Opinión

“El que se va y el que se queda”, dijo Regino Osés

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Por auguzama

Hace unos cuantos años, no recuerdo exactamente cuándo, por la década del ´70, mi padre me pidió que lo representara en un encuentro de la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Pilar, en un almuerzo que se realizó en el salón del entones comedor escolar de la esquina de 11 de septiembre y Bolívar, hoy dependencia municipal.

En ese entonces presidía la institución, un líder indiscutible que mucho hizo por el crecimiento de la misma, muchas veces criticado, otras muchas aplaudido y otras tantas reconocido, Don Regino Osés, quien estuvo al frente de la entidad durante muchos años, en los cuales se creció y mucho, en especial en la obra de construcción del edificio de la esquina de Tucumán e Ituzaingó, con sus tres pisos de oficinas y el por entonces, cuartel central.

Se encontraban presentes en ese momento los dos intendentes “de facto”, Daniel “Beto” Ponce de León, el saliente, y el flamante designado por la gobernación de Buenos Aires, dependiente del gobierno del mal llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, Ricardo López Herrero.

Al momento de los discursos, con su característica verborragia, Don Regino dirigiéndose a los dos invitados especiales expresó en su castellano, (español argentinizado): “acá tenemos al que se va, un buen muchacho” refiriéndose a Ponce de León “y al que se queda”, a quien mirándolo fuertemente y con voz más que dura le expresó: “a este –por López Herrero que asumía al día siguiente, lunes– “le decimos que sea honesto, que no robeee…, que saque a Pilar adelante…”.

Despertando el aplauso cerrado de la concurrencia, muchos del ambiente bomberil y otros invitados y la sonrisa de ambos, en especial la del entrante que más allá de sentirse incómodo, aceptó la advertencia del orador, confundiéndose en un abrazo ante la mirada atónita de la concurrencia.

Esta frase quedó al menos, en mi memoria y en su momento la reflejamos en las páginas de Resumen. Y hoy, a más de 40 años de ese simpático y a la vez “sarcástico” episodio, sin Osés pero con una Sociedad de Bomberos más vigente que nunca, con su amplio cuartel flamante de la Ruta 8, es importante, tal vez menos drásticamente, reflotar aquellas palabras.

Nuevamente tenemos hoy al que se va y al que se queda o, mejor dicho, que ya se quedó al haber asumido su mandato como jefe comunal. La gran diferencia es que ambos, contrariamente a lo que pasaba en ese momento, fueron elegidos por la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas pilarenses, no por un par de trasnochados que de buenas a primeras se apoderaron del poder en nuestra querida República.

Con transparencia, con el esfuerzo que conlleva una campaña política por estos tiempos, uno se va con un considerable porcentaje y el que viene llega con otro gran porcentaje de votos que le permitió ganarse el sillón de Lorenzo López.

Con un poder legislativo vernáculo que prácticamente igualan en cantidad de ediles, ambos dirigentes políticos, uno desde el oficialismo y el otro desde la oposición tienen la oportunidad de gestionar, de trabajar cada uno desde su lugar, por el progreso y en especial el bienestar de los pilarenses. No tenemos la talla moral de aquel dirigente de origen español que marcó un hito en la historia de las instituciones, como para calificar a uno o sentenciar a otro, solo pedimos que juntos, uno por cada posición política, busquen la unidad de nuestro bendito suelo, para que haya más trabajo, más salud, mejor educación, mayor seguridad y más progreso para todos los pilarenses. Que así sea.

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