En el reportaje de la semana, Resumen entrevistó a la psicopedagoga Elsa Zechini, viuda del comodoro Hugo Cesar Meisner, único militar pilarense muerto en combate el 1º de junio de 1982 cuando pilotaba un avión Hércules C-130 en operaciones sobre Malvinas. Tuvo tres hijos con el aviador militar con quienes siguió viviendo en Presidente Derqui. Se recibió en la Universidad del Salvador de Pilar, muy cerca de cumplir 50 años. Es fundadora del Centro Terapéutico CREAR en Presidente Derqui.

Elsa Noemí Zechini nació en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, el 11 de septiembre de 1943. Tiene una hermana llamada María Lilia que desde hace tres años vive en Pilar, luego de estar radicada por muchos años en Bariloche.

“Mis padres vivieron siempre en Tres Arroyos hasta que mi hermana y yo nos casamos. Luego se mudaron a Buenos Aires para estar de alguna manera más cerca de nosotras, aunque María Lilia se mudó a Esquel y yo a Córdoba. Mi padre, Renzo Zechini, nació en Parma, Italia, por lo que estoy haciendo los trámites para la doble nacionalidad. Mi padre tenía una sedería muy importante en Tres Arroyos, antes trabajó en una gran tienda llamada “Artetta”, de la cual fue gerente en la sucursal de Bragado durante muchos años. La sedería que abrió luego en Tres Arroyos se llamó “Casa Raúl” en honor a un amigo de mi padre. Teníamos la casa arriba del negocio. Mi mamá se llamaba Noemí Alicia Macchiavello Lozano De la Fuente. Hice mis estudios primarios y secundarios en Tres Arroyos y luego  empecé en Bahía Blanca el profesorado de Historia, pero entonces apareció Hugo en mi vida, nos quisimos casar y abandoné. Muchos años después retomé los estudios pero en otra carrera”, contó.

No quise dimensionar en su momento todo lo que la noticia de la guerra que me dio mi marido significaba y él tampoco”

“Cuando en Pilar se creó la Universidad del Salvador don José Sánchez, gran promotor de que la comunidad pilarense conociera nuestra historia relacionada con la participación de mi esposo en la Guerra de Malvinas, me vino a ver para contarme que la universidad abría con dos carreras: psicología y contador público. Mi hijo Sebastián comenzó la de contador y yo con 45 años la de psicología. A los 50 me recibí de Licenciada en Psicopedagogía, con orientación psicoanalítica trabajando primero en el Hospital Municipal como voluntaria, donde junto a las doctoras Cuevas y Barrionuevo creamos el consultorio de Estimulación Temprana en Pediatría. Después conocí  a Nilda Schiamaichella, la esposa del recordado doctor Alberto Albanese con quien años después fundáramos el Centro Terapéutico CREAR”, recordó.

¿Cómo conociste a quien después fuera tu esposo?

Hugo nació en Córdoba, pero tenía unos tíos en Tres Arroyos que eran amigos de mi familia. La tía de Hugo decía siempre que ella tenía un sobrino en Córdoba que en algún momento me iba a presentar. Yo en ese momento tenía 14 años y él 18. Un día vino a visitar a sus tíos y nos presentaron. Fue un ‘flechazo’ a primera vista. Él había ya iniciado su carrera como aviador militar como suboficial, pero cuando comprobó que llegaría a ser piloto solo si seguía para oficial y cuando nos conocimos ya había empezado el primer año en la Escuela de Aviación Militar en Córdoba. Fue un noviazgo complicado porque nos mantuvimos durante cuatro años comunicados solamente a través de cartas. En esa época era toda una complicación viajar de Córdoba a Tres Arroyos para vernos. Sostuvimos así el noviazgo hasta que yo decido mudarme a Buenos Aires. Recuerdo que justo coincidía la fecha para un desfile patrio. Hugo ya era alférez y viajó a Capital para desfilar y de paso vernos, después de más de cuatro años. Al año nos casamos, un 4 de noviembre de 1969. Nos vamos a vivir a Córdoba al barrio San Vicente y un año después nace nuestro primer hijo Hugo Cesar, en el Hospital Aeronáutico Central de Córdoba. Fue el primer despegue grande de mis padres. Estuvimos tres años en Córdoba y después nos mudamos a Tandil, donde mi esposo hizo el curso de navegador. Después volvimos a Buenos Aires donde nos radicamos ya en forma definitiva.

El Hércules bajaba casi al nivel del mar para esquivar a los radares. Por eso fue que lo derribaron, ya que el avión no hacia las tareas para la cual fue diseñado”

Siempre tuve un gran poder de adaptación y de resiliencia, así que aunque extrañaba mucho a mis padres, hice muchos lazos con mis vecinos tanto en Córdoba, como en Tandil y Buenos Aires. Por suerte mis papás pudieron comprar un auto y comenzaron a viajar seguido para visitarnos. Fueron años muy lindos donde hicimos grandes amistades y tuvimos mucha vida social.  Mi hija Ariadna nació en Tandil y Sebastián en el barrio de Pompeya en Capital Federal.

¿Cómo llegan a Presidente Derqui?

Con Hugo siempre soñamos con tener una casa quinta, estuvimos recorriendo diversos lugares, entre ellos San Miguel y La Reja. Un dio mi mamá me dice que hay una propiedad en Derqui que reunía todas las condiciones de lo que estábamos buscando. Al principio le había parecido que Derqui quedaba un poco lejos de Buenos Aires, pero después vimos que se podía llegar cómodamente en tren por el San Martin y en auto por la ruta 8 y después por la Panamericana; así que nos vinimos. Primero como casa de fin de semana y después ya en la época de Alfonsín, cuando me quedé sola en forma definitiva junto a mis hijos. Así que de Scalabrini Ortiz en pleno corazón de Capital Federal y Mansilla nos vinimos a vivir a Derqui y los derquinos nos adoptaron.

¿Cómo reciben la noticia del fallecimiento de tu esposo?

Argentina no estaba preparada para una guerra. Recuerdo que nosotros siempre íbamos a veranear a San Bernardo y ese verano de 1982 mi esposo -sin decirnos porqué- nos alquiló el departamento que alquilábamos siempre por un mes más, algo que a mí me extrañó muchísimo. Era que él ya sabía lo que se estaba preparando: la recuperación de nuestras Islas Malvinas. Hugo era una persona muy reservada, él no contaba nada de su trabajo. Cuando pasó lo de la guerra estaba destinado a la base aérea de Moreno, de ahí  iba a Palomar para volar los Hércules. Hay gente de acá de Derqui que ha trabajado con él en Moreno. Volvemos en marzo de vacaciones y reanudamos la vida familiar normalmente. En ese momento él estaba destinado en el edificio Cóndor y una mañana me llama por teléfono para decirme que habíamos entrado en guerra con los ingleses. Quiero rememorar qué sentí en ese momento cuando me dio la noticia, pero realmente no lo recuerdo. Yo soy una persona optimista por naturaleza, esquivo lo malo y me prendo más bien de las cosas buenas que de las malas. No quise dimensionar en su momento todo lo que la noticia que me dio mi marido significaba y él tampoco.

Desde el 2 de junio al 14 de julio nosotros teníamos esperanzas que Hugo volviera con los prisioneros, cosa que lamentablemente no ocurrió”

Las primeras operaciones en que participó fueron en las Islas Orcadas, él compartió esos viajes con un piloto de apellido Beltramone al que apodaban “el loco” por su audacia y pericia. El loco hacía maravillas piloteando los enormes Hércules. Ahí estuvieron prácticamente durante todo el mes de marzo y cuando volvió, mi esposo vino muy cambiado, hasta los vecinos lo encontraban mal. Después se comenzó a organizar el corredor aéreo de Comodoro a Malvinas, algo que yo me enteré con el correr de los años. Eran operaciones muy riesgosas que prácticamente significaban jugar con la muerte. Lo único que recuerdo es que Hugo, con su habitual buen humor cordobés, cuando vio desde el aire venir a toda la flota inglesa hacia Malvinas me dijo: “Vamos a tener que ir a buscar ‘piedras bola’ a Córdoba, porque me parece que las bombas que tenemos no nos van a alcanzar”. Me confesó que realmente estaba asustado. El tenía 41 años entonces, hubiera cumplido 42 el 25 de diciembre de ese año de 1982.

Después se empezaron a armar esos ‘vuelos locos’. Al respecto Hugo me decía que parecía que ‘andaban en esquíes sobre las olas’, porque el Hércules bajaba casi al nivel del mar para esquivar a los radares. Por eso fue que lo derribaron, ya que el avión no hacia las tareas para la cual fue diseñado. Entre otras cosas surtían de combustible a los aviones que estaban en vuelo, por eso estaban con los tanques a pleno. En uno de esos vuelos cuando hace el relevo al avión donde iba Adrián Esperanza, un compañero le dice ‘ojo que nos están fichando’, algo comprensible porque ellos eran objetivos de guerra para los ingleses. En el vuelo fatídico del 1º de junio, a Hugo no le tocaba volar, le correspondía a otra tripulación; pero hubo un problema con el avión  y tuvieron que reemplazarlos.

Mi hijo Sebastián tenía 9 años, Ariadna 12 y 15 Hugo Cesar. Compañeros de armas de Hugo nos avisaron de que habían tocado al Hércules a la 1 de la mañana del día 3 de junio. La tripulación había salido al mediodía del 1º de junio desde la base en Comodoro Rivadavia y una hora después lo derribaron. A todo esto el último mensaje recibido del avión era que los habían atacado y el Hércules quedó averiado, que iban a tratar de amerizar sobre un portaaviones de la Cruz Roja. Lo que no sabían es que luego el Sea Harrier que los había tocado, volvió para rematarlos. De esto nos enteramos cinco años después. Nosotros nos habíamos quedado con la primera noticia que decía que el avión había sido ‘tocado’,  pero que había esperanzas de que pudiera haber amerizado; por lo que desde el 2 de junio al 14 de julio nosotros teníamos esperanzas que Hugo volviera con los prisioneros, cosa que lamentablemente no ocurrió. El y el resto de la tripulación habían sido abatidos.

¿Cómo vivieron la posguerra?

Fue una época terrible, porque cuando terminó la guerra nadie nos hablaba del tema porque era un tema tabú, una vergüenza nacional. Fue una época rara y difícil. No solamente los chicos que fueron a Malvinas fueron mal recibidos, sino también las familias de los militares que estuvieron en la guerra. No tuvimos contención, hasta en los colegios adónde iban mis hijos llegó la desmalvinización. Recuerdo que un profesor dijo en una clase adonde concurría mi hijo Hugo Cesar  que ‘los militares que participaron en Malvinas bien muertos están’, sin saber que uno de sus alumnos era hijo de un militar muerto en Malvinas. Se generalizó mucho sobre el tema. Por eso le estamos muy agradecidos a Pilar y sobre todo a Presidente Derqui por el reconocimiento y los honores que desde el primer momento tributaron a mi marido. Hay mucha gente a la que tengo que agradecer, a Don José Sánchez, al periodista Manuel Zobra, a Jorge Telmo Pérez y a todos los intendentes que pasaron después que él. Un reconocimiento especial para el ex combatiente Carlos Melo que inició toda la movida con los veteranos de Guerra que finalizó con la institucionalización del 1º de junio como Día del Ex Combatiente de Malvinas Pilarense. Eso a mí me dio mucha felicidad y orgullo, porque Hugo eligió la carrera de aviador militar e hizo lo que tenía que hacer, pero a nosotros –a mí y a mis hijos- nos hizo muy bien, ya que si gozamos de una buena salud mental es gracias al reconocimiento y cariño que siempre recibimos de la gente de Pilar. Yo siempre digo que fui tocada por una vara de Dios al venir acá, porque me hicieron comprender y  mis hijos que mi esposo no murió en vano. Lo único que no les perdono a los políticos es una foto que no me devolvieron. Es  la foto de Hugo con Perón cuando el entonces presidente en diciembre de 1973 le entrega la medalla por haber participado mi marido del Primer Vuelo Transpolar. No me acuerdo a quien se la mostré, le gustó y me la pidió prestada, pero no me la devolvió nunca más.

Le estamos muy agradecidos a Pilar y sobre todo a Derqui por el reconocimiento y los honores que desde el primer momento tributaron a mi marido”

Profesionalmente, cómo sigue tu historia personal.

Después de mi experiencia en el Hospital Municipal trabajé con Nilda Schiamaichella en la Escuela Especial 502 de Derqui, como maestra durante tres años. Paralelamente atendía en el consultorio de psicopedagogía acá en casa, pero como tenía tantos pacientes entonces Nilda que ya se había jubilado me invita a participar de la creación de CREAR, es un centro educativo terapéutico que trabaja con chiquitos que no pueden ir a la escuela común o van a escuelas especiales y necesitan tratamiento. En un primer momento se atendían patologías físicas y pacientes con síndrome de Down, pero actualmente estamos abocados prácticamente en un 60 por ciento a chicos con TEA (Trastornos del Espectro Autista). Tenemos medio centenar de pacientes y más de 30 de profesionales. El centro tiene hoy una coordinadora y tanto Nilda como yo estamos convencidas que hemos cumplido un ciclo por lo que hoy nos dedicamos más a tareas de supervisión en el Centro.

Volviendo al ámbito familiar, ¿cuántos nietos tenés?

Tengo ocho nietos, de los cuales uno, Renzo que estudia la licenciatura en rehabilitación física ya trabaja en CREAR. Ariadna tiene tres, dos varones y una nena; Sebastián igual, mientras que Hugo Cesar tiene dos nenas. En el término de un año se casaron mis tres hijos, así que mis nietos van en un rango de edades de 14 y 20 años. Los chicos viven la memoria de su abuelo con muchísimo orgullo y cuando pueden nos acompañan a todos los actos en su honor. Sebastián vivió la muerte de su padre siendo el más chico de sus hermanos, fue a Malvinas y participó en varias actividades relacionadas con el recuerdo de su padre. Ariadna se negó en principio a aceptar la muerte de su papá y al principio le costaba participar, aunque nos acompañaba, recién pudo resolver todo cuando sus hijos entraron a hacer el secundario en el Liceo de Aeronáutica, donde reflotó la figura de Hugo. Hugo Cesar quizás hubiera seguido los pasos de su padre y en su momento yo estaba decidida a fomentar la idea, pero después de lo que pasó con su papá no tuve después ninguna intención de alentarla. Uno de los nietos –Juan- estuvo a punto de comenzar, pero después desistió de la idea.

¿Te gustaría viajar a Malvinas?

Hasta hace un año te hubiera dicho que no, pero ahora cambié de opinión. No me gustaría ir con los contingentes de familiares, porque mi hijo Sebastián que compartió uno de ellos me dijo que es una experiencia muy triste y dolorosa. Mi hermana Nilda visitó las islas en un crucero y la experiencia fue distinta. Por otra parte mi esposo no está en Malvinas, ya que fue abatido sobre el mar.

Hay desde esta semana precisamente una muestra sobre tu marido en el Museo Municipal

Teníamos muchas cosas de Hugo y no sabíamos adonde llevarlas. Mi hija Ariadna llevó cosas al Museo de Aeronáutica de Funes en la provincia de Córdoba. Hugo Cesar entregó el sable y un uniforme a los Veteranos de Guerra de Pilar y otro lo doné yo al museo, junto con un cuadro y efectos personales. Por otra parte todo lo que está en casa sobre mi marido, también lo voy a legar al museo cuando yo ya no esté, entre otras cosas carpetas con toda la historia de Hugo desde que comenzó  su carrera militar. Un material muy rico ya que en muchos aspectos tiene que ver ni más ni menos que con una época muy importante de nuestra Fuerza Aérea Argentina

Oscar Orlando Mascareño

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