El destacado empresario en actividades inmobiliarias hoy radicado en La Lucila, tuvo una dilatada actuación en  instituciones de Presidente Derqui, localidad donde su familia se radicó a principio de los ’40. Fue fundador y primer presidente de la Sociedad de Comerciantes, Productores, Profesionales y Afines, fundador y secretario de la Comisión de Jóvenes de la Capilla San Antonio, de la Biblioteca Popular, la Cooperadora Policial y la Fundación Presidente Derqui, de la cual fue luego su auditor. En cuanto a su actividad profesional, fue fundador y primer vicepresidente de la Cámara de Corredores y Martilleros Públicos de Pilar y presidente del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos del Departamento Judicial de San Isidro, al cual pertenece nuestro distrito. Tiene además una destacada labor como docente, especializado en temas inmobiliarios (técnica legal y operativa) la que desarrolló durante más de 30 años.

Incursionó además en el periodismo, siendo corresponsal del Diario Resumen en Presidente Derqui. Es autor del libro “Una Historia de Presidente Derqui y Villa Toro”, La historia que yo viví – Memorias, editado por Imprenta Derqui  en el año 2006.

Próximamente estará presentando su nueva publicación: “La historia de un sueño”, dedicado a los 90 años de Club Social y Deportivo Unión de Presidente Derqui, una realización de El Bodegón Ediciones, con la colaboración del escritor derquino Víctor Koprivsek, director del periódico El Apogeo. A punto de cumplir 85 años, Esmael sigue al lado de la mujer de toda su vida: Beba.

El Club Social y Deportivo Unión de Presidente Derqui, está cumpliendo 90 años de vida. Se fundó el 10 de mayo del año 1928, como resultado de la fusión de dos instituciones barriales que realizaban diversas actividades sociales y deportivas en el todavía incipiente pueblo de Presidente Derqui-Villa Toro. Con tal especial motivo, las actuales autoridades del club con la colaboración de la Cámara de Comerciantes de la localidad, están organizando una serie de festejos que incluyen la presentación del segundo libro del  productor inmobiliario Esmael Geder “La historia de un sueño”, quien fuera presidente de la institución durante 20 años, desde 1957 a principio de los ’80. Precisamente, la época que se conoce como la de la “refundación” del Club Unión de Presidente Derqui.

Corrían los años 1958, 1960 y nos habían pedido el edificio, salón, pista original y dependencias de la antigua sede ubicada en la esquina de Avenida  de Mayo y Rivadavia, hoy convertida en una galería comercial. Fue cuando el Club Unión de Derqui se quedó sin lugar. Fue una historia que viví y sufrí, pero que al final se convirtió en una de las mayores satisfacciones y alegrías de mi vida: la segunda fundación o refundación del Unión. Quizás solo los que vivimos esa época podemos darle la verdadera magnitud que tuvo. Lo cierto es que los socios renunciaban, algunos muy caracterizados y antiguos no creían que el club pudiera salvarse y decían desilusionados que no existía ninguna posibilidad. Pero un grupo de jóvenes lo salvó y lo construyó de la nada. Todo en el edificio histórico, donde hoy hay una galería comercial, era una etapa de crecimiento muy dinámico con gran cantidad de familias, socios y de actividad plena. Hasta que nos enteramos de la peor noticia, nadie hoy puede imaginarse lo que fueron esos días, cuando nos dijeron que teníamos que desalojar el lugar, perderlo todo.

Esto pasó entre los años 1958 y 1960. Nadie quiso hacerse cargo y hubo elecciones, así asumí por el voto de los socios que quedaron al cargo de presidente, cumpliéndose así mi sueño de adolescente. Por eso este año, 2019, no sólo se celebran los 90 años de la fundación del Unión, sino los 60 años de su refundación.

¿Cómo consiguieron los recursos para lograr la refundación del club?

“El club, junto a la Parroquia San Antonio fueron mis dos grandes sueños de juventud y tengo el sano orgullo de haber contribuido a lograrlos”

Todo comenzó con la compra de los terrenos ubicados sobre la calle Rivadavia esquina Lamadrid, hoy Dr. Fulco, propiedad de la familia Belluatti quienes nos facilitaron los pagos porque eran fundadores. El contrafrente, calle Antonio Toro, eran lotes de la familia Bisagno, donde construimos años después la pileta y los vestuarios. Vale decir que el 90 por ciento de lo que es hoy el club; la sede social, cancha de bochas cerrada, pista de baile con cancha de básquet y tenis criollo (donde hoy está el salón), cancha de baby-fútbol, juego de cartas y ajedrez, billar, secretaría para reuniones, el primer jardín de infantes, todo se construyó en aquellos años. Rápidamente, en la cancha de baby fútbol organizamos torneos para menores de 10 años, de 10 a 15, veteranos de 40 a 50 y de 50 para arriba. Y fueron un éxito. La cantidad de familias que se acercaron y empezaron a trabajar por el club fue increíble. Enseguida construimos una gran parrilla y otras obras complementarias. Se había cumplido el logro, el sueño de un  grupo de jóvenes que confió y creyó que lo imposible era posible; y pudieron levantar la nueva sede, hoy en pie. El club, junto a la Parroquia San Antonio fueron mis dos grandes sueños de juventud y tengo el sano orgullo de haber contribuido a lograrlos. Fui, soy y seré un soñador. Creo en los sueños. Toda mi vida, privada, familiar, profesional, empresarial e institucional la llevé adelante convencido que poniendo interés, pasión y buenas decisiones, los sueños podían cumplirse. Trabajar para la comunidad ayudando en instituciones siempre me hizo bien. Le digo más, desde chico, otro de mis sueños fue ser presidente del Club Unión.

¿Cómo era el Presidente Derqui que usted conoció de niño?

Toro-Derqui estaba separado por una quinta de verduras ubicada en pleno centro que dividía el pueblo viejo del pueblo nuevo.

En los alrededores había tambos, hornos de ladrillos, amplias casas y más quintas de verdura. Los domingos había partidos de fútbol de la liga pilarense con la participación del Club Unión, un domingo de local y otro de visitante. También bailes o algunas obras de teatro, pero sin demasiados atractivos. En ese contexto el Club Unión era el único lugar de reunión. El 2 de mayo de 1940 llegó mi familia, yo tenía 5 años y a los tres meses mis padres comenzaron a frecuentar los sábados a la noche los bailes que se hacían en el club. A partir de entonces iba todos los días y me encontraba con “Machín” Tapia, Osvaldo “Anguila” González, Ernesto Alpiggiani, Carlitos y René López, después llegaron los hermanos Parra y varios más. Así fue como pasé mi niñez y adolescencia en el club, disfrutando de esa maravillosa etapa. Y cuando fui joven y adulto decidí comprometerme y trabajar aportando mi granito de arena para que el club no desaparezca.

Usted es uno de los socios vitalicios de mayor trayectoria en la institución.

Junto a Irma Alindo y su esposo, Mario Mengoni, las hermanas “Kita” y Marta González de Rosso, somos probablemente, los socios vitalicios más antiguos. Actualmente tengo el honor de ser el presidente con más períodos de ejercicio por elecciones, y si le sumamos los cargos de tesorero y secretario general, varios períodos; puedo afirmar que esa institución fue mi segunda casa. La llegada de la inmigración europea, cuando italianos, polacos, yugoslavos, vinieron a Derqui escapando de la guerra, sacrificados, fueron grandes colaboradores, don José “Pepe” Znidarich, es un claro ejemplo. Esas familias compraron sus lotes con mucho sacrificio, construían sus casas de material y en los tiempos libres venían a ayudarnos. Eso fue lo que posibilitó la refundación del club y la construcción de la nueva sede. El Club Unión siempre mantuvo un muy buen nivel y conformación familiar. En ese clima y ambiente nos formábamos los chicos, seguíamos el ejemplo de los mayores. Debo reconocer que al comienzo era un ambiente un poco cerrado, pocas familias tenían influencia en la dirección del club y la toma de decisiones;  por eso tal vez con la aparición del “Grupo de Jóvenes” se inició una apertura, no total, pero si importante.

¿Cuáles fueron los primeros logros de la comisión que dirigió?

A los diez días se hizo la reunión del grupo, decidimos que la Asamblea sería cuando tuviéramos un proyecto aprobado entre nosotros, para poder exponerlo seriamente. El plan de acción fue el siguiente: solicitarle un año, mínimo, para devolverle el edificio a Evaristo Bastita y familia, dueños de la propiedad; vender el terreno con pista y escenario lindero al Dr. Crespi, frente a la antigua sede, de esa forma obtendríamos parte del dinero para poder comprar los terrenos de la familia Belluatti, donde está la actual sede.

Después, todos y cada uno de nosotros debíamos comenzar a recaudar donaciones, organizar eventos, festivales, bailes. Proyectamos la nueva sede y estudiamos las necesidades primarias y básicas del club. Sobre esas necesidades comenzamos a intercambiar ideas sobre el plano-anteproyecto. La estructura debía resistir dos o tres pisos. Primariamente necesitábamos un gran espacio para desarrollar actividades, un bar, sanitarios, oficina administrativa y para reuniones de comisión directiva, y atrás una pista para cancha de básquet, bailes y tenis criollo que tenía mucha aceptación. Confeccionamos el ante-proyecto y lo consultamos con arquitectos amigos. Efectuamos un “Concurso de Presupuestos, perfectamente detallados para la Construcción”. Se presentaron varios. Designamos una Comisión de Control de Ingresos y Precios y Egresos, para evitar dudas. Esa Comisión fue integrada por socios indiscutibles, Hilario “Lalo” Péndola, Julián Del Ben, Carlos Alpiggiani, Alfredo Tabarez y Luis Belluatti. Se eligió por precio y prestigio al Sr. Zocchi, antiguo constructor vecino de Pilar, quien ya con los planos confeccionados efectuó las planillas de cálculo de la estructura. Con esos elementos nos dedicamos, con la colaboración de albañiles socios, a construir toda la estructura, sólida y de calidad. Fue un proyecto ambicioso y de futuro.

Para financiar la obra estudié un mecanismo financiero, compré un Bono Patrimonial con “Tito” Ramos y “Chocho” Manfredi, y sobre la base del mismo, pensándolo y analizándolo entre los tres, propusimos crear un Bono Patrimonial con compensación y beneficios. No abonar la cuota mensual y el pago de un interés anual de 1 o 2 puntos por sobre los bancos más la devolución progresiva en una cantidad de años. La Comisión Directiva aprobó la idea y convocamos a una Asamblea General de Socios. Se aprobó y comenzó la suscripción de la primera etapa de los “Bonos Patrimoniales”, la cual fue un éxito. Reunimos prácticamente la totalidad de los fondos para la estructura de hormigón de la sede inicial, que es la actual, menos el salón grande, pero sí hicimos el piso del mismo para la cancha de básquet, tenis criollo, bailes y otros destinos. Nunca hubo una sola duda sobre la gestión económica y financiera de toda la obra, más aún, algunos profesionales de la construcción elogiaron los “Costos de la Obra” y la calidad de los materiales, trabajos y la solidez de la estructura y los cerramientos. Le compramos todo el cemento, hierro y demás materiales, a la ferretería y corralón de materiales de don Alfredo Tabarez y “Fito” Urtazum, otro gran colaborador y uno de los dos mejores árbitros de fútbol que teníamos. Siempre, previa comparación de tres presupuestos.

Debíamos, además de los actos programados, ser creativos, generar nuevas fuentes de recursos, entre ellos surgió una hermosa idea, algo nuevo y distinto. Armamos una pista de baile bajo los árboles para los “Carnavales de Invierno” y habíamos comprado el lote de enfrente, lindero con la casa y consultorio del Dr. Rodolfo Crespi y Nelly Pietronave, donde construimos otra pista para la cancha de basquetbol, tenis criollo, patinaje y bailes al aire libre con un escenario, baños y cantina. Siempre pensé y tenía la seguridad que debíamos darle un lugar privilegiado a los niños. Ellos traen a sus padres y a sus familias y hasta a sus amigos, así crece un club. Por aquel entonces organizábamos los equipos de básquet de damas, torneos de “tenis criollo”, campeonatos de truco, ajedrez y damas. Las obras de teatro primero las hacían los vecinos Pérez y Ortiz, y luego el recordadlo Raúl “Tito” Ramos, a quien lamentablemente perdimos hace poco. Además seguíamos con una actividad intensa: festivales, bailes, presentación de las mejores orquestas y las exitosas obras de teatro de Tito Ramos, carreras de automóviles de regularidad, búsqueda del tesoro, eran otros tiempos, otros entretenimientos, concursos de bailes, de resistencia y de calidad. También estaban los aportes personales, en más de una oportunidad cuando llegaba algún camión de materiales y no teníamos para pagarlo, entre Belfiore, Nilda Sciaccaluga y yo, juntábamos el importe de las facturas y las pagábamos, algún otro socio también efectuaba algún aporte, aun cuando en general no lo recuperáramos.

¿Qué recuerdos tiene de los festejos por la reinauguración del club?

Dos meses antes de la inauguración organizamos una gran rifa con excelentes premios. El sorteo sería el día de la fiesta. Se vendieron todos los números. Un mes antes, teatro y baile. Lleno total. La gente estaba “enganchada”, alegre, entusiasmada, colaboraba constantemente porque veía que cumplíamos todo lo prometido. Los preparativos para la cena de inauguración fueron claves, la venta de tarjetas avanzaba rápido, habría baile, orquestas, humoristas, números artísticos y premios. También organizamos una carrera de regularidad a San Antonio de Areco, con muchos participantes y saldo económico positivo. Quince días antes, un sábado, armamos un gran baile con tres orquestas. Al domingo siguiente festejo todo el día: campeonato de truco y ajedrez; torneo de tenis criollo desde la mañana y al término, torneo triangular de básquet femenino con el equipo del club. Y finalmente, legó el gran día: La misa, oficiada por el Padre Luis, arrancó temprano y se hizo en la nueva sede, Rivadavia 571. La bendición se realizó por la tarde junto con mi discurso inaugural como presidente. Recuerdo que mucho  público ocupaba toda la calle Rivadavia desde Lamadrid hasta cerca de Avenida de Mayo. Por la noche, el momento esperado, la “Cena de Gala”. Había invitados especiales, todos los ex presidentes, algunos por su avanzada edad no pudieron concurrir, autoridades municipales, referentes de otros clubes de la zona y de otras instituciones de bien público. En total fueron asistieron alrededor de 450 personas y duró hasta cerca de la 5 de la mañana. Todo un éxito.

¿De quiénes tiene noticias de que aún vivan en Derqui de aquellas épocas refundacionales?

“La gestión es la clave del éxito. Y gestión es saber elegir el equipo que acompañará con creatividad y dinámica”

Por lo que sé, lamentablemente quedan pocos sobrevivientes, entre ellos el Dr. Norberto Redolfi, Felipe Santoro y su hijo Jorge, las ya nombradas hermanas “Kita” y Marta González; Olga Perosio, esposa de mi gran amigo y luchador Domingo “Mingo” Alanis, a quienes brindo  mi agradecimiento, recuerdo y homenaje. Ernesto Alpiggiani, Jacinto “Tito” Belfiore, único sobreviviente de mis tres mejores amigos y compañero de lucha por el “progreso del pueblo”; sus hijos Walter y Adrián, la Sra. Irma Allindo de Mengoni y Mario Mengoni (los dos más antiguos del pueblo de 1930). El hijo de Julio y Nilda Palpacelli, Eduardo Palpacelli, Norberto “Tito” Gómez (querido amigo). Por supuesto, muchos siguieron luego trabajando mucho por la institución, entre otro Carlos Tabárez, quien tuvo también una muy buena gestión como presidente. Por el club pasaron  dirigentes notables y de gran jerarquía institucional.

¿Qué cosas importantes para la comunidad derquina recuerda tuvieron al club como protagonista?

Varias, por ejemplo en febrero de 1969  se inauguró el Circuito Automovilístico y Peña “César Malnatti”, iniciativa del Unión, impulsada por Florencio Tucci, vice del club, con gran suceso. En abril de ese mismo año, con el total apoyo de esta institución se nombra la primera comisión provisoria para gestionar los teléfonos en Derqui-Toro. El club apoyaba todas las obras de bien común y las impulsaba. También ese año, en el mes de junio se llevan a cabo las Primeras Fiestas Patronales de Derqui, organizadas por la Comisión de Fiestas que yo presidia e integrada por Antonio Basile y Jacinto Belfiore, encabezada en la parte religiosa por el Padre Luís de la Parroquia San Antonio, y con el apoyo del delgado municipal de entonces don Teófilo Tolosa. Impresionante la multitud que concurrió a la fiesta que duró todo el día y terminó con baile y fuegos artificiales en el Club Unión.

Pero el entusiasmo nos hizo ir por más. Con los terrenos del fondo con frente a la calle Antonio Toro, comprados a la familia Bisagno, pensamos en construir la pileta y los vestuarios. La mayoría no podía creer que no habíamos terminado la nueva sede y ya proyectábamos una pileta de dimensiones importantes. Otro sueño. Otro imposible. Consultamos, nos asesoramos y propusimos la construcción del actual natatorio. Preparamos los “Pliegos de la construcción” y nuevamente designamos una “Comisión de Notables Socios Antiguos” para el control estricto de la administración. Se convocó a una Asamblea Extraordinaria, se explicó la idea, el proyecto, los presupuestos, antecedentes presentados y la elección de la empresa que la construiría, sujeta a la aprobación de la Asamblea. La primera actividad para reunir fondos fue un asado que se hizo famoso. El valor de la tarjeta era ínfimo, un 10% del valor real que cualquier persona gastaría en una comida y la amplia convocatoria dejó un importantísimo saldo positivo. Se hicieron socios por 10 años de pileta, a pagar en 10 cuotas. No solo se construyó la pileta y los vestuarios en el plazo previsto, sino que se inauguró con un gran festival donde hubo partidos de water polo, desfile de modelos, carreras, sorteos, bautismos de agua arrojándose vecinos vestidos a la pileta, fuegos artificiales, humoristas, baile. En total, la inauguración de la pileta duró casi 16 horas, desde las 10 de la mañana hasta las 3 o 4 del otro día, es decir sábado y domingo.

Estuvo alrededor de 20 años como presidente del club. ¿Cómo definiría el éxito de tan dilatada gestión?

Como presidente debo haber estado, desde 1957/58 hasta cerca de 1980, los períodos eran de un año y asambleas anuales con elecciones. Antes estuve como secretario y también fui tesorero. La gestión es la clave del éxito. Y gestión es saber elegir el equipo que acompañará con creatividad y dinámica. Es saber tomar decisiones, tener una fuerte personalidad, pero siempre con un sentido de la humildad, no de la soberbia o la prepotencia. Entender perfectamente que se asume como servidor y no como dueño, porque cuando uno ocupa un cargo en una institución de bien público se está al servicio de esa institución y de los socios, pero también, en el caso del presidente, es la autoridad máxima junto con la Comisión Directiva. Para alcanzar los objetivos fijados hay que tener conocimientos de dirección y excelentes relaciones humanas, ser solidario y tener respeto por la opinión de quien piensa distinto. Saber evaluar y valorar la calidad y fundamentos de esas opiniones, nos ayudan a pensar y analizar nuestra opinión y consensuar para tomar la mejor decisión. Quien opina igual es parte de un equipo homogéneo, quien opina distinto nos hace pensar, nos ayuda a no equivocarnos. Valorar al que opina distinto es inteligente.

¿Cuándo decide dejar el club?

“Por el club pasaron dirigentes notables y de gran jerarquía institucional”

Llegó un momento en que se me hacía muy difícil atender el club. Tenía mi oficina inmobiliaria principal en Derqui, el Estudio Jurídico con Jorge Calvera en Pilar, otra oficina en Villa Astolfi. Paralelamente, mi actividad empresarial crecía en Capital Federal donde tenía dos oficinas comerciales. También atendía de manera independiente a una de las empresas de inversiones más grande del país, hoy la más grande con inmuebles en la ciudad de Buenos Aires. Construía en la Costa, efectuaba la consultoría a empresas inmobiliarias y capacitaba personal en mi Centro de Estudios que dirigía con mi hija Cristina. No me daban los tiempos, dormía muy poco. Tenía una dinámica increíble y era presidente del Club Unión y de la Sociedad de Comerciantes de Derqui-Toro, con la que conseguimos la sucursal del Banco Provincia gracias a la inestimable colaboración del Dr. Ricardo Lumi.

Debo decir, además, que por aquellos años fui elegido, primero secretario y después, presidente, del Colegio de Martilleros y Corredores Públicos del Departamento Judicial de San Isidro. También era integrante del directorio de la Caja de Previsión de esa profesión empresaria.

Un día comprendí que ya había cumplido con ese lugar tan importante en mi vida, el Club Social y Deportivo Unión de Presidente Derqui. Así fue como en una asamblea presenté mi renuncia. No me aceptaban, pero como expresara Mariano Moreno: “Las renuncias de las personas de bien son indeclinables”. Actualmente soy socio vitalicio del Unión, mi club. Nuestro club.

Cuando voy a Derqui-Toro, sigo parándome frente al Unión y a la parroquia San Antonio con orgullo y  mi mente y mis sentimientos siguen estando en esos dos lugares donde pude cumplir mis dos mayores sueños.

 

Oscar Orlando Mascareño

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