Cultura

Enrique Cadícamo, un creador excepcional

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Hace 119 años, el 15 de julio de 1900 nacía en General Rodríguez, Enrique Cadícamo, uno de los más grandes creadores que tuvo el tango, especialmente como autor de letras, aunque también incursionó en la composición musical. Hacia 1910 la familia se radicó en el barrio de Flores donde ya adolescente se inició en la vida literaria y cultural del barrio que transcurría entre otros lugares, en los cafés de la zona. Siendo muy joven ingresa como empleado al Consejo Nacional de Educación. Este hecho resulta importante porque allí trabaja con Pablo Suero, un conocido periodista y crítico teatral de la época, quien descubre en el joven condiciones para la poesía popular y lo alienta en este sentido. Por aquel entonces Leopoldo Lugones que era el director de la Biblioteca del Maestro hizo una crítica favorable a su primer libro de poesías “Canciones grises”.

La prolongada vida de Cadícamo, murió al borde de los 100 años, estuvo marcada por un talento especial pero también por el éxito. De 1924 es su primera letra, el tango Pompas, más tarde Pompas de jabón, al que le puso música el pianista Roberto Goyeneche (tío del cantante). Este tango fue cantado por C. Gardel. Otros veintidós títulos serían estrenados por el mismo cantor. Esa sola circunstancia le significó afirmarse en el éxito, no sólo en nuestro país sino, y, especialmente en París.

Uno de los temas más famoso, cantado por Gardel es precisamente Anclao en París de  cuya letra es autor Cadícamo. Este tango evoca a un argentino (seguramente había más de uno en esa situación) que sueña con conseguir los medios económicos para regresar a Buenos Aires. Este tango como muchos otros tiene un tono elegíaco (se lamenta la pérdida de algo). El uso acotado pero muy certero del lunfardo con eso de “te encana la muerte…” por ejemplo, le da esa nota de identidad tanguera que no le falta a ninguno de sus temas.

Una afortunada asociación

Al hablar de Cádicamo surge la necesidad de mencionar a Cobián, su entrañable amigo. Con él constituyó una dupla creativa excepcional, una afortunada asociación así podríamos calificar a la que formaron Enrique Cadícamo y C. Cobián. De su trabajo en común podemos recordar tangos memorables como: La casita de mis viejos, Los Mareados y Nostalgia, en todos ellos está presente ese temple de ánimo que relacionamos con la evocación  nostálgica de algo que se ha perdido.

Indudablemente esa satisfactoria combinación de trabajo que se prolongó en muchos temas y por mucho tiempo estaba asentada en una firme amistad. Al respecto podemos recordar lo que dijera Catulo Castillo: “Decir Cobián y Cadícamo es denunciar la fórmula de una identidad inexcusable, por fusión integral que parece biológica”.

Cádicamo, que es autor de letras, poemas, novelas, artículos, guiones, escribió además una biografía de su amigo Cobian.

La vinculación con Lito Nebbia y su sello discográfico Melopea posibilitaron que Cadícamo encontrara un camino para seguir aportando al tango y a la cultura nacional. Lúcido y serenamente activo transcurrió los últimos días de su vida.

E.R.

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