Por Tomás Pérez Bodria

Haciendo zapping anoche recalé brevemente en ese horrible programa de periodistas militantes del oficialismo denominado “Intratables”, justo en el momento en que el conductor anunciaba el tratamiento del “urticante” tema Venezuela. Adelantó que estaban en el día (miércoles) en que se había llevado a cabo una de las dos enormes manifestaciones programadas en apoyo al agente norteamericano (esta calificación, por cierto, no pertenece al conductor) Juan Guaidó. La otra se espera el próximo sábado.

Y cuando aparecen las imágenes me llamó la atención que, aún en un plano corto, reflejaban que “había menos gente que en los actos oficiales de Macri. Se trató de un flash que rápidamente se dejó de lado para evitar que la realidad venezolana -la soledad de Guaidó en la que debía ser una multitudinaria marcha de apoyo al golpe- quedara expuesta. Y cuánta fue mi sorpresa cuando los periodistas militantes del macrismo siguieron tratando el tema, pero mientras irrumpía en la pantalla otra imagen que, parodojalmente, les permitiera exhibir una verdadera multitud: apareció la figura de Maduro rodeado por su pueblo.

Venezuela efectivamente está siendo asediada por la voracidad imperial y sus prioridades geopolíticas pero no sólo sus adherentes sino que, incluso, buena parte de la oposición a Maduro, rechaza la utilización que de ella se intenta hacer por parte de una potencia extranjera y sus vergonzantes personeros internos.

Al parecer a una bestia como Trump le cuesta comprender que cuando la patria está en peligro lo que aflora es el natural sentimiento patriótico en la mayoría del pueblo. Su cortedad de mira probablemente no le permita aprovechar las experiencias de Vietnan, en donde entraron sin imaginar que saldrían derrotados por la tozuda resistencia del pueblo vietnamita y su conductor natural Ho Chi Minh y, más recientemente, en Siria, de donde debió también retirarse haciendo mutis por el foro.

En la Argentina, por ejemplo, a los precedentes oprobiosos de la traición (Lavalle, Urquiza y otros) contamos para oponérseles con emocionantes ejemplos de patriotismo. Recuerdo en este momento el del coronel Martiniano Chilavert. Siendo él un furioso antirrosista exiliado en Montevideo, cuando se produce el bloqueo anglofrancés contra nuestro país en el año 1845, no dudó un instante en regresar a su patria y ponerse a las órdenes del general Juan Manuel de Rosas. Luchó bravíamente en Obligado y siguió defendiendo a la patria también contra la vergonzosa alianza que Urquiza convino con Brasil para conformar el denominado “Ejército Grande” que, finalmente, logró sus propósitos imperiales en la batalla de Caseros. Chilavert, tras derrochar muestras de su coraje en el campo de batalla, terminó fusilado por Urquiza.

Hoy la historia lo recuerda como el patriota que, más allá de las divergencias políticas que tenía con quien dirigía en esos momentos los destinos de la nación, cuando el invasor extranjero la asechó, aquellas quedaban en segundo plano. Por el contrario Urquiza es recordado por su traición a Rosas y a su patria urdiendo su derrocamiento de la mano de una potencia extranjera.

En Venezuela abundan sin duda los traidores, pero son muchísimos más los patriotas que, de la mano de Hugo Chávez, se organizaron férreamente tras la empresa de construir un modelo propio, más equitativo y lo más alejado posible de las pretensiones de dominación imperiales. Esta vez confío firmemente en el triunfo de los Chilavert por sobre los Urquiza en esta nueva contienda desplegada ahora en la patria hermana. Los traidores y esa maquinaria mediática amplificadora de la traición, como la que vemos diariamente en nuestro propio país, esta vez habrá de conocer el amargo sabor de la derrota a manos del corajudo pueblo bolivariano. Que así sea.

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