Por Guillermo Pellegrini

Maestro Normal y Licenciado en Ciencia Política

 

No olvidemos que los alumnos de hoy son los profesionales y dirigentes de mañana. Parece cosa natural que falte el maestro con liderazgo docente, que la escuela ni el entorno reaccionen. Se comprende la impotencia generalizada, la desazón, la falta de disciplina, sin que nadie se inmute afectando la convivencia ciudadana y la voluntad de padres y niños para poder seguir adelante. Cuantas ausencias en la sociedad que desea, necesita y lo está gritando una organización social con las prioridades que corresponden a un mundo globalizado.

Digamos que la responsabilidad y el compromiso de los educadores en un mundo tan complejo, es muy importante, es todo un desafió, deben poseer un elevado nivel de capacitación y enseñanza a la cual algunos se resisten.

Se nota a través de los gremios de la educación por sus reclamos, que están ocupados desde hace bastante tiempo en sus propias necesidades, más que en el rol de educadores. Los gremios se ocupan del “salario” y está muy bien, pero no que el educador se instruya y capacite cada días más, para hacer honor profesionalmente a tan noble función.

Debemos poner más el foco en la esencia de la Ley nacional de educación nº 1420, promulgada el 8 de julio de 1884, con la presidencia de Julio Argentino Roca (Generación del 80) que fue ejemplo y orgullo de nuestro país, donde estaba prendida la “llama sagrada” de la noble vocación de enseñar, mediante una educación pública común, obligatoria, gradual, libre, laica y gratuita. Donde los padres tenían respeto por la escuela y los educadores.

Ahora vemos todo tipo de críticas y obligaciones ninguna; deberían exigirles más a sus hijos y respetar más a los maestros. Este descuido de la educación de los hijos es por estar detrás de otras cosas que deberíamos revisar, si es tan importante como la educación de los niños y no dejarle toda la responsabilidad a la escuela que además está en un proceso de crisis.

Como dijo Monseñor Lozano… “La sociedad actual no admite el fracaso”. Esto presiona a la juventud que se siente insegura y avizora un potencial fracaso sin haber comenzado la lucha.

No entremos en el análisis de los costos de los manuales, mochilas, útiles y guardapolvos que agobian hoy al grupo familiar. La familia cada vez se debilita más no solo por las crisis económicas, sino por más madres solas o en debilidad de la continuidad matrimonial; sino porque los padres dejan la responsabilidad educativa en la escuela. Incluso ante el maestro dedicado y exigente, no solo no lo respaldan, sino que en no pocas oportunidades lo agreden.

“Dime y lo olvido, enseñame y lo recuerdo, involucrame y lo aprendo”. Benjamín Franklin.

Adicionalmente a la escuela-maestro que se le exige más, es una escuela que relativamente ofrece menos que en su etapa clásica. La necesaria y justa extensión de la matrícula, no va acompañada de las innovaciones y mejoras que la misma exige. Un tema también poco analizado es el de las villas. Hace medio siglo eran lugares transitorios, donde los inmigrantes o compatriotas venidos del interior en pocos años o como mucho en una generación, se incorporaban urbanística y socialmente a la sociedad. En las últimas décadas progresivamente desde la crisis de 1975 agravada con el proceso militar se han convertido en inmensas comunidades permanentes, donde se reproducen por varias generaciones, generándose verdaderas sub-culturas. Esto le quita a la escuela el papel de integración del pasado. Si no construís escuelas en las villas muchos niños y jóvenes no acceden a la educación y aquellas construidas dentro, resuelven el tema de la cobertura pero aunque sus edificios sean buenos, se genera una educación de excluidos para excluidos.

¡Por favor…! nosotros con nuestros impuestos y contribuciones participamos de la instrucción de los niños, somos parte del proceso, queremos y necesitamos ser parte del cambio, debemos cambiar para mejorar, se debe hacer incluso a pesar nuestro. Nuestros hijos y nietos deben estar mejor y más preparados que nosotros, es darles un futuro, recordando que el futuro, no viene solo, tenes que ir al encuentro y forjártelo vos, como estudiante. Siempre en un marco de dignidad, contenido ético y humildad -que es el conocimiento de nuestras propias limitaciones–. No hay otra forma de construir una mejor sociedad.

 

 

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