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Giro en la investigación: investigadores apuntan a un femicidio perpetrado por el empleado

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Marcela Hilarión fue encontrada degollada, con un cuchillo clavado en su ojo y con la ropa arrancada. Se cree que Rogelio Quispe habría intentado violarla y al no poder conseguirlo, la habría matado e hizo explotar una garrafa.

El miércoles por la tarde, un llamado al 911 alertó sobre una explosión en una verdulería del barrio De Vicenzo, en Del Viso. El establecimiento estaba ubicado en la calle Gualeguaychú 2868 y cuando la policía llegó, se encontró con el dueño del local y quien había dado aviso: David Apasa de 39 años.

La policía informó que Apasa declaró “que la explosión se produjo en un cuarto trasero cerrado con candado”, pero algunas versiones testimoniales apuntan a que Apasa, desesperado, pidió ayuda a los vecinos para abrir el cuarto ya que su esposa se encontraba en la verdulería.

Marcela Laura Hilarión de 30 años y madre de dos hijos, fue encontrada asesinada con diversas heridas de arma blanca en su cuello, el abdomen e incluso, con un cuchillo clavado en el ojo. A su lado, estaba Rogelio Quispe, de 28 años, empleado, con el 90 por ciento del cuerpo quemado.

Quispe murió horas después en el hospital debido a las heridas. Apasa, por otro lado, fue demorado por los efectivos y declaró que “se había ido de la verdulería a realizar un reparto y cuando regresó escuchó el chillido de la garrafa”. Cerca de las 2 de la mañana, fue liberado y, al momento, la coartada es firme aunque la investigación recién comienza.

Los efectivos luego de las últimas pericias en el lugar solicitadas por Federico Mercader (UFI Nº 4, cuando la causa aún estaba caratulada como “averiguación de causales de muerte”) y la declaración Apasa, dieron un giro en la investigación: la causa ha pasado a femicidio y suicidio, quedando en manos de la fiscal Carolina Carballido Catalayud de la UFI de Género.

Fuentes de la investigación creen que, mientras Apasa no estaba, Quispe habría intentado abusar sexualmente de Marcela y que ésta se resistió. Al no poder cumplir el cometido de someter sexualmente a la víctima, Quispe se habría desquitado degollándola y clavándole el cuchillo en el rostro, para luego quitarse la vida o encubrir el crimen haciendo explotar el lugar.

Una de las pistas en las que se sustentan los investigadores es en la llave del candado, que fue encontrada debajo del cuerpo de Quispe –quien aún seguía con vida cuando llegó la policía– y la ropa de Marcela, con visibles signos de haber sido arrancada de su cuerpo.

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