La falta de proyectos

La falta de proyectos

 

Por Guillermo Pellegrini

Maestro Normal – Licencia en Ciencia Política

La juventud se queja de la falta de proyectos que le den participación y posibilidades, la segunda edad mira con cierto temor lo que ocurre a su alrededor, en su actividad laboral y las crisis, fusiones, absorciones, quebrantos y recesiones existen y le pasan por al lado y la tercera edad se la ve con mucha incertidumbre, sin una visión clara, es difícil tener una visión desde cada una de estas segmentaciones sociales de donde está parado hoy el ciudadano. Falta focalizar la problemática, faltan proyectos humanísticos, por eso cunde la incertidumbre y suele llegar al abandono espiritual, incluso la depresión.

El proyecto personal y grupal de vida marcará la dirección de tu existencia, le dará un sentido, porque vivir es una misión que vos mismo te propones alcanzar. Un buen proyecto de vida te acerca con mayor seguridad a una existencia llena de plenitud. Para hacer realidad este concepto se debe trabajar desde la cosa pública, se debe entender que necesita la persona humana en sus tres estadios de la vida; la juventud, la madurez y la ancianidad.

La importancia que ha adquirido el concepto de sociedad civil en la teoría política contemporánea responde a cambios sustanciales en los sistemas políticos y especialmente al replanteamiento que necesariamente se ha hecho de la relación entre gobierno y gobernados, a raíz del profundo distanciamiento de los ciudadanos respecto al estado y a las crisis globales de la política.

Bajo la premisa que se construyeron las democracias liberales, occidentales y cristianas, como se solía decir, que no era otra que la excluyente elección del postulado de libertad individual, en detrimento de la igualdad social, no solo se llegó a un abandono en la pretensión de lograr una justicia social a través de políticas sociales distributivas eficaces, sino que se entendía que el Estado era el único actor legítimo para concebir las políticas de desarrollo económico y social. En consecuencia el espacio público, era aquel espacio del estado que trataba temas de interés general. Un espacio público estatal, burocrático, politizado y carente de controles y compromisos sociales.

Se necesitan en la nueva sociedad reglas de juego comunes a sus actores y una participación de la sociedad civil en los proyectos del Estado, o sea un proyecto político alternativo basado en el compromiso y la participación ciudadana.

Encontramos partidos políticos antiguos, con viejos aparatos instalados en el poder, pesados, con muchos códigos y compromisos que los hacen ineficientes a la hora de cumplir con lo público, con falta de tiempo, de auto exigencias, falta de controles en el cumplimiento de los objetivos, de seguimiento y gestión, con muy poco presupuesto para la ejecución de las obras, que terminan en  lo hago hoy, mejor mañana y termina siendo nunca.

La sociedad civil se ha fortalecido con el discurso a nivel global, le abrió los ojos, “ocurren otras cosas en otros lugares” como la oportuna “Conferencia para el Desarrollo Social”, realizada en Copenhague en 1994. Por primera vez en la historia por invitación de las Naciones Unidas se reunieron Jefes de Estado y de Gobierno para reconocer la importancia del bienestar de la humanidad. “Reconocemos que en la población del mundo existe la necesidad urgente de resolver graves problemas sociales, especialmente la pobreza, el desempleo y la marginación social” (211 paginas). Han pasado 19 años y estamos peor.

Debemos apurarnos con el proceso de reforma y modernización del estado, fortaleciendo la sociedad civil, lo que se debe lograr es el cumplimiento de las políticas públicas que se enuncian y terminan en un cajón. Las organizaciones civiles, ONG, fundaciones, grandes y pequeñas universidades, gremios y sindicatos bien organizados; deben empujar la fiscalización y control sobre el destino de los recursos públicos. Con esto se evita la corrupción y el clientelismo, las obras faraónicas y el despilfarro, estamos hablando de una nueva auditoría de lo social sobre lo gubernamental.

Se pone en duda la legitimidad del Estado como único actor para llevar a cabo las transformaciones de las exigencias de ahora y además la capacidad que pueda tener el Estado hoy para dar respuesta, el cambio de la sociedad civil hacia el estado es histórico, es un nuevo espacio, el “Público” que es rediseñar desde lo civil, lo que antes hacia el Estado, es muy innovador.

La falta de proyectos en la juventud afecta su comportamiento, no hay responsabilidad, no se comprometen, no tienen un proyecto de vida, viven un presente sin horizontes, sin objetivos ni ideales.

El hombre maduro responsable, trabajador que lucha por su familia y un poco de bienestar, no encuentra proyectos que cuiden de él, de un despido anticipado, queda tirado a la vera del camino y no puede insertarse en el sistema por su edad. Y el estado no tiene nada para ofrecerle, ni un seguro por desempleo.

La vejez se ha trasformado en un estigma social, se los hace sentir despreciables. Debemos reconfigurar la tercera edad, la vejez no es repentina, es un proceso donde las capacidades físicas están afectadas, ya por la pérdida de seres queridos como de su trabajo, esto les provoca cambios en la vida cotidiana además de no tener vida sexual, son tercos, cascarrabias, solitarios y dependientes. Bajo todos estos paradigmas debemos establecer proyectos de vida para un final feliz. Hasta ahora el Estado está ausente en estos temas en toda Latinoamérica.

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