El Intendente pilarense recibió a Resumen y contó su historia, la cual lo llevó al lugar a donde hoy se encuentra. Vocación de servicio, innumerables experiencias alrededor del mundo, una larga lista de objetivos por cumplir y otras tantas frustraciones.

Todo pilarense ha escuchado su nombre, y una gran parte de ellos han contribuido a que ocupe el lugar en el que hoy se encuentra, sin embargo, ¿Cuánto saben realmente de Nicolás Ducoté?

Es extraño pensar en una figura de este estilo más allá de sus decisiones, las cuales en este caso afectan a todo los habitantes del distrito. Pero hay mucho más detrás de esa persona que manda en el Ejecutivo local, y él mismo es el encargado de contar su historia, y como la suma de experiencias y de caminos recorridos lo llevaron a elegir Pilar para llevar adelante su carrera política. Una carrera  con triunfos, derrotas, objetivos y frustraciones.

¿Cómo era Nicolás Ducoté antes de decidirse por la política? ¿Dónde nace la vocación?

Empecé a los 11 años, cuando fue mi primer viaje afuera a un campamento a cuidar chicos. Luego de esa primera vez comencé a ir como mentor de otros chicos, con organizaciones que juntaban chicos de países en conflicto. Era mi primera puerta para las ONGs, comencé a laburar para eso, y logré armar una ONG que tenía casi 400 personas y promovía mucho la cultura de encuentro entre los lugares con mucha brecha como La Cava y San Isidro, las zonas más avanzadas con las más postergadas.

Logramos hacer un campamento de dos o tres semanas con chicos judíos y palestinos, en ese momento de ingleses y argentinos, así que entre los 11 y los 21, participé bastante de organizaciones como scout y otras vinculadas al que hacer social y el voluntariado.

Me motivó muchísimo, encontré la vocación de ayudar a otros y servir, desde ir a pintar escuelas hasta dar apoyo escolar, dar catecismo, participar de ollas populares o darle de comer a gente que tenía frío en las calles.

Lo tomé como parte de mi vida, de mi formación, y hasta los casi 30 años me dediqué a participar muy activamente como voluntario en organizaciones comunitarias.

¿De qué manera te cambiaron la vida esas experiencias?

Una de las experiencias que me dio temprano la vida con la participación de organizaciones sociales internacionales, era que me tocaba viajar a diferentes países. Gracias a eso me fui formando bastante con una mirada de cómo el mundo resolvía algunos problemas que la Argentina no había resuelto.

Aprendí inglés, francés, portugués, italiano y algo de alemán. Llevo 72 países visitados y trabajé algunas semanas en muchos de ellos: Japón, Filipinas, países en África y en Europa casi todos. Así que toda esa experiencia comparada me terminó generando dos cambios de vocación. Uno es que cuando salí de la escuela decidí estudiar economía, y la verdad que no me apasionaba, no me gusta y no era donde podía desplegar de mejor manera mis talentos y capacidades, así que cambié.

Era compañero de Máxima Zorreguieta en la clase en la UCA, y después me fui seis meses a estudiar a Estados Unidos y me tocó estudiar con el actual rey de España, Felipe de Borbón, de hecho en Estados Unidos veníamos uno detrás del otro en la lista.

Abandoné en cuarto año la carrera, porque no era lo que me gustaba hacer a pesar de que me faltaba un año para recibirme. Todo mi tiempo libre lo pasaba viajando y haciendo cosas relacionadas a las políticas sociales y políticas públicas, tratando de ir a ayudar después de un terremoto en México y cosas de ese estilo. Eso me ayudó a decidir el cambio de carrera, donde elegí finalmente estudiar relaciones internacionales, con una mirada muy en particular a que cosas podemos aprender de otros lugares, para tomar mejores decisiones colectivas, públicas o comunitarias.

Sumó millas

Ducoté viajó por 72 países y habla seis idiomas. Su vocación de servicio lo llevó a recorrer todo el mundo junto a ONGs.

¿Cómo fue tu formación a partir de allí?

Después estudié una maestría en políticas públicas, y tuve la oportunidad tanto en las universidades donde estudié en Estados Unidos, como en mi tiempo en Argentina, de trabajar con la gente más talentosa e inteligente en estos rubros, y la verdad que todo ese camino de ONG y voluntariado me generó esta vocación de dedicarme todo lo posible a ayudar a otros y a tratar de aprender de otras personas que habían experimentado cosas.

Recorrí 22 de las 24 provincias. Antes de volcarme a la política en el Conurbano recorrí 96 de los 135 municipios, y hablé con todos los intendentes, ex intendentes, concejales, candidatos frustrados, y en general he encarado mi vida de una manera que cuando decido dedicarme a cuestiones de bien público trato de aprender mucho de otros, y después volcar eso a las tareas que me tocan.

Entre los 18 y los 25 me dediqué a terminar mi maestría y posgrados, de los 25 a los 36 me dediqué de lleno a las ONGs, fundando CIPPEC, volcando toda esa capacidad a constituir una institución que perdurada, y en los 40 me volqué más a la función pública y a tratar de incidir en la política en el Conurbano bonaerense.

Codeándose con la nobleza

El Intendente estudió junto a Máxima Zorreguieta y Felipe de Borbón, actuales reyes de Holanda y España.

Luego de recorrer tantos lugares, ¿Por qué elegiste Pilar?

Mi primera experiencia de venir a trabajar a Pilar fue por el año 2001 con Sergio Bivort de intendente. Nos hizo una consulta porque CIPPEC se estaba empezando a consolidar como una ONG que podía analizar problemas de política pública, y Pilar tenía una gran cantidad de problemas, entre ellos su administración fiscal, tributaria, planificación estratégica y demás.

Vine a trabajar un poco en la gestión de él, y después en la gestión de Zúccaro también nos llamaron para analizar temas del planeamiento estratégico, y allí conocí a Pugliese, a Ricardo Male y muchos de los personajes con los que después me tocó interactuar.

Además vengo desde los 7 años a Pilar, normalmente a visitar amigos o familia, mis tíos tenían casa acá, y es un lugar de los que uno se va enamorando con el correr del tiempo.

El Pilar que me tocó conocer de joven era el más rural, más agreste y no tan conurbanizado, un Pilar más asociado a pasar un bueno momento en el verano o los fines de semana. Ya por el año 2004, luego de vender un departamento en Capital decidí comprar casa y empecé a mirar Pilar pero como no me alcanzaba terminé comprando en Zona Oeste. Mi familia se mudó toda para acá y está oportunidad de haber trabajado en varias ocasiones y ver la enorme oportunidad que significaba Pilar para el desarrollo de muchísimos vecinos me inspiraba, pero que todavía tenía carencias inaceptables: 13 por ciento de la gente con agua y cloacas, la cantidad de calles de tierra intransitables, la mortalidad infantil demasiado alta. Presentaba un muy lindo desafío para aquellos que tenemos voluntad de mejorar nuestras comunidades.

Recién en el 2011 cuando tomé la decisión de comenzar a incursionar en política, y pensé donde hacerlo, decidí que fuera Pilar para recorrer un camino y ver si en 2013 me elegían como concejal, y pensar después si podía contribuir más desde el Ejecutivo como intendente o funcionario, y ese fue el recorrido que me fue llevando a tratar de elegir que el lugar con mayor inequidad de la Argentina, se convierta en un lugar con muchas más oportunidades para todos sus vecinos.

¿Tuviste el apoyo de tu familia en esta decisión? ¿Cómo es esta vida para ellos?

La familia sufre muchísimo en esto, y por eso trato de tomarme cuando puedo tres o cuatro días con los chicos. En los años electorales es imposible, el año pasado casi no tuve vacaciones y el año que viene es poco probable que las tenga. Trato de reservarle a la familia tres o cuatro horas los miércoles a la tarde, llevo a los chicos al colegio las mañanas que puedo, los fines de semana trabajo, pero también trato de reservarme unas horas para estar en casa sábados y domingos.

En 2016 fue mi primer año en gestión y casi no pude darme un descanso ni tiempo a la familia, había muchos problemas para arreglar y mucho para aprender y reorganizar del Estado. El 2017 fue electoral, este 2018 a pesar de la tormenta que estamos pasando, era un año que cuando arrancó muchos esperábamos que fuera más positivo y cuando organicé mis tiempos familiares traté de dedicarle 15 o 20 días a lo largo del año para estar con los chicos y mi mujer, así que agradezco mucho a ellos que me aguantan en esta vocación.

Es difícil cuando ocupas un cargo público salir al cine o a cenar porque todo el mundo te interrumpe para pedir por alguna necesidad que tiene, hacer un reclamo o una sugerencia, pero ellos lo vienen llevando de la mejor manera posible. Y sabemos que el año que viene va a ser muy desafiante para toda la familia.

Llegando a la experiencia frente al Ejecutivo, ¿Cómo ha sido el balance de estos años?

El primer año fue muy difícil. Un año de transición donde me desilusioné mucho con la posibilidad de hacer las cosas que venía a hacer, y creo que la sociedad también se desilusionó porque había una expectativa desmesurada, propia y ajena, de que íbamos a poder resolver los problemas de inequidad en el acceso a la salud, falta de oportunidades educativas, falta de trabajo, obras de infraestructura. Y habiendo asumido la segunda deuda más grande de la provincia de Buenos Aires y la más grande del Conurbano, y con un Estado que no tenía las capacidades operativas para hacer todo lo que los vecinos demandan, nos tomó muchísimo tiempo ordenar la casa. Pasar de tener déficit a tener superávit, lograr que el Estado pudiera empezar a responder tres o cuatro veces más a la cantidad de reclamos que se resolvían antes, pero todavía cinco o seis veces menos que los reclamos que se generan. Fue un año de muchas frustraciones, pero pudimos empezar a aprender cómo resolver algunos problemas de Pilar.

En 2017 pudimos tener más satisfacciones, y no solamente las electorales, sino que pudimos empezar a hacer obras que van a durar 30 años. Llegaron las obras en las rutas, obras edilicias en las escuelas, inauguración de los primeros jardines, logramos hacer el COM, y mucho más.

“Tengo mucho deseo de poder reelegir y voy a trabajar para eso”

El 2016 fue un 4 en puntuación, y el 2017 un 6, por lo que esperábamos que el 2018 fuera un 7 o un 8 que nos permitiera batir 500 cuadras de asfaltado, hacer veredas, avanzar con la incorporación de más patrulleros, terminar con las 3.000 vacantes del sistema educativo, pero creo que este desafío económico de los últimos cuatro o cinco meses y probablemente de los próximos dos o tres, está dificultando la concreción de algunos de nuestros planes. Hace que una parte de la sociedad esté frustrada con el Gobierno, pero hay que estar en las buenas y en las malas. Pasaremos este año, y ojalá logremos en el 2019 estar todos los argentinos en un contexto de mayor crecimiento y mayores oportunidades.

Nos comentaste que esperás para el futuro de los pilarenses, pero ¿qué esperás para tu futuro?

Tengo mucho deseo de poder reelegir, por lo que voy a trabajar para eso. La sociedad decidirá si me da la oportunidad o no, pero desearía de aquí a cinco años ser intendente, terminando mi segundo mandato y ya pudiendo dejar el Municipio en manos de otro equipo que venga a subsanar las cosas que nosotros no hayamos terminado de corregir. Ya que no van a alcanzar cuatro años para asfaltar todas las calles, para proveer de agua y cloacas a todos los vecinos que lo necesitan, ni haber terminado las inversiones que hay que hacer en educación para que nuestras escuelas realmente sean lugares que nos enorgullezcan, y no reflejen vulnerabilidad o abandono como todavía lo hacen.

Hay mucho por hacer. Cuando me embarqué en este proyecto de la intendencia por cuatro años arranqué con 30 o 40 objetivos para cumplir, y en el camino me fui dando cuenta de que va a ser difícil lograrlos cuando termine la primera gestión, voy a poder mirar con algún orgullo cosas que dejé, pero son muchas menos las que hubiera querido dejar. Va a haber un Hospital Maternal, seguramente dos o tres unidades de complejidad intermedia, las Rutas 234, 8, 25, el camino a Manzanares, a Astolfi, muchos mejores accesos, el COM con casi 1.000 cámaras conectadas, vamos a haber hecho algunas mejoras, pero también vamos a tener una enorme parte de nuestra población viviendo en condiciones mucho peores de las que cualquier argentino quisiera tener, sin acceso a agua, gas, la electricidad en cantidad y calidad que necesitan, las calles y las veredas. Va a quedar mucho trabajo por delante, así que me gustaría poder servir cuatro años más.

Si no lográs la reelección, ¿cuál será tu camino?

Mi compromiso con Pilar no depende del cargo que ocupe. Vengo dedicándome hace unos cuantos años a tratar de lograr que se lleven adelante mejoras de políticas públicas en el distrito, y lo voy a seguir haciendo independientemente del cargo que tenga porque es un compromiso de vida, de querer que este lugar progrese, que más jóvenes puedan estudiar, que más gente encuentre trabajo, y que más gente reciba la salud que se merece.

“Mi compromiso con Pilar no depende del cargo que ocupe”

Muchas de estas cosas las voy a seguir haciendo desde la política, desde la sociedad civil, desde la universidad -fui profesor de las dos universidades privadas del distrito y me encantaría algún día poder contribuir desde la universidad pública también-, con lo cual el compromiso con la comunidad es de largo plazo en mi vida y la de mi familia. Elegimos vivir acá y queremos hacer de este lugar nuestro lugar en el mundo, donde decenas de miles de vecinos puedan vivir mejor y tengan más posibilidades.

Dicho eso, siempre entendí la política como un acto de servicio de algunos años, si serán cuatro u ocho lo decidirá la sociedad, tengo un montón de otras cosas buenas para hacer: ONG, universidad o algún otro nivel de gobierno ya sea provincial o nacional.

Mi voluntad es servir acá y poder dejarle un legado a Pilar que realmente haya sido transformador, y en palabras que a veces suenan más exageradas, que haya sido una pequeña revolución, que hayamos podido modificar de fondo la manera en que los pilarenses administramos nuestro futuro, las herramientas, los elementos que le dejamos a nuestros niños. Y lo que tengo que lograr en estos años es que haya obras que se hagan bien para durar 30 años.

Ojalá algún día uno de mis hijos, nietos o sobrinos esté yendo por la Ruta 8, atendiéndose en el hospital o visitando alguna escuela, sabiendo que en la gestión que nos tocó servir pudimos hacer esas obras realmente transformadoras de esta comunidad.

Rodrigo Etchart

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