Haciendo un repaso de los personajes que pasaron por Pilar, así como también recordando a algunos que se nos han ido hace pocos días, como el caso del querido vecino “El Santa”, o recientemente el conocido “Calavera”, que supo trabajar durante muchos años en la cochería de los Ponce de León, se nos cruzan por la mente anécdotas más que renombradas como la de aquel reconocido comerciante dueño de un almacén de ramos generales, donde se vendían todo tipo de productos como pinturas, cuando un corredor o viajante de comercio le vino a ofrecer la novedad de la ya famosa bebida “Cola”, según quienes conocieron al comerciante, el preguntó “¿esto qué es, pintura o barniz?”. Otra frase histórica entre los pilarenses que se le atribuye a este mismo destacado vecino, es la que pronunció cuando le entregaron su flamante Ford Falcon 0 km allá por la década del ´60 solicitando el viejo elemento con que se le daba marcha a los Ford A, “¡y la manija…!”.

No podemos dejar de recordar aquello de “Yusepe: Tormenta”, frase que hacía enloquecer a aquel famoso personaje pilarense que supo ganarse la simpatía y la fama entre los parroquianos de entonces, o aquel simpático personaje que en el atrio de la Iglesia vendía Cordones para los zapatos y otras yerbas que denominaba “Gomita pa´ los señores”, a quien apodábamos por su manera de ofrecer su mercancía como “Compacodones…”.

Costumbres del folclore pilarense que se acoplan a estas notas, como la de tras comprar algo para la escuela en la Librería Armando, de Ana y Armando Valle, de la calle Rivadavia, nos cruzábamos al bar Apolo para saborear los famosos “sándwiches” de helados o pasar por lo de Don Kossler a comprar pelotas de fútbol o hacer coser la existente para que dure un par de partidos más.

Quienes nacimos y nos criamos en Pilar y hoy peinamos más de una cana, nos cuesta adaptarnos a este nuevo Pilar que sin duda nos da muchos beneficios merced a los servicios en general, como la electricidad que si bien es más que cara en este momento, no podemos dejar de recordar cuando el alumbrado sólo se limitaba a una que otra lamparita en algunas esquinas puntuales de aquel pueblo que nos vio crecer. Como así también el paso del tambero con los tarros grandes de leche de donde extraía los litros para el uso domiciliario.

Más tarde fue la Cooperativa de Tamberos que estaba en la esquina de Rivadavia e Independencia la que nucleaba a los trabajadores del rubro y juntaba la leche para mandar al primer galpón, más que modesto por cierto, de la ahora gran empresa La Serenísima que comenzó fabricando dulce de leche y ricota, de los hermanos Mastellone.

Todos esos recuerdos se nos vienen a la mente cuando transitamos por las calles de nuestra hoy querida ciudad, pero los mismos se vienen al presente al ver infinidad de locales con el cartel de “Se alquila”, ya que el comercio que allí existía y sobrevivió a muchas crisis durante años, hoy no resiste a los embates de los aumentos desmesurados en las tarifas, el precio de los alquileres y la baja en las ventas.

Y hablando de frases, cabe en esta nota adaptar la del tango que decía “te acordás hermano qué tiempos aquellos”, para agregarle, los comercios de antes sí que vendían. Es momento entonces de tener fe, no se sabe en quien, pero luchar desde cada uno de nuestros puestos de combate, para que volvamos los pilarenses y, los argentinos, a tener el país que nos merecemos.

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