A 60 años del hallazgo de un gliptodonte que sorprendió a Pilar

En septiembre de 1966, Diario Resumen daba cuenta del descubrimiento de los restos de un enorme gliptodonte en la estancia Carabassa. A 60 años de aquel episodio, el archivo permite reconstruir un hallazgo que causó sensación en Pilar y que tendría nuevos capítulos décadas después.

El 21 de septiembre de 1966, las páginas de Diario Resumen daban cuenta de un descubrimiento que había despertado sorpresa y curiosidad entre los vecinos de Pilar: durante una excavación realizada en terrenos de la estancia "Carabassa" habían aparecido los restos fósiles de un gliptodonte, un enorme mamífero prehistórico que habitó estas tierras miles de años atrás.

A seis décadas de aquella publicación, el archivo de Resumen permite reconstruir una historia que trascendió rápidamente los límites del distrito y que, con el paso del tiempo, sumaría nuevos capítulos con otros hallazgos similares en distintos puntos de Pilar.

Todo comenzó mientras la firma Francisco Currás e hijo realizaba excavaciones en una fracción de campo de la estancia Carabassa. En medio de los trabajos aparecieron restos que llamaron inmediatamente la atención por sus dimensiones y características.

Un técnico del Museo Argentino de Ciencias Naturales llegó hasta el lugar y determinó que pertenecían a un gliptodonte, una especie emparentada con los actuales armadillos pero de dimensiones extraordinariamente mayores.

A 60 años del hallazgo de un gliptodonte que sorprendió a Pilar

Según describía Resumen en su edición de septiembre de 1966, la caparazón encontrada medía cerca de 2 metros de largo por 1 de ancho y unos 80 centímetros de alto. Su espesor oscilaba entre 6 y 8 centímetros y presentaba una notable dureza. En uno de sus extremos también podían observarse huesos cuya conformación permitía identificarlos como parte de la cola del animal.

La magnitud del descubrimiento hizo que la noticia rápidamente ganara repercusión. El hallazgo fue recogido por diarios metropolitanos y numerosas personas comenzaron a acercarse hasta la cantera explotada por la familia Currás para observar los fósiles.

Resumen destacaba entonces la predisposición de los responsables del establecimiento, quienes facilitaron las gestiones necesarias para que el descubrimiento pudiera ser estudiado y difundido.

Pero la historia no terminó en la cantera. Poco después, los restos fueron trasladados hasta el Cuartel de Bomberos de Pilar con el objetivo de exhibirlos en la ciudad. Otra publicación de este diario registró aquel momento y mostró a los bomberos, su jefe y al maquinista municipal, de apellido Olivares, durante la compleja tarea de bajar del camión la pesada estructura fósil.

La aparición de aquel gliptodonte constituye uno de los primeros hallazgos paleontológicos de gran repercusión en Pilar. Sin embargo, con el correr de las décadas, el subsuelo del distrito volvería a revelar rastros de estos gigantes que habitaron la región durante la prehistoria.

A comienzos de la década de 1990, por ejemplo, una excavación realizada en el patio de una vivienda del barrio La Lomita permitió encontrar otros dos ejemplares.

Mucho más recientemente, en agosto de 2021, una familia de Peruzzotti protagonizó otra historia similar. Los Cabrera estaban realizando trabajos para reformar su propiedad de la calle O'Higgins cuando, durante el movimiento de tierra, encontraron varias piezas fosilizadas. Entre ellas sobresalía una estructura curva de aproximadamente 50 centímetros.

El especialista Gabriel Acuña Suárez, vinculado a investigaciones paleontológicas de la Universidad de Luján, analizó las piezas y determinó que una de ellas correspondía a la punta de la cola de un gliptodonte cuya antigüedad era de al menos 12.000 años. Junto a esos restos también apareció el diente de una especie de ciervo que había habitado la zona en el mismo período.

A diferencia del descubrimiento de 1966, los fósiles de Peruzzotti no habían permanecido originalmente en el lugar donde fueron encontrados. La tierra utilizada en la obra había sido adquirida en un corralón de la zona del Parque Industrial, por lo que el investigador tomó muestras de la tosca y proyectó rastrear su procedencia para determinar el sitio original del hallazgo.

La familia manifestó entonces su intención de donar los restos al Municipio para que pudieran ser conservados y eventualmente exhibidos.

Los gliptodontes fueron grandes mamíferos acorazados que habitaron Sudamérica durante el Pleistoceno y desaparecieron hacia el final de ese período. Su aspecto recordaba al de los armadillos actuales, aunque algunas especies alcanzaban varios metros de longitud y pesos superiores a una tonelada.

Sesenta años después de aquella noticia publicada por Resumen, el descubrimiento de la estancia Carabassa conserva así un lugar particular en la memoria local. Aquel enorme caparazón que sorprendió a trabajadores, especialistas y vecinos en 1966 fue también una ventana hacia un Pilar muy anterior a sus calles, barrios y localidades: el territorio en el que, miles de años atrás, caminaban gigantescos mamíferos hoy extinguidos.

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