Podría asegurar que cada niño o adulto tendrá una historia que contar del lugar que hablaremos hoy. La calesita de Pilar, como así la conocemos todos (aunque su verdadero nombre es Pato Donald), está próxima a cumplir 40 años desde su creación.

Destacada por una trayectoria impecable desde 1979, es la favorita de todos los pilarenses, el plan perfecto para pasarla en familia cualquier día de la semana gracias al buen trato de sus dueños Pedro y su esposa Olga Sannez, quien hoy nos asegura que no puede despegarse ni un minuto del lugar.

Sus melodías infantiles, los colores, los juegos de siempre y la sortija que sorprendentemente todos sacan, ya que nadie se va sin una vuelta extra… cada detalle que no pasa desapercibido la hace diferente y especial. Porque no lo podemos negar, al pasar frente a ella, nos transporta nuevamente a nuestra niñez, a aquellos momentos donde no importaba nada más que jugar y disfrutar.

“Desde que mi marido me dijo de poner esta calesita, le dije que sí y desde ese día soy muy feliz”

¿Cómo empezó la calesita?

Empezamos con mi esposo hace 40 años. En principio fue atendida por mis queridos suegros, Pedro la había comprado para ellos, pero hace 23 años que nosotros nos pusimos al frente del negocio. En su momento también me ayudó mucho mi cuñado Jorge, pero él falleció hace un año. Es un emprendimiento familiar que arrancó con otra calesita en otro lugar, pero por diferentes circunstancias de la vida, se ubicó dónde está hoy actualmente. Fue mucho trabajo porque el terreno estaba vacío y los vecinos lo utilizaban como basural. Pero todo ese esfuerzo valió la pena.

Desde que mi marido me dijo de poner esta calesita, le dije que sí y desde ese día soy muy feliz. Mi marido vendió la calesita que tenía en Polvorines y nos dedicamos a esta exclusivamente. Sabemos muy bien que este es un trabajo full time, acá no existen feriados ni fin de semanas, pero acá vengo todos los días feliz y conforme. Seguiré hasta donde pueda.

A lo largo de este tiempo, han pasado muchos chicos e incluso hay algunos que decidieron trabajar con nosotros. Desde 14 hasta los 18 años, es un lindo trabajo para los chicos, ya que se pueden pagar sus estudios, ropa, para la edad de ellos está muy bien. Hoy en día ya son hombres, que vienen con sus hijos.

¿Y su marido?

El viene todos los días por la mañana a hacer el mantenimiento. Anteriormente tenía otra calesita en Los Polvorines, pero a sus 70 años decidió no seguir trabajando, y de esa manera se terminó vendiendo. Hoy en día es el responsable de que todo este así de prolijo. Yo le dejo absolutamente todo anotado, las cosas que hay que reparar y las que debemos mejorar, y él lo sigue todo al pie de la letra.

A veces nos ponemos a pensar: quien hubiera dicho que nos iba a ir tan bien, que íbamos a estar 40 años en esto. Y sí, todo ha salido bien, pero le pusimos muchas horas de trabajo, de sacrificio. Todos los juegos que están hoy en día, fue con mucha inversión. Se terminaba de pagar uno y ya pensábamos en comprar otro. No fue nada fácil.

“Acá se viven muchas emociones, ya sea un beso de un chico o un gracias. Todo suma. Son más los momentos lindos que feos”

¿Cómo es la reacción de la gente?

Muy lindo. Tengo un muy buen trato con la gente y cuando voy a algún negocio o me cruzan por la calle, soy conocida como la señora de la calesita (risas). Ellos nos acompañan y nosotros tratamos de cuidarlos. Tenemos un precio módico, ya que la situación es muy complicada. Nosotros pagamos todo, como todas las personas, sin embargo tratamos de no subir los precios.

Sabemos que tenemos una calesita antigua, pero tratamos de tener todo prolijo. Queremos que la gente se vaya de acá con una sonrisa. Muchas veces se van agradeciendo por cómo está el lugar o la forma en que los atendimos. Son pequeñas cosas que nos ponen muy contentos.

¿Y de los chicos?

Simplemente de no creer. A veces tan solo los veo entrar y veo cómo se les ilumina la cara. Esa felicidad en cuerpos tan chiquitos. Además, por la mañana vienen muchos jardines de infantes, que vienen de Astolfi, Villa Rosa, de todas partes. Es solo una hora, pero me llevo una gran satisfacción.

¿Sus hijos también están involucrados en la calesita?

Tenemos solo un hijo y tres nietos. Los chicos han trabajado en su momento, pero como todos estudian, tuvieron que dejar. Lamentablemente por los horarios ya no pueden estar. Mis sobrinos también han trabajado acá. Hay una persona que siempre nombro, y los demás chicos se ponen celosos. Esta persona y su hermano trabajaron de chicos con nosotros. Hoy en día es el director del colegio Tratado del Pilar. Cada vez que tiene la oportunidad, me agradece y cuenta que él se pone de ejemplo para enseñarles a los chicos, lo que luchó y trabajó cuando era más joven. Era un chico muy estudioso. Y no es solo él. Casi todo los chicos que trabajaron con nosotros, es el día de hoy que vienen a visitarnos. Afortunadamente tengo muchas historias lindas para contar.

¿Qué les provoca saber que muchos de los que venían de chicos, ahora vienen con sus familias?

Antiguamente la calesita estaba frente a donde se encuentra hoy en día, por lo que hay algunas personas que no saben que se trata de la misma. Un día, un muchacho me preguntó si éramos los mismos dueños y cuando le dijimos que sí, el joven se emocionó y nos dijo pensar que ahora traigo a mis hijos. Hay muchos de estos casos. Mujeres que traían a sus hijos y ahora vienen con sus nietos.

“Le debemos todo al pueblo de Pilar, gracias a los chicos, a toda la gente que nos sigue acompañando”  

¿En algún momento pensaron en dejar a cargo el negocio a otra persona para descansar?

La verdad es que no. Hace algún tiempo nos repartíamos los horarios con mi cuñado Jorge, sin embargo el falleció. Al faltar él, ahora me reemplaza Leandro, que es uno de los chicos que trabaja con nosotros. Ese es el momento donde descansamos.

Son sacrificios que unos hace, almorzar temprano para poder venir a abrir la calesita, perderse cumpleaños, entre otras cosas, son cosas que ya adoptamos hace tiempo, porque siempre seguimos una conducta en cumplir horario, solo para abrir, porque para cerrar lo hacemos cuando ya no queda gente. Las únicas excepciones son cuando llueve.

En medio de la situación económica del país, pensó en cerrar las puertas de su negocio.

Afortunadamente no. Hace muchos años corrió un rumor que en nuestra calesita, una víbora había picado a un chico. Esa fue la época más dura que vivimos, la gente no venía, no querían traer a sus hijos. Pero nosotros estábamos tranquilos, porque nada de eso había sucedido. Pedimos por los diferentes medios que la persona afectada se acerque, sin embargo no lo hizo y nosotros tampoco decidimos dejar nuestro lugar por esto.

¿Cómo es tu grupo de trabajo?

Es hermoso. Entre ellos se llevan bárbaro, no existen los celos de ver quien hace que, estoy muy contenta con todos ellos. Ellos saben que esto no es un trabajo para toda la vida, que el  sueldo es solo una ayuda y yo quiero que prosperen, sin embargo deciden quedarse.

Por eso le quiero agradecer a Walter, Marcos, Ariel, Sebastián, Damián, Nicolás, Jorge (cuñado) y a quienes están hoy en día a mi lado: Leandro, Rodrigo, Marcelo, Lucas y Matías.

¿Cuál crees que es la esencia de la calesita y por qué es elegida por todos?

Yo creo que es por lo clásica. La gente me dice que es la única que hay en Pilar, pero en realidad no. Les digo que hay otras en el distrito, pero todos me contestan como esta no hay.

Hay algo muy curioso, y es que la gente viene de todos lados. Hay personas que vienen de Moreno y aunque muchos no me crean, había una señora que venía con su nieta desde Palermo todos los domingos. Otros que venían de Mercedes, Zárate y algunos desde Bella Vista.

¿Bajó la cantidad de personas que venían?

Lamentablemente sí. Con toda la crisis que se estuvo viviendo en los últimos tiempos, afectó a todos los comercios. Pero gracias a dios algo entra y el solo hecho que venga alguien, es todo un logro para nosotros. Todo el sacrificio que hemos hecho valió la pena.

Pedro: Es un negocio familiar, pero tenemos grandes personas trabajando con nosotros. Acá si no se quiere a los chicos, no pueden trabajar. Es así.

Como cada día, Pedro se arrima a la “calesita del pueblo”, para controlar que todo esté en orden. En una de sus visitas, aprovechamos para charlar con él y nos comentó sus emociones  acerca del lugar elegido por todos los niños de Pilar. Una alegría que posiblemente otro negocio no puede brindar.

“Al tener un parque tan grande, las madres vienen con sus cochecitos y los equipos de mate. Los fines de semana se quedan hasta muy tarde y para nosotros es una satisfacción. Acá se viven muchas emociones, ya sea un beso de un chico o un gracias por el trato y mantenimiento que le hacemos a la calesita. Todo suma. Son más los momentos lindos que feos”, aseguró.

¿Seguirá pasando de generación en generación?

Creemos que no. Cuando comenzó esto se pensó en el futuro, a mí me dio muchas satisfacciones y me sirvió mucho, pero mis nietos tienen la mente en otra cosa. Gracias a dios tienen la posibilidad de estudiar y elegir lo que quieren ser. No creo que esta sea una salida laboral para ellos. Pero todo puede suceder, uno nunca sabe. Por el momento sacarla a Olga de acá es imposible (risas).

¿Qué les dirían a las personas que los siguen eligiendo?

Muchísimas gracias. Le debemos todo al pueblo de Pilar, gracias a los chicos, a toda la gente que nos sigue acompañando.

 

Belén Gómez

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