Seguramente les pasó de encontrarse con personas que cuentan historias como si estuviésemos escuchando a un familiar en el patio de casa. Luis Aguirre es de esos, una voz con historia que te enriquece la tarde con tantas anécdotas que no te podes perder.

El reconocido profesor de tenis local, que ya lleva más de tres décadas involucrado con su profesión, tuvo una cálida charla con Resumen en las instalaciones del club Sportivo Pilar, donde entrena a 60 alumnos cada mes. Con café de por medio y una hora y media de entrevista, les traemos recuerdos, análisis de la disciplina que supo ocupar el segundo puesto como el deporte más importante de Argentina, la actualidad de la Asociación de Tenistas Argentinos y las emociones de una trayectoria compuesta por momentos únicos, que fueron parte importante en la vida del protagonista y de lo que vendrá. Porque como dice él “hay Luis Aguirre para rato”.

¿Siempre quisiste ser profesor?

Siempre. Desde el primer momento quise entrenar. Hace muchos años recibimos en una quinta a chicos menores 14 años. La peor edad (risas). En ese momento los chicos están en otra y las chicas tremendamente despiertas. Convivieron de lunes a sábado, el domingo se iban y así sucesivamente. Ahí nos dimos cuenta que se podía hacer esto, que yo lo disfrutaba, porque los chicos se levantaban a las 5 de la mañana, iban al colegio y se mataban entrenando. Sacamos un grupo “ejemplo” que cuando terminó el mes, quisieron volver. Los padres nos querían matar, pero esa es otra historia (risas).

¿Cómo siguió tu vida después de recibirte?

Después de 10 años hicimos una especie de centro de alto rendimiento. Justo en esa etapa los argentinos comenzaron a viajar masivamente a los torneos nacionales. Tuve la suerte de conocerlos a todos, a sus profesores, a sus familiares. Vinieron muchos extranjeros que nos perfeccionaron. Por ahí en un momento te veías y estabas hablando con el entrenador de Navrátilová. Hice un curso con el preparador físico de la escuela checoslovaca. Asistieron unos 160 entrenadores y quedaron solo 60. Fue ahí recién que la AAT comenzó a exigirles a los entrenadores. Empezó a funcionar el tenis a nivel nacional y yo comencé a viajar. Fue una etapa inolvidable.

¿Cuando hablas de esa etapa te referís a la camada de oro?

Exactamente. Ellos eran algo de no creer, tenían una magia increíble y tuvieron la suerte de haber estado en la etapa de mayor nivel, pero también hay que destacar que como ellos, y me refiero a lo buenos que eran en la cancha, había muchos. Solo que el resto no podía viajar a torneos del exterior. Jugadores españoles comenzaron a venir, los argentinos viajaban hacía allá. Se hizo un intercambio que sacó jugadores de primer nivel.

¿Cómo ves el tenis a nivel mundial?

España fue y va a ser una gran escuela de esta disciplina. Crearon instituciones muy fuertes que se dejaron ver a lo largo de los años. Suiza no tiene muchos jugadores buenos, pero tampoco es que tiene mucha población. Estados Unidos bajó mucho el nivel que tenía hace una década y a nivel nacional, así estamos (risas). No solo hay que enfocarnos en tener muchos jugadores, hay que alimentar la base, que los chicos estén metidos en el deporte. Ya sea en un club de barrio o en un country.

“No solo hay que enfocarnos en tener muchos jugadores, hay que alimentar la base, que los chicos estén metidos en el deporte”.

En algún momento de nuestra historia, el tenis llegó a ocupar el segundo puesto de los deportes más importantes de Argentina. Después de Guillermo Vilas se instaló una miseria tenística de la que fue difícil salir. Hasta que se hizo un movimiento en los clubes deportivos para traer otra vez este deporte acompañado de la disciplina. Algo que le falta mucho a nuestro país. El circuito interno de menores que tenemos es de los mejores en el mundo. A donde quiera que los lleves, no importa el año que sea, van a ganar seguro.

Si los menores tienen ese nivel, ¿Por qué no podemos crear una próxima generación “galáctica”? ¿Qué tenemos que modificar?

Porque es imposible. Hay que meternos en la educación y en que en la AAT entró gente que no tendría que ni haber pasado por la puerta. Tengo fe que a Agustín Calleri, que estuvo del otro lado del mostrador, lo dejen laburar para que esto mejore. Ni siquiera reconocemos lo que los tenistas hicieron por nosotros. A Vilas si le decís que necesitas una raqueta Wilson, llama y trae mil, pero porque es él. Los argentinos lo quieren, pero por un simple fanatismo. ¿Quién se acuerda de llamarlo y preguntarle qué cosas se están haciendo bien y cuáles modificar?

O en los medios de comunicación. ¿Dónde vemos el resultado de un torneo de menores hasta los 10 años? Eso es una falla de quien envía la información. No solo importa que gane Leo Mayer, sino estos chicos que son el próximo Del Potro. Justamente, jugadores como Del Potro tienen mucha presión por estar atentos a la generación que viene. Si van a estar a la altura de los circuitos. Muchos critican a Axel Geller por querer estudiar y dedicarse al tenis. Es una locura ese pensamiento. Pero él tampoco es Juan Martín. Es otra dimensión.

¿Por qué no se puede pensar en que puede igualarlo o incluso superarlo?

Puede ser que alguien de afuera lo apoye o piense así. Uno sabe que esas cosas se deciden desde adentro. Vale mucho el entorno y el querer mejorar. Eso es el tenis, el deporte. Hay dos resultados, perdes o ganas, pero lo importantes es jugar. Y eso no se lo dijo nadie a estos chicos. En los countries están más concentrados en ver en qué auto viene el alumno o las zapatillas que trae, que por enseñarle. A vos te pagan por enseñar y eso es lo único que tenes que hacer. Acá le dan bola a los coach, “entrena a…”. ¡Eso a mí no me importa! quiero saber quién los hizo, porque lo que hay que observar, es que entrenador de menores tuvo. Los countries tienen un buen nivel, pero porque los profesores que no conseguían trabajo en un club o no querían trabajar por poca plata se fueron ahí.

Hay que escuchar a los chicos del interior. Los jugadores de provincia no tienen la misma hambre que uno de Capital.

¿Decís que en Capital tienen todo más servido?

Porque el padre con la misma cara con la que te trajo al chico para que lo entrenes y sea un profesional, te dice vamos a entrenar a Punta del Este que tengo una casa con cancha. ¡Yo ni loco voy! Al otro día el pibe te dice que tiene una fiesta y pierde un entrenamiento, perdes tu tiempo y un chico que no vale la pena. Si le digo que se tiene que levantar a las 6 de la mañana me revolea con algo.

“El circuito interno de menores que tenemos es de los mejores en el mundo”.

Ahí te das cuenta quien va a tener futuro…

Exactamente. Esto viene de las historias de Guillermo Vilas con los chicos que entrenaba. Cuando tenes que ir a buscar a un jugador al frontón sabes que ese pibe va a llegar. Porque está haciendo lo que vos le enseñaste, pero quiere que le salga mejor. Que no le importa ir a joder con los otros pibes que están en la cancha. A ver, la escuela social está bien. Pero de ahí salen los que quieren seguir esforzándose y los que no, los que quieren vivir de la raqueta. Tenemos un nivel muy competitivo en Argentina y no hay que desaprovecharlo.

Derribemos mitos. ¿Hay edad para empezar?

Hay países donde no podes llevar chicos de más de 9 años. Si tiene 10, tiene que enfrentarse al 1 de la categoría para ver qué tan bueno es. Estaban felices porque generaron a los mejores jugadores y a todas las que su apellido tengan “ova” (risas). ¿Pero ahora dónde están? La rigidez ayuda, pero lo que importa es el don. No hay edad para el deporte, ni para el amor, ni para que te prives de nada. Hace poco lo hablábamos con Marcelo Asturiano, todas las instituciones deberían tener una escuela de iniciación deportiva donde vos le ves su habilidad. Y de paso fomentamos el deporte y la salud. Si me traes a tu abuela en media hora aprende a jugar, pero no te aseguro que sea la número 1 de veteranos. Nada es imposible.

¿Es real que el tenis es un deporte exclusivo a nivel adquisitivo?

Hoy en día sí. Por eso es que luchamos los que hacemos esto por poca plata o por nada. Pero el país también está así. Cuando viajé a Estados Unidos por el circuito de menores había un cartel que decía “Usted llegó al país donde va a cumplir todos sus sueños”. ¡Mirá el cuento que te meten!, porque el 1 lo estábamos llevando nosotros. Pero esa mentalidad, es la que nos falta a los argentinos. Tener admiración por el otro y no ver dónde ponerle el pie para que se caiga. Tenes que ayudar a los que no tienen con los que ya hicieron. No lo manejaron así y se terminó metiendo el Estado, que no entiende nada de nada de deportes.

¿Por qué no somos fuertes en dobles? En su momento Gisela Dulko tuvo que “recurrir” a una tenista de un país vecino. ¿Cómo no tenemos jugadoras que puedan acompañar?

Tuvimos en un momento, hace muchos años, a Paola Suarez. No se cultivó eso porque la gente pensaba que los peores iban a jugar en dobles. Las canchas que no eran ocupadas por los profesionales, las utilizaban socios. El Estado tendría que haber hecho más espacios, como los polideportivos, para que esa modalidad crezca. Marcar las canchas y programar horarios. Es muy fácil si se quiere. La AAT tiene que seguir creciendo pero con los jugadores adentro, no afuera. El jugador tiene que entender que la Asociación es su casa y la ATT tiene que entender que sin ese jugador, tiene que cerrar.

En Pilar tenemos un microestadio que casi ni se usa y que además, no tiene todos los deportes. No te van a creer que acá no tenemos a los número 1 sabiendo que tenemos 700 canchas de tenis en Pilar. Con Juan Carlos Arroyo quisimos hacer una escuela municipal, pero había que ver quien nos cedía el espacio. De los 300 countries que hay, la Sociedad Hebraica fue la única en contestar. Lo importante es tener las puertas abiertas y saber escuchar.

¿Cómo es el nivel local? ¿Hay algún alumno que recuerdes por algo en especial?

Ha mejorado muchísimo. Lamentablemente por un tema económico hay cosas que no se hacen. Pero deberíamos producir muchos más jugadores, tenemos las posibilidades. Y trabajar con las ciudades vecinas.

“Hay dos resultados, perdes o ganas, pero lo importantes es jugar”.

Todos los días me dejan algo. No tengo preferencias pero tuve dos camadas que eran todos buenos, la de Santaliz, Cachonga Vitamina, Domenech. Y ellos me ayudaron a crear otra tanda muy buena que además salieron con un nivel mucho mejor. Entre ellos Diego Gómez. Son producto de estos experimentos que hicimos (risas) y que valieron la pena. Uno está formando una escuela de tenis en Francia, otro con doble nacionalidad. Fue parte de la selección de Copa Davis uruguaya. Todos salieron de este humilde Pilar.

Como toda carrera hay momentos de mucha emoción y otros muy difíciles. ¿Podes destacar alguno puntual?

Tenía dos alumnos que venían de Escobar, hacían un esfuerzo inmenso por venir a entrenar, pero tuvieron que dejar porque no lo podían pagar. Yo me quería matar porque sabía que tenían un nivel bárbaro. Jugaban bien en serio. Uno de ellos jugó hace poco un torneo de veteranos en Independiente y lo ganó. Por supuesto que lo llamé y nos quedamos charlando un largo rato. Con todos tengo una buena relación.

Tu vínculo con Sportivo sigue intacto…

Y acá me voy a quedar. Pasaron muchos deportistas buenos y la institución siempre se manejó con un perfil bajo. Ojalá el club pueda seguir creciendo de la mano de las ilusiones de los que componemos Sportivo. Soy un afortunado.

“En los countries están más concentrados en ver en qué auto viene el alumno o las zapatillas que trae, que por enseñarle”.

Tu reconocimiento no solo es por lo profesional, sino como persona ¿Qué sentís que tanta gente reconozca tu trabajo y tus valores?

Es hermoso. Yo salgo de mi casa y saludo a todos, siempre me cruzo con alguien conocido. Simplemente no lo puedo explicar, lo digo llorando porque estoy agradecido, a la gente. Eso me hace quedarme acá, donde no me quiero ir nunca. Gracias a todos, lo mejor que uno puede tener en la vida es la familia y amigos. Laburo de lo que me gusta, para mi tengo todo. No puedo pedir más. Estoy arrepentido de todo lo que hice porque sé que lo puedo hacer mejor. Y voy por ello.

Belén Gómez 

Un comienzo particular

El inicio de Luis en el mundo del tenis se dio casi por casualidad. A los 18 años, caminando por una quinta con el amigo de su primo encontraron una cancha de césped abandonada. Con ella aparecieron los postes y luego la red. En ese momento, algo despertó en Aguirre que nunca más pudo soltar. El espacio comenzó a limpiarse y con el tiempo, se hizo un lugar frecuente para jugar, con jeans, las zapatillas del momento y una raqueta prestada. Desde ese momento comenzó a involucrarse tanto que encontró un curso de entrenadores, porque lo suyo no era ser tenista, él quería enseñar.

“En Atlético le explicaba a la gente de ‘onda’ y eso me gustó. Aprendí las cosas que sé por un catálogo y después me perfeccioné. Era tan caro el curso que me tuvieron que prestar cuatro cheques para poder pagarlo. Finalmente me recibí el 19 de diciembre de 1985, me va a quedar en la memoria porque es el día de mi cumpleaños (risas)”, contó.

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