Por auguzama

Era fines de la primavera del ´82, Pilar y el país entero se aprestaba a acomodar sus “petates” para comenzar a vivir una nueva etapa, ya que la restauración de la democracia en la Argentina era inminente. Los militares que tomaron el poder en 1976, declinaban en sus mesiánicos proyectos y en ese año, el fracaso y el horror de la Guerra de Malvinas hizo caer todo intento de perpetrarse en el poder a los dictadores de turno.

Los partidos políticos comenzaban a desempolvar sus dirigentes y las reuniones, cenas y mítines empezaban a llenar los locales y las calles. En ese diciembre de 1982, un grupo de radicales encabezados por el recordado caudillo José Haiek, del “Balbinismo”, o Línea Nacional, y del “Alfonsinismo” o Renovación y Cambio, Ruben Martinelli, entre otros, decidieron despedir el año en público, ya que la “retirada” de los hombres de armas, hizo que se permitieran nuevamente las reuniones públicas de políticos y partidarios, que habían sido prohibidas tras el nefasto e innecesario golpe militar.

En un restaurant que funcionó en nuestra ciudad durante muchos años sobre la Ruta 8 en su intersección con la Ruta 25, frente al ACA Pilar, alrededor de 400 y algo más de seguidores del partido de Alem e Yrigoyen, todos juntos, “Balbinistas” y “Alfonsinistas” se unieron en una gran mesa junto a destacadas figuras del radicalismo de entonces, como el recordado Antonio Tróccoli y Juan Belarrinaga, presidente del comité provincia de la UCR.

Todo iba más que bien, unos y otros, los viejos, los nuevos y  muchos jóvenes y algunos niños, disfrutaban de un más que agradable ágape. Los discursos de los visitantes eran aplaudidos por la multitud que, hasta algunos los escuchaban y observaban desde afuera ya que se había colmado la capacidad del restaurant.

De pronto, todo se opacó. Un llamado “grupo comando” de delincuentes irrumpió en el lugar y a la voz de “esto es un asalto”, comenzaron a despojar a los comensales de sus dineros, sus joyas, relojes y todo lo de valor que tuvieran en mano.

Obviamente, contrariamente a lo que se dice habitualmente: “Que no cunda el pánico…”, éste se adueñó de más de uno de los asistentes a tan grato evento. No podemos dejar de recordar el momento de tensión cuando los malhechores intentaban sacarle una pulsera con dijes de oro a una quinceañera presente, la ahora señora Alejandra Pagani que, al no poder sacársela de la muñeca, uno de los vándalos más osados le gritó al que lo estaba intentando, “córtale la mano”. Inmediatamente provino la reacción del papá de la jovencita, el dirigente de Renovación y Cambio Oscar “Cacho” Pagani, quien intentó abalanzarse sobre el individuo que por suerte desistió de su funesto amague.

Una anécdota tragicómica, fue cuando el recordado vecino Horacio Tolosa, que estaba sentado a mis espaldas, amagaba con su billetera a dejarla sobre la mesa para que la retiren los “visitantes” y, sin tener demasiada confianza con Don Horacio, yo le decía “no sea tonto, guarde eso”. Cuando se fueron los maleantes, al consultarnos uno a uno sobre lo que nos habían llevado, el amigo Tolosa dijo, no, a mí no me llevaron nada.

Por último el recuerdo risueño de la amarga jornada, fue cuando nos percatamos que debajo de la mesa donde estaba sentada la señora de un también recordado dirigente de Manzanares, Don Félix, quedó intacta la bolsita con los huesos que la vecina había ido juntando para alimentar sus perros.

En fin, afortunadamente muchos de los que estábamos allí todavía podemos recordar este amargo momento y, muchos otros lo llevaron en su memoria hasta sus últimos días, pero todos y cada uno de los que ya no están, siempre son recordados por sus correligionarios y amigos cuando de anécdotas radicales se habla.

¿Lo recuerdan?

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