Señor Director:

Nuestro país y otros como Venezuela están pasando momentos difíciles. Cuando expresamos opiniones que tienen que ver con lo político debemos ser ecuánimes, responsables, criteriosos y cautelosos. Cotidianamente escuchamos o leemos comentarios apocalípticos y mal intencionados, que nada ayuda a que la situación mejore, comentarios que debilitan la institucionalidad democrática y republicana, generando divisiones inaceptables entre la ciudadanía. La mayoría de las personas que emiten estos comentarios padecen de una enfermedad psiquiátrica: el fanatismo político.

Quiero compartir una excepcional carta de lectores enviada al periódico El Comercio de Ecuador por el Sr. Rodrigo Contero Peñafiel, titulada Fanatismo político. Dice así:

“El fanático político defiende con tenacidad y vehemencia sus opiniones y creencias, defiende su propia verdad, su efímero poder. Su capacidad de razonamiento es escasa, por eso es presa fácil de caudillos y politiqueros, defiende tesis falsas, es iracundo e irascible, su capacidad de reacción es violenta e irracional, el fanático cree saberlo todo, se siente portador del poder divino para resolver problemas, sancionar o castigar”.

“El fanatismo es patrimonio de sistemas autoritarios y dictatoriales donde el chantaje, la represión y el miedo son utilizados para someter a la gente. Quienes no pueden acomodar sus ideas al fanatismo son considerados enemigos y exponen su estabilidad psíquica, física y social a serios peligros que pueden terminar en la tortura, la cárcel o la muerte”.

“En psicología a los fanáticos políticos se los ubica en el grupo de personas inseguras que tratan de compensar sus sentimientos de inferioridad por la fuerza, el chantaje o la mentira, su escasa capacidad de razonamiento no les permite pensar, generar ideas ni respuestas, requieren de incondicionales para a través de un discurso ofensivo, burlesco y populista desviar la atención al fracaso”.

Tengamos en cuenta estos conceptos cada vez que expresamos una opinión, no defendamos lo indefendible y no dejemos que nuestro pensamiento ideológico no nos permita ver la realidad.

 

Jorge Mengoni

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