Lucila Godoy Alcayaga, tal era el nombre con el que fue anotada, adoptó el nombre de Gabriela Mistral en 1914  cuando participó en Los Juegos Florales de Santiago con los “Sonetos de la muerte”. Maestra, diplomática, escritora tuvo una relevante actuación en todas estas actividades. Entre los premios obtenidos recordemos el Premio Nacional de Literatura en Chile en 1951 y el  Premio Nobel de Literatura de 1945.

A su primer libro de poemas, Desolación (1922) siguieron entre otros varios poemarios tales como Ternura (1924), Tala (1938), Lagar (1954). Ha sido traducida a diferentes idiomas  y ha dejado  marcas en la obra de escritores latinoamericanos posteriores.

Nació el 7 de abril de 1889 en la localidad de Vicuña, Chile, y falleció  el 10 de enero de 1957 en Nueva York, EEUU.

 

 

Poemas de Gabriela Mistral

 

Dos ángeles

 

No tengo sólo un Ángel

con ala estremecida:

me mecen como al mar

mecen las dos orillas

el Ángel que da el gozo

y el que da la agonía,

el de alas tremolantes

y el de las alas fijas.

 

Yo sé, cuando amanece,

cuál va a regirme el día

si el de color de llama

o el color de ceniza,

y me les doy como alga

a la ola, contrita.

 

Sólo una vez volaron

con las alas unidas:

el día del amor,

el de la Epifanía.

 

¡Se juntaron en una

sus alas enemigas

y anudaron el nudo

de la muerte y la vida!

 

 

La rosa

La riqueza del centro de la rosa

es el centro de tu corazón.

desátala como ella:

su ceñidura es toda tu aflicción

 

Desátala en un canto

o en un tremendo amor

no defiendas la rosa:

¡te quemaría con el resplandor!

 

 

“Recados”

 

“Las cartas que van para muy lejos y que se escriben cada tres o cinco años, suelen aventar lo demasiado temporal -la semana, el año- y lo demasiado menudo -el natalicio, el año nuevo, el cambio de casa-, y cuando además se las escribe sobre el rescoldo de una poesía, sintiendo todavía en el aire el revoloteo de un ritmo sólo a medias roto y algunas rimas de esas a las que llamé entrometidas, en tal caso, la carta se vuelve esta cosa juguetona, tirada aquí y allá por el verso y la prosa que se la disputan”.

Estas y otras cosas decía Gabriela Mistral de esta especie poética, cuya autoría debemos atribuírsela a la poeta chilena, nos referimos a los famosos “recados”, peculiar versión de las cartas poéticas que tienen sabrosura, donaire y vuelo poético.

Entre los tantos “recados” que escribiera compartimos aquí algunos fragmentos de uno que dirigiera a Victoria Ocampo, con quien coincidía no sólo en el amor a la literatura y la ascendencia vasca, sino en el curioso hecho de  haber nacido el mismo día, un 7 de abril, de diferentes años, claro está. Victoria Ocampo la recibió en su casa de Mar del Plata, donde se estableció  una cálida amistad entre ambas. Por otra parte recordemos que el poemario “TALA” fue editado por “SUR” (Editora dirigida por V. Ocampo) en 1938.

 

Recado a Victoria Ocampo en la Argentina (fragmentos)

 

Victoria, la costa a que me trajiste,

Tiene dulces los pasos y salobre el viento,

El mar Atlántico como crin de potros

Y los ganados como el mar Atlántico.

Y tu casa, Victoria, tiene alhucemas,

Y verídicos tiene hierro y maderas,

Conversación, lealtad y muros. (…)

 

Gracias por el sueño que me dio tu casa,

que fue de vellón de lana merino;

por cada copo de tu árbol de ceibo,

por la mañana en que oí las torcazas;

por tu ocurrencia de “fuente de pájaros”,

por tanto verde en mis ojos heridos,

y bocanada de sal en mi aliento:

por tu paciencia para poetas

de los cuarenta puntos cardinales…

 

Te quiero porque eres vasca

y eres terca y apuntas lejos,

a lo que viene y aún no llega;

y porque te pareces a bultos naturales:

a maíz que rebosa la América

-rebosa mano, rebosa boca-,

y a la Pampa que es de su viento

y al alma que es del Dios tremendo…

 

Te digo adiós y  aquí te dejo,

como te hallé, sentada en duna.

te encargo tierras de la América,

¡a ti tan ceiba y tan flamenco,

y tan andina y tan fluvial

y tan cascada cegadora

y tan relámpago de la Pampa! (…)

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