Tan abrumados estamos por la penosa, bochornosa y desconcertante realidad presente, que muchas veces no tenemos en cuenta la enorme cantidad de  protagonistas que honraron y honran la vida dándonos motivos para la esperanza. El mundo de la ciencia, de la cultura y el arte especialmente es un campo inagotable de esos valiosos ejemplos. Es bueno mirarse en esos espejos. Recordarlos es una manera de tenerlos presentes, un buen “remedio para melancólicos”, podríamos decir parafraseando a Bradbury. No siempre estos hombres y mujeres han gozado de fama  o reconocimiento, pero sus aportes perduran más allá de los nombres propios. La literatura por supuesto abunda en estos ejemplos.

Elijo para esta semana dos figuras nuestras, muy nuestras, muy de Latinoamérica. Una es una mujer de origen humildísimo y singular talento poético, un alma bella si las hay, que alcanzó en su momento un galardón excepcional, fue premio Nobel de  Literatura en 1945, me refiero a Gabriela Mistral y el otro un periodista y poeta popular uruguayo cuya especial mirada sobre el mundo alcanzó trascendencia universal gracias a la melodía y el canto de Atahualpa Yupanqui, me refiero a Romildo Risso.

Hoy traemos a nuestro espacio cultural a don Romildo Risso, de quien pocos datos biográficos poseo pero a quien creo haber conocido algo a través de los sencillos y hondos poemas que se hicieron canciones. Quién no recuerda “Los ejes de mi carreta”. Muchos escucharon pensativos aquel tema de “Los horneros” o el de “El aromo”. Romildo Risso es un buen ejemplo de los que logran expresarse con sabia síntesis. No se trata de hablar poco sino de decir mucho en pocas palabras, y sobre todo de decir lo justo. Siempre hubo (aunque no muchos) quienes supieron unir el decir bello a la concisión. Decir mucho en poco espacio y además decirlo bellamente no es poca cosa. Y este es un don que poseía Romildo Risso.

Cuando se habla de la función poética del lenguaje suele destacarse como recurso fundamental la metáfora. Invalorable instrumento que permite condensar múltiples sentidos en una palabra atrapando no sólo el literal, sino esa nube a veces inasible que la rodea. Don Romildo Risso fue precisamente eso, un fino descubridor de metáforas. Sus poemas aparentemente tan sencillos, sólo descriptivos para una simple escucha, arrojan, sin embargo, sobre el mundo la fina red de sus metáforas que hablan con recato casi con pudor del dolor, de la soledad, sentimientos transfigurados por la meditación, por el pensamiento profundo. A Romildo Risso evocamos hoy y se nos hace indispensable asociarlo a Atahualpa Yupanqui.

Un encuentro afortunado

Cuándo y dónde se conocieron no lo sabemos con exactitud y debe haber sido cuando comenzaba la década del 30. Por aquellos años Yupanqui vivía su primer exilio en Uruguay en donde trabó hondas amistades y dejó huellas imborrables. Es muy probable que el encuentro entre el hombre maduro y cargado de sabiduría que era Risso y el joven talentoso que ya era Atahualpa se haya producido allí. El encuentro fue fecundo y feliz. Atahualpa musicalizó los versos del poeta oriental que adquirirían así  con el tiempo resonancia universal. Muchas veces los comunicadores, y aún los editores de temas y autores musicales omiten el nombre del autor de las letras, como si se tratara de un asunto menor.

Admiramos profundamente a Atahualpa, por eso mismo queremos traer a la memoria el nombre de uno de los poetas  elegidos por él, para componer su cancionero. Nos hubiera gustado saber algo más de ese poeta que sin duda hubiera recibido el elogio de Unamuno ya que tan bien sabía “Pensar el sentimiento y sentir el pensamiento”. Si sabemos que era uruguayo, que había nacido en 1880 y que murió en 1946. También podemos decir que se lo ubica entre los poetas nativistas como Fernán Silva Valdés y el famoso José Alonso y Trelles (El Viejo Pancho) con quien polemizó proponiendo otro modo de abordar el género gauchesco. Se nos dice que vivió en Rosario, donde también frecuentó la amistad de Yupanqui, no es mucho más lo que llegamos a saber  pero…  ¿qué importa lo que desconocemos de su vida, si tenemos en cambio sus poemas convertidos en canciones de valor universal?

 

E.R.

 

Poemas de Romildo Risso

 

Los ejes de mi carreta

Porque no engraso los ejes,

me llaman: abandonao;

si a mí me gusta que suenen

¿pa qué los quiero engrasaos?

 

Es demasiado aburrido

Seguir… y seguir la güeya…

¿Dimasiáo largo el camino,

sin nada que me entretenga!

 

No necesito silencio:

Yo no tengo en qué pensar…

¡Tenía!… pero hace tiempo…

Ahura… ya no pienso más…

 

Los ejes de mi carreta

¡nunca los voy a engrasar!

 

 

Lo miro al viento y me río

 

Que son muy negras las penas,

dicen y dicen cantando

pa mí que no ha de ser cierto,

si juera, mejor negarlo.

Yo también sé de pesares

Yo también sé de quebrantos

Se de las penas más negras

Pero de penas no canto.

 

También es verde la tierra

y verdes salen los pastos.

Mientras la raíz padece

canta en sus flores el árbol.

 

Ocasiones me figuro

que soy de veras un árbol,

lo miro al viento y me río

la raíz crujiendo abajo

 

si me desmiento en la vida

¡Acuéstenme de un hachazo!

 

Humito de mi cigarro

 

Humito de mi cigarro

ni que de adentro salieras

parece que te llevaras

por el aire mis ideas

 

Mi corazón va pitando

fuerte picadura negra

y el humito sale blanco

pero el tabaco se quema

 

la vida como el tabaco,

fuerte picadura negra

y el humito sale blanco

pero el tabaco se quema

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