Dra. Silvana A. Savio.

Doctora en psicología. Magíster en terapia de pareja y de familia. Escritora.

La muerte de un hijo o de una hija es el hecho más temido por todo padre y madre.

Se intenta no pensar siquiera en esa posibilidad, porque se sabe intuitivamente que el dolor sería inconmensurable.

Cuando un niño pierde un padre, pasa a ser huérfano de padre. Cuando muere una esposa, el cónyuge pasa a ser viudo. Cuando muere un hijo o hija, no hay palabra para definir la nueva realidad de los padres.

Ante la muerte por suicidio, los padres quedan hundidos en el dolor, envueltos en un torbellino de emociones descontroladas e intensas, mientras la sensación de irrealidad y las preguntas que nunca tendrán respuesta ocupan todo el tiempo y espacio. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿No quería vivir más? ¿Lo hizo conscientemente? ¿Mi amor no fue suficiente para que se quedara? ¿En qué nos equivocamos tanto? ¿Cómo no nos dimos cuenta de lo que estaba pasando? ¿Cederá en algún momento este dolor intolerable? ¿Cómo sigo?

El duelo por el suicidio de un hijo o de una hija presenta desafíos que parecen insuperables. A veces, las madres sobre todo, pueden sentir que ellas también quieren irse, que no quieren vivir más, que no pueden seguir adelante. Estar en contacto con padres y madres que se encuentran más avanzados en sus procesos de duelo, sirve como mensaje de esperanza de que se puede. Sí, con inmenso esfuerzo y dolor, pero se puede.

Una vez contenido el shock inicial, cuando puede ser necesario incluso alguna medicación temporaria para aplacar el dolor intolerable, los padres y madres pueden recurrir a distintas fuentes de ayuda:

– la familia: según cómo cada familia encare esa muerte, cómo se hable o no se hable de lo sucedido, si se validan o se niegan los sentimientos que surgen, la familia puede facilitar u obstaculizar el proceso de duelo.

– los amigos, colegas de trabajo, la sociedad en general: a mayor apoyo, mayor contención. Pero existe un estigma social en torno al suicidio y muchas veces las personas de quienes se esperaría esa contención, se alejan por distintas razones. Por eso, los padres y madres que quedaron suelen sentirse aislados. Una de sus tareas de duelo consiste en reacomodarse ante las relaciones sociales que invariablemente se modifican. Ellos mismos, al cambiar sus prioridades, también dejan de sentir afinidad por personas con quienes antes compartían gustos o actividades que hoy ya no tienen sentido.

– la psicoterapia individual: con un especialista en duelos y de ser posible, en duelo por suicidio. Es un ámbito personal en el que padres y madres pueden encontrar la contención idónea para volcar su dolor y sus intensas emociones.

– los grupos de apoyo: cuánto más específicos mejor. Brindan un espacio para compartir con otras personas que han pasado por una circunstancia de vida similar; todos comprenden lo que el otro está viviendo. Los grupos ayudan a sentirse acompañado y a darse cuenta de que lo que uno está sintiendo y pensando es normal dadas las circunstancias.

La ayuda que cada padre o madre elija, va a variar según las posibilidades del entorno. Suele encontrarse grupos de apoyo para duelos en general o para duelos por la pérdida de un hijo, pero no suele ser fácil encontrar grupos para el duelo específico por suicidio.

La ayuda elegida también va a variar según la forma particular en que cada uno encare el duelo. Cada duelo es único, porque cada persona es única. Hay personas que ante una desgracia tienden a encerrarse en sí mismas, a no abrirse para compartir el dolor. Es también una manera válida. Suele ser más característica en los hombres.

Hay otra fuente de ayuda que se complementa con todas las formas mencionadas y se trata de la ayuda que cada uno puede brindarse a sí mismo. No hay que subestimar el valor de tomar consciencia sobre lo que sucede dentro de cada uno, de informarse sobre las etapas y los tiempos del proceso, sobre lo que se puede encontrar en el camino y sobre las tareas de reconstrucción a realizar para poder avanzar con el duelo. Porque el duelo por la pérdida de un hijo por suicidio es una etapa de reconstrucción: hay que reconstruir el vínculo con ese hijo o hija que ya no está; hay que reconstruir una imagen de futuro, porque los proyectos con quien murió se desvanecieron; y hay que reconstruir una identidad, porque los padres y las madres que quedaron ya no son quienes eran.

El duelo por el suicidio de un hijo o de una hija es un proceso largo, cuyo avance dependerá, en gran medida, de la dedicación con que cada uno trabaje para su propia reconstrucción, para que una vez integrada esa muerte a la vida que continúa, el duelo pueda tener en algún momento un cierre claro.

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