Mientras el Gobierno provincial destraba un nuevo conflicto con los gremios se repasan las características que constituyen desde hace tiempo las medidas de fuerza. Una problemática que se repite anualmente y que complica el normal desarrollo de las clases.

Durante los últimos quince años -aproximadamente- los paros docentes son una práctica habitual que año tras año genera las mismas rispideces. Los gremios acusan al Gobierno de ser el causante del conflicto por desatender la educación. Desde el Ejecutivo responden que son los maestros los que no se adecúan a la situación financiera de la provincia o del país, cualquiera sea el caso.

Año tras año los conflictos docentes pasan por las páginas de Resumen anunciando una noticia ya repetida. Podrá cambiar la fecha, las voces, los días de paro, los porcentajes exigidos pero siempre la educación es la que se ve afectada sin excepción.

A principio de este año, se concretó el paro docente más longevo que se haya registrado en la provincia de Buenos Aires. Luego de interminables horas de negociación y tras miles de discrepancias y declaraciones polémicas entre los gremialistas y la administración de Daniel Scioli, se llegó a un acuerdo que trastabilló hasta unos días antes del comienzo del receso invernal cuando se reavivó la problemática.

“Hubo una falta de respuesta del Gobierno, después del paro anterior hubo una conversación pero la FEB se levantó de la mesa porque la propuesta  no llega ni al más mínimo de nuestros requerimientos”, había señalado José Antonio Urquijo, titular de la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), en la edición de Resumen del 10 de junio de 2003.

Hoy, las declaraciones de Urquijo o de Baradel, Petroccini, por dar algunos nombres del sindicalismo docente, son exactamente iguales. El aumento de sueldos, los problemas de infraestructura y la falta de mobiliario fueron los reclamos retóricos que el gremialismo le viene haciendo a la Gobernación. La complicada situación económica, los acuerdos no cumplidos; las respuestas que la gestión provincial les otorga. De esta manera, como una historia sin fin, el escenario se repite una y otra vez.

Por el momento, este nuevo conflicto docente parece haberse apaciguado pero está lejos de haber terminado. Quizás la respuesta no la tiene que dar una administración provincial, ni la tengan los sindicatos docentes. Tal vez no haya respuesta si quiera, pero sí hay una pregunta que todos como sociedad deben hacerse. ¿Este es la clase de educación que queremos darle a las personas que seguirán forjando el país?

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