban, ese es el objetivo.

Se habló sobre el proyecto de baja de edad de imputabilidad, ¿qué opinas al respecto?

Por un lado, aplaudo que se presente el proyecto y se debata, porque más allá de la baja de edad hay muchos artículos que debían cambiarse porque esa ley era de la época de la dictadura. No estaba en el marco de los pactos que se firmaron después. Si o si hay que cambiarla, desde hace mucho.

No modifica mucho que baje o no la edad en la provincia de Buenos Aires. El proyecto actual que se debatirá agrega a lo que ya teníamos a los menores de 15 años como punibles para delitos extremadamente graves, es decir, los que resulten en una muerte o los delitos sexuales graves, o robos con armas aptas para disparar.

Por un lado es una forma de, creo yo, convalidar lo que se está haciendo actualmente. Hoy por hoy hay un artículo en el Procedimiento Penal Juvenil donde se habilita a los jueces a imponer una medida de seguridad a los menores de 15 que cometen delitos graves.

Entonces, dentro del proceso, sería como otorgarle mayores derechos a esos chicos porque si hoy se aplica el Código Procesal y se lo considera constitucional a ese artículo, lo cierto es que un chico de 15 años que mata no está en la calle, está en un instituto con chicos de 16 y 17 que también mataron. El efecto es el mismo, con nombre distinto.

Cuando hablas de “otorgarle más derechos”, ¿a qué te referís?

Está privado de su libertad, pero con menos regulaciones porque la medida de seguridad no tiene un plazo. Si bien nosotros con la Defensoría siempre nos guiamos con el mismo plazo de prisión preventiva como tope, sé que hay chicos que han cometido esos hechos incluso acá en Pilar y siguen presos, dos años después.

Decidí ser abogada antes de empezar el secundario, siempre fue mi fin”

Al no tener una pena, un monto, un juicio donde se establezca una sentencia, una condena, terminan teniendo menos derechos. En un punto eso va a solucionar un problema global estructural que tenemos en la Provincia que son los menores.

No va a modificar mucho, en sí, porque tampoco es un porcentaje muy alto de menores de esta edad lo que cometen delitos, debe haber un 3 o 5 por ciento de menores que delinquen. Entonces, en realidad no va a influir en más seguridad porque hay más penas. Porque en el porcentaje general no son los que más delinquen pero si es cierto que en Buenos Aires no modificará mucho la situación porque hoy los de 15 acá, están presos.

De todos los casos que has tratado, lo que has recorrido el distrito y podido ver, ¿cuál es el problema principal que ves hoy?

Lo que veo en Pilar es un avance en la droga en determinados lugares donde se debe ser muy fuerte, trabajar con más intensidad. Uno de esos lugares que trato de desmantelar en droga es Agustoni que antes no se veía de esta manera.

Veo como captan a los más jóvenes todo el tiempo y los usan de una forma terrible, a cambio de droga les piden un montón de cosas, incluso que ellos vendan. Como son determinados sectores que no tienen voz ni voto, no es tan visible.

Yo lo veo, se cuál es el problema. Tengo una fuerte intención de atacarlo, no puedo sola y necesito otros recursos pero intento generarlos, aunque no es fácil.

Ese es uno de los peores problemas que se debe atacar, al igual que la zona lindera con José C. Paz en San Atilio que no es nuestro, pero se cruzan ahí para comprar y traen la droga acá.

Se debe ser más firmes, poner el ojo de otra manera porque si no van a terminar captando a todo el barrio y los chicos saldrán a robar acá para conseguir droga allá. Atacando este problema, no solo se mejora la vida de los pibes, sino de los pilarenses.

Uno ve los avances, no lo podes frenar y uno intenta trabajarlo de otro lado, con asistencia para hacer una lucha firme porque si no terminan avanzando y no quiero que Pilar termine siendo Rosario. Si lo dejamos avanzar, eso llegará.

En tus años de trabajo en Pilar, ¿qué te queda como aprendizaje?

En general, puedo decir que me mudé a Pilar porque me mandaron a trabajar pero adopté esta ciudad como mía. Soy feliz acá. El trabajo me permitió conocer en detalle todos los recovecos del partido, todas las jurisdicciones las caminé. No me lo contaron, fui yo.

Cada lugar tiene su particularidad, pero lo más importante, lo que aprendí, es que la gente de Pilar, es gente de pueblo por suerte. Son muy solidarios, si vos te presentas, te conocen, la gente se abre, te cuenta sus problemas, te deja entrar a su casa. Está dispuesta a ayudar al otro, no son indiferentes a lo que le pasa al vecino y eso hay que fomentarlo, para conseguir más seguridad.

Lo que puedo dejar de experiencia es que me encanta recorrer Pilar y cruzarme con la gente porque ahí es donde uno dice “algo bien estoy y estuve haciendo” porque vuelvo a un lugar y sé que pasa, o la gente responde a lo que uno hace.

Luz Castro

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