Por la Doctora Gabriela Renault

Decana de la facultad de Psicología y Psicopedagogía USAL

 

La educación es la base para no metabolizar la pobreza, pero si la institución educativa, no se transforma, tendrá fecha de vencimiento como institución y la pobreza continuará subiendo.

 

Pensar al sistema educativo como sistema de transmisión de información, no se justifica y hasta podría ser tan desmotivador, que crecería cada vez más la brecha entre los que asisten a una institución educativa y los que no, pensarla, así como recopiladora de la información, es tan anticuada, como recordar cuando nos levantábamos para cambiar un canal de la televisión, o cuando no teníamos teléfono en nuestra casa, situación que hoy, es impensable.

La escuela, las universidades de este siglo solo tendrán sentido en la medida en que sean capaces de asumir nuevas funciones, dentro de ellas, que puedan, favorecer el aprender junto a otros, en espacios dinámicos y funcionales, ideales para trabajar en equipo, hacer consultas a los docentes o simplemente estar cómodo para pensar y desarrollar nuevos proyectos.

Debemos pensar, que el cambio en la revolución de internet, cuarta revolución en las escuelas, trajo todo tipo de transformación, desde el aporte de las tecnologías para acercarnos, para brindar todo tipo de conocimiento, trayendo además cambios en el impacto cognitivo, como consecuencias de la virtualidad, y la conectividad en la dispersión y la falta de motivación también.

A diario, nos encontramos colapsados de tanta información, pero las instituciones educativas no acompañaron estos cambios, es más el aula es lo más retro que podremos encontrar, es parte de un museo, o parte de un escenario, donde quizás mucho conservan los mismos bancos, el mismo pizarrón o las mismas estructuras.

Conservar lo retro, la presenciabilidad, la mirada, la mano que acompaña, la escucha, que acaricia, a los problemas, puede ser el escenario más grandioso para brindar al hombre colaboración, en la humanización, el ser humano necesita ser humanizado, y los valores, son solo trasmitidos por los humanos, pero los sujetos aprendices, deben ser convocados.

Cambia todo cambia, los docentes deberán ser diseñadores, el aprendizaje se deberá centrar en el sujeto, los estudiantes deberán estar hambrientos por aprender, si las clases son producto de la pedagogía del aburrido, no se podrá estimular y sin estimulación, hoy el cerebro no se enciende, el aprendiz se debe ir lleno de preguntas, las emociones deben encontrar un desenlace , positivo en la escuela, si queremos que los jóvenes quieran seguir en las instituciones educativas, deberemos articular los sistemas.

No se trata ni de hacérselas fácil, ni de llenarlos de tecnologías, se trata de usar los recursos, para hacer más atractivo, todo lo que hay que aprender.

Los analfabetos de este siglo, no son los que no sepan leer o escribir, serán los que no sepan aprender, re aprender o desaprender.

Es hora de darnos cuenta que la escuela debe estructurar y organizar todas las informaciones que le llegan a los aprendices, dentro del aula –y, habida cuenta de que las informaciones   suelen ser parciales, sucesivas, sin posibilidad de crear estructuras mentales organizativas,  ajenas a su preparación previa o madurez– la escuela debe estructurar y organizar esas informaciones recibidas por los sujetos.

También debe proporcionar los recursos necesarios para poder valorar y discernir las informaciones recibidas, y anticipar sus consecuencias y posibilidades de aplicación a las distintas áreas de la vida y de la cultura.

Los conocimientos tienen el riesgo de caer en lo obsoleto, el futuro inmediato plantea determinadas condiciones que también condicionan esta nueva orientación de la escuela.

Las instituciones educativas, debemos saber que formamos personas, pero esta vez, formar personas capaces de adaptarse todo el tiempo, de mutar, de crear sus fuentes de trabajo, de ingresar a un mundo que no perdonará la no transformación, que pasa de la mano factura a la mente factura.

Las aulas decidirán si aumenta o decrece la desigualdad, las aulas decidirán si aprenden más adentro o afuera de la misma, las aulas decidirán que los sujetos quieran seguir deseando superarse y dar de sí lo mejor.

El éxito de una educación estará en desarrollar capacidades para darle a la persona el impulso y las herramientas que le permitirán seguir aprendiendo durante toda la vida.

Los chicos que hoy están en primer grado, se recibirán en el 2030 y se jubilarán en el año 2083.

Pasamos de ser una escuela como templo del saber, a una escuela templo del encuentro presencial, quizás sean pocos los sistemas que tengan como una de las misiones, que los sujetos se encuentren para verse desde lo presencial, en un mundo donde crece en el encuentro virtual.

La misión es grande, pero la responsabilidad ante el cambio, es muy fuerte, debemos estar ya sumergidos en el tema, para seguir convocando a poder dar lo mejor que sabemos hacer, los que estamos en este sistema, el educativo, es la pasión por el trasmitir y crear la necesidad continua de apropiación de los saberes.

 

 

 

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